Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman
Andrew Zimmerman
30 mayo 2009

bebe

Hace 5 años irrumpió con fuerza en la escena musical española una joven que se hacía llamar Bebe. Era la época en que comenzaban a sonar por todos los lugares los grupos “buenrrollistas” o “rastaguays” -apliquese la definición que mejor parezca a cada uno- y la canción denuncia estaba pegando fuerte, siendo un gran filón comercial. Entonces, en plena psicosis por la violencia de género apareció un single potente y pegadizo llamado Malo, que pertenecía al album debut de Bebe, el Pafuera Telarañas.

La discográfica (EMI Music) puso toda la maquinaria en marcha para vender discos como churros, y el público feminista salió en tromba a por el disco de una mujer que aparentaba un carácter fuerte, decisión, coraje y talento. Algunas chicas se volvieron, incluso, más agresivas de lo normal. La mitad de las adolescentes y jóvenes pseudohippies de España se cortaron el pelo e hicieron dos coletitas cortas por detrás y asumieron la estética Bebe, que no dejó de sonar durante casi 3 años en España.

Pafuera Telarañas vendió en nuestro país cerca de 500.000 copias y fue disco de oro en Italia. A su vez, Bebe ganó un premio MTV y actuó en la gala de los premios Grammys latinos, los reconocimientos fueron unánimes, aunque algún sector de la crítica musical no terminaba de creer la autenticidad del producto.

Bebe al principio asumió su rol con fuerza y naturalidad, pero el desgaste del tiempo y de la fama se apoderó de una mujer sobre la que circulan mil y una historias, cientos de leyendas urbanas a cual más disparatada, que suponemos falsas mientras no se demuestre lo contrario. La valencianaextremeña se dió cuenta de la situación, de haberse convertido en un producto en el que relucía más el envoltorio que el contenido y paró en seco, claudicó. Se alejó de la prensa y de los focos mediáticos e inició una retirada silenciosa envuelta de enigmas y preguntas. A Bebe le había superado las circunstancias: “Todo giraba alrededor de mí: música, conciertos, entrevistas… Estaba cansada de mí. Y no me parecía justo, ¿por qué tengo yo que cansarme de mí?” decía hace poco en las páginas de El País.

El caso es que dentro del fenómeno Bebe había un disco con nervio, algo interesante, potable pero nunca excelente. Pafuera Telarañas se deja escuchar y la mezcla de sonidos que encierra está bien conducida por Carlos Jean, un experto en vender salchichas como si fuera caviar, un ingeniero del dolar. Se adivina cierto talento, gracia y desparpajo en Bebe, y eso es algo que hay que atribuir sin rubor. Pero francamente, nunca fue un prodigio de inteligencia -a las entrevistas me remito-, y para asumir el éxito hay que tener la cabeza muy bien amueblada. Bebe se vió superada por su propia caricatura.

Ahora vuelve con su segundo trabajo, disco que ha podido madurar y remodelar a su gusto y antojo con una virtud: la tranquilidad. No había prisas porque muchos se habían olvidado de esta chica. Bajo la excusa de dedicarse a su faceta como actriz -aspecto que lleva con dignidad, pero con escaso talento- Bebe ha estado casi dos años en el dique seco. Cosa que tanto ella, como muchos de nosotros, saturados del fenómeno- agradecimos.

Ha colgado en su web el tema La Bicha, un adelanto del nuevo trabajo que estará listo para principios de verano y que suena bastante bien. Ha vuelto Bebe, chicos del mundo entero, comenzad a temblar.

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Entrevista en El País

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Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman
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29 mayo 2009

extremoduro

Aunque ahora parezca algo muy lejano, hubo una época en que los discos no se conseguían a través de un solo click, sino que iban rulando de mano en mano, de cassete en cassete hasta difundirse entre los melómanos. Quien pretendía conseguir un disco especial, fuera de lo común, removía cielo y tierra e iba en busca de las tiendas de discos hasta encontrar su preciada joya. Por entonces, la industria musical generaba muchos millones, más del quíntuple de lo actual, y el negocio del disco podía ser muy rentable. Años después aparecerían las grabadoras, que al principio eran carísimas y resultaba mucho más rentable grabarte los discos en cassete que comprarte una de ellas.

Estamos hablando de unos 15 o 20 años atrás, concretamente del primer lustro de los noventa. Por entonces Roberto Iniesta empezaba a dar sus primeros coletazos con un grupo al que bautizó como Extremoduro, sus conciertos eran un desastre -muchos de ellos no llegaban a terminarse-, sus primeras maquetas horribles y el sonido que sacaban parecía haber salido directamente de un cacharrería. Era un sonido sucio, amateur, farragoso.. eran unos discos pésimos -desde el sentido de la producción y profesionalidad sonora-, pero que escondían el encanto del rock bruto y callejero aderezado con la poesía de Robe, que al principio transgredió y fascinó a propios y extraños.

Extremoduro se habían convertido en una leyenda aún sin quererlo, el boca a boca había funcionado entre la multitud, y los surrealistas métodos de promoción y distribución parecían haber tenido éxito. Era un éxito relativo, que se reducía a unas pocas miles de copias, pero que servía para catalogar a Extremoduro como un grupo underground de gran impacto que amenazaba con poner la sociedad patas arriba. Desde muchos círculos estaban vistos como poco menos que unos endemoniados, incluso en la tierra natal de Robe se habían prohibido sus actuaciones. Se había asociado a Extremoduro con las drogas y el descontrol, con la eterna insatisfacción juvenil. Eran otros tiempos, el escarceo de la juventud con las sustancias ilegales era muy diferente al de ahora. No había tanta información ni la gente se andaba con reparos.

Un Roberto Iniesta algo perjudicado explica el como se dieron a conocer en una entrevista que data del año 91:

Extremoduro había grabado una pauperrima maqueta que empezó a moverse a la velocidad del sonido entre círculos musicales varios. Tras presentarse a varios concursos, el sello Avispa los ficha para publicar el que al final fue titulado como Maquetas 90, con el que la discográfica hizo mucha caja sin pagarle apenas al grupo. Todo resultó una pequeña estafa, y a día de hoy, Roberto Iniesta no reconoce este disco ni esta grabación como algo oficial del grupo.

El hecho es que el disco se difunde y con él crece el mito de Extremoduro. Aunque para ser francos, Maquetas 90 se acerca al surrealismo sonoro. Guitarras con punteos pseudoheavys sin mucho sentido, ecos de grabación, risas a mitad de canción… un disparate ahora en pleno siglo XXI, pero todo un documento sonoro de la época. Canciones como Necesito Drogas y Amor, Central Nuclear o Quemando Tus Recuerdos triunfan entre el público, en noches de rock oscuro, heroína y desfase. Había nacido el rock trangresivo.

Algún periodista tuvo la lucidez de dar con la palabra exacta; trangresión. La propuesta de Roberto Iniesta cautivaba a tantas personas como transgredía. Por entonces muchos no entendían la dureza y el realismo de las letras de Robe, que se hartó de hablar de drogas y de la mujer esquiva. El incomprendido menosprecio social por lo establecido, la rebelde y descarada provocación de Extremoduro sorprendía mostrando un alma romántica capaz de sorprender a poetas ajenos al rock, Robe conectó sin quererlo tanto con la juventud más inconformistas como con los críticos más feroces, que rehuían de su formas pero aplaudían sus modos, sus textos. Algo con verdadero talento nacía entre el desfase generacional: Y vivir, qué cuesta arriba / Y sentir que no sé qué hago aquí / Y andar siempre arrastrado /
Y perder, que no puedo pensar
.

Rockeros malditos, okupas sin hogar, diablos de la noche… a Extremoduro se le adjudicaron tantos adjetivos como público iba ganando, en parte porque entendieron que escoger un camino alternativo había sido un hecho provocado, no una necesidad. El mismo Robe, cuando despegó el Agila lo desmintió: “Ha sido porque han pasado siempre de nosotros, pero yo no he querido ser de culto ni nada por el estilo, ni underground ni nada de eso”.

extrechinato

Al final el grupo fue creciendo hasta llegar a su punto más álgido, el disco de oro con Agila y el reconocimiento completo a nivel nacional. Robe llevaba años afincado en el País Vasco, donde pasaba horas y horas con Iñaki Antón Uoho y Fito Cabrales, cultivando las semillas del rock nacional, ese que ahora la mayoría de grupos tienen como referente único e imprescindible. De esa asociación salieron dos grupos irrepetibles: Extremoduro y Platero y Tu, cada uno a su estilo y cada cual con una propuesta diferente, pero muy cercano en cuanto a público y actitud rockera. La década de los noventa tembló con dos personalidades ya inolvidables: Fito Cabrales y Roberto Iniesta. Juntos y por separado se recorrieron toda la geografía española dando conciertos por doquier. Recuerdo que Platero y Tu tocó en un instituto de Jerez -era muy pequeño para esos ambientes-. Vendrían años de crecimiento y madurez final.

Extremoduro ganaba calidad sonora con cada disco hasta llegar a nuestros días. Robe publicaba -y publica- cuando, como y donde le daba la gana, sin ningún tipo de autoexigencia que no fuera la de las mismas letras, la de la música. Presión externa cero, compromisos ninguno. Así, cuatro años después de un interminable y bonito recopilatorio que titularon Grandes Éxitos y Fracasos,  Robe gestó La Ley Innata. En mi opinión, el mejor disco de Extremoduro y del pasado año. Una colección de seis canciones que solo tendrían sentido como obra coral y no por separado. Un autorretrato de la mente de Robe donde vuelca todos sus demonios y sentimientos en base a una recopilación de imágenes y sensaciones oníricas que, lejos de la rebelde pose inicial, descubre a un autor maduro que vive el tormento del desamor en proceso de la eterna búsqueda de sí mismo (Te estaba dando un beso/ y mis labios no eran esos / igual que un mal sueño).

Maquetas 90 y La Ley Innata. La evolución de toda una generación que descubrimos el rock transgresivo en formato cassete y que ahora una ocupa pequeña parte de la memoria de mi nuevo mp4. Pese a la veloz evolución de los medios, los comienzos discográficos de Extremoduro siguen recordando a la rebelde juventud de los noventa, a pantalones vaqueros rasgados, al calimotxo en el parque con los colegas,  a la despreocupación rockera de la época. Echamos un vistazo atrás y podemos constatar que la madurez de Extremoduro es hasta modélica, nunca se traicionaron a sí mismos, nunca pisaron en falso. Suena mejor -mucho mejor- y más bonito, pero el alma rabiosa del poeta incorformista sigue ahí, en algún lugar, y aunque no salga a relucir tanto como antes algún día reivindicaremos que hubo un tiempo en que la juventud zarandeó al sistema cantándole bajo el rock trangresivo de uno de los grandes poetas de nuestra música. ¿Cuanto más se necesita para ser un Dios?

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28 mayo 2009

celebracion-messi-roma

Decía a Scriers que esto, la final de la Champions, era un cuento, una batalla en que los buenos jugaban contra los malos. Un ejército de nobles jugadores se enfretaban a los antagonistas, al mal, al ogro de Ferguson, al malvado y bello Ronaldo, al apache y temible Tevez, al presumido Berbatov, al furioso Rooney, a un ejército temible, vigoroso, valiente, peligroso y letal. El guapo y feroz Cristiano contra el príncipe de Rosario -Messi-, el experimentado Giggs contra el dulce Iniesta y contra el maestro Xavi. Era el coraje contra la inteligencia. Era el duelo entre unos redimidos jugadores -Ese Thierry Henry que buscaba reconciliarse consigo mismo y con la crítica, ese león indomable, niño rebelde que buscaba su hueco entre los gloriosos- contra la magnífica eficiencia inglesa. Era Harry Potter contra Voldemort, era Frodo contra Sauron, era Peter Parker contra Norman Orsbon, era el bien contra el mal, era la belleza contra la contundencia.

Y el partido, la batalla, fue una anécdota. Ganaron lo buenos. Ganó el príncipe argentino, el romántico entrenador, el dulce paisano, el gentil  maestro, el exquisito caballero, el poderoso guardameta, el gladiador valiente.. Ganaron Frodo y Sam, ganó la comarca, ganaron Luke y Han.. ganaron los buenos. La película tuvo el final feliz, el deseado, el que todos -algunos madridistas aparte- queriamos.

No pasó el Barça como un rodillo contra los diablos rojos, el enémigo no lo puso fácil, y peleó, fieramente, como monstruo malherido, pero un conjunto lleno de carisma y coherencia dominó los tempos, amansó a la bestia con inteligencia controlando las embestidas y atacó, atacó pinchando, aguijón profundo, como abeja rabiosa.

Al mando del ejército el soñador indomable, el último romántico, el emblema de la inteligencia y la humildad. Guardiola se lo merecía, un señor acusado de tramposo -Italia lo señaló como un dopado- que se reconcilió con el fútbol con un discurso respetuoso, prudente y cruyffista.

El fútbol hizo justicia al más fantasiosos de los juglares. Contó una fábula que nadie creía, prometío emociones fuertes que sólo algunos -pocos- intuíamos: “abróchense los cinturos, que van a pasarlo bien”. Gracias Pep, bónito cuento, dormiremos felices y nos costará despertarnos.

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26 mayo 2009

breaking

Walter White es un cincuentón al que no le van bien las cosas. Su trabajo como profesor de química en un instituto no le aporta el dinero suficiente y tiene que estar pluriempleado para sacar a su familia adelante, una mujer dominante -embarazada- que lo maneja a su antojo y un hijo discapacitado necesitado de atención -casi- contínua. Sus alumnos no le tienen el más mínimo de respeto y su otro jefe le hace la vida imposible. Tampoco ayuda mucho su propio carácter, Walter es un hombre afable y pardillo, enamorado de la ciencia, al que parece faltarle una pizca de malicia en su temperamento.  Hasta que le detectan un cáncer incurable que zarandea su vida en todos los aspectos y la pone bocarriba.

El plot es sencillamente ingenioso y el episodio piloto está muy logrado. Comienza con una situación  caótica como pocas para retroceder en el tiempo y explicar el porqué de ella. La primera escena es indudablemente atractiva y consigue atrapar al espectador. Luego, el desarrollo tiene algunos altibajos, pero la historia de este inocente científico llama suficientemente la atención. Los episodios pilotos de las series americanas son el verdadero gancho para la audiencia. Si una serie aguanta el tirón de sus dos primeros episodios suele tener una audiencia más o menos fiel, salvo catástrofe, y Breaking Bad parece tenerla si tenemos en cuenta que ha sido renovada. Eso sí, la primera temporada consta solo de 7 episodios debido a la huelga de guionista que azotó a Hollywood.

A mi su protagonista, Bryan Cranston (el padre de Malcolm in the middle) no me termina de convencer -al menos en el piloto-, y creo que le puede sacar más partido a este señor tan pardillo, a pesar de que el Emmy que se adjudicó señale lo contrario. Con algunos de sus secundarios me sucede algo parecido, pues me resultan demasiado caricaturizados. Todo tiene una estética parecida a Weeds, con un aire de falsa naturalidad que ahora se lleva mucho en las series americanas y que parece demasiado forzado. Eso sí, combina eficazmente el drama con el humor negro y esto se agradece.  Espero que en el sentido de su propia personalidad se desmarque un poco y que consolide una propuesta propia y original. A Breaking Bad debemos exigirle más porque tiene un plot brillante y puede brindar una serie para el recuerdo.

Sólo he visto el primer episodio y ya estoy descargando el segundo. Según muchos críticos, esta serie irá increscendo conforme pasen los capítulos. Ya os contaré a ver que tal, la serie promete…

Enlaces Relacionados

- Primera Temporada en descarga directa

- Más información de la serie en audiencias.info

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Andrew Zimmerman
25 mayo 2009

the-wire

He comprado la segunda temporada de The Wire en dvd. Al ver los cuatro primeros episodios he llegado a varias conclusiones. La primera es la más esencial, me reafirmo en mi opinión de que es una serie para cocinarla lentamente, sin prisas, y digerila igualmente, como un buen potaje. El primer episodio resulta esclarecedor, utiliza todo su tiempo en la presentación de los personajes, buscando la cotidianeidad como elemento distintivo. Sorprende que algunos de estos episodios puedan llevarse más de media hora sin que suceda nada especialmente reseñable, solo los tejemanejes de policías, políticos y traficantes.

El cambio de escenario resulta todo un soplo de aire de fresco para una serie que estaba casi encerrada en barrios profundos de Baltimore. Ahora traslada su desarrollo a los muelles de la ciudad, al puerto, a las aduanas, al mamoneo constante entre marineros, capataces y traficantes. Jimmy McNulty ha sido desterrado por los altos mandos -enfadados por su actitud antisistema-  a trabajar  en la guardia marina, al igual que el comisario Daniels, destinado a la burocracia más aburrida que existe. Pero el enorme cambio inicial no impedirá que los personajes de la primera temporada se vayan entremezclando con los nuevos, en un descomunal puzzle que se va formando poco a poco y que acaba teniendo sentido y atando todos sus cabos. Los guionistas de The Wire se lucen, pero a cambio renuncian a una acción eficaz y a practicamente cualquier tipo de espectacularidad.

En esta ocasión la guarda costera encuentra entre el material que dejan los barcos en el puerto una cámara con 14 cadáveres, todos de ellos de mujeres del este de Europa, que han muerto asfixiadas al acabársele el aire. La policía sigue la pista de los tripulantes del barco, que colaborarán poco o nada en esclarecer los hechos. Al tirar del hilo, se descubre una tremenda trama que salpica a varios escalafones sociales, desde traficantes a altos senadores, pasando por los trabajadores de los muelles, sospechando del negocio de la prostitución y/o del contrabando. Muchos están, de un modo u otro, involucrados. McNulty y compañía investigan un caso que puede tener todavía más repercusión que el de la primera temporada. En fin, que he caido, otra vez, en las redes de la HBO. Es inevitable.

8

Enlaces Relacionados:

- Segunda Temporada de The Wire en descarga directa

- Ficha en Filmaffinity

- La visión de Hernan Casciari

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