
No me suelen gustar las modas de Internet. Es un mundo demasiado efímero, sensacionalista y peligroso. Por eso cuando una amiga me recomendó Malviviendo desconfié, pensé que se trataba de una de esas series-videoblog que parecen desatar euforia en las redes virtuales. No fue así, era una comedia urbana costumbrista, situada en diferentes barrios sevillanos y, realizada con cuatro duros por David Sainz y sus secuaces, un grupo de chavales que hacen de su pasión por el cine la mejor de sus virtudes. Entiéndanme, Malviviendo es cine amateur hecho con un presupuesto ínfimo, casi ridículo, pero llevado a cabo con un tremendo descaro y cierto talento. Destacan mucho los juegos de cámara, un guión divertido y rocambolesco al más puro estilo Lock & Stock, y sus constantes y magníficos homenajes. Esa cabecera parodiando a Dexter o Los Soprano no tienen desperdicio, sus referencias contínuas a productos modernos como Lost o Memento tampoco. Recomiendo su segundo capítulo, La Cosecha, el episodio más redondo de los cuatro. Tiene defectos, claro, pequeños altibajos en su ritmo, algunos gags reiterativos y la sensación de que los chavales meten mucho relleno visual y guionístico “porque mola”, sin meditar su uso. Se lo perdonamos porque el proyecto Malviviendo supone el triunfo del cine amateur, de la juventud. ¿Quién dijo que hacer cine es caro? ¿quién dijo que sin dinero no se puede hacer nada? Sainz demuestra que con imaginación, constancia y el apoyo de las redes sociales (esto es el futuro queridos creadores) se puede llegar a mucha gente. Bajo esa apariencia de rastaguay fumado de su personaje El Negro (que a buen seguro tiene algo de real) se esconde una mente inquieta, realmente dotada para la comedia realista suburbana de eso que algunos llamamos talento. Esperemos que no se le suba mucho a la cabeza.
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