Towelhead. La enésima lección de Alan Ball.
Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman Andrew Zimmerman

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Towelhead (Nada es privado) fue la primera película como director principal de Alan Ball (American Beauty, A Dos Metros Bajo Tierra). Basada en una novela de Alicia Erian, cuenta la cruda adolescencia de Jasira, una joven de 13 años obligada a mudarse con su padre libanés. Este la somete a una estricta y represiva educación que la sumergen en una confusión continua. La casa familiar está situada en la típica urbanización “american dream” contextualizada en el tiempo en plena guerra de Irak, momento delicado para la sociedad estadounidense.

Ball indaga en dos cuestiones, la primera el conocimiento de la vida adulta. Jasira ha recibido una educación sexual discutible y llena de tabúes y no le queda más remedio que ir aprendiendo en soledad. Envuelta en un aura de confusión y culpabilidad, Jasira va descubriendo poco a poco su propia sexualidad. Ball vuelve a aleccionarnos destacando la importancia de conocernos y aceptarnos a nosotros mismos. La segunda cuestión aborda la interculturalidad diaria, la confrontación ideológica entre posturas enfrentadas. Ball termina dejando un último mensaje de esperanza invitando a la cordura y la sensatez con esa preciosa escena final.

Solo hay que analizar el barrio para conocer las intenciones de Ball; una familia conservadora americana (la familia Vuoso), la pareja liberal que acoje a Jasira y la formada por nuestra protagonista y su propio padre. Tres familias diferentes, tres modelos de pensamiento que poco tienen que ver el uno con el otro y un climax final conjunto.

Alan Ball realiza otro lienzo de la sociedad americana, al igual que lo hizo en American Beauty y A Dos Metros Bajo Tierra, y de nuevo de forma magistral. Un superdotado a la hora de combinar el drama de corte realista con el humor negro, aunque Towelhead me parece su película más cruda. El concienzudo tratamiento de los personajes hubiera sido imposible de llevar a cabo sin un reparto tan interesante encabezado por Sumer Bishil, Toni Collete, Aaron Ecklar o Maria Bello, un elenco de actores que dota de credibilidad a esta historia. La enésima reflexión de este genial director sobre las miserias y las virtudes de la sociedad americana actual. De lo mejorcito del 2008.

PD: En este enlace os podéis bajar Towelhead.

PD2: No existe versión doblada ya que nunca fue estrenada en España.

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Juan José Millás, Los objetos nos llaman… y nos encantan.
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Lo de “Los Objetos nos llaman”, último trabajo de Juan José Millás, no se corresponde a lo que dice su página web, no se tratan de cuentos, sino de relatos o fábulas, con lo que el Valenciano intenta golpear nuestras conciencias a base de setenta y cinco historias que tienen, en alguna parte de las mismas, a objetos, como símbolos o referentes de la misma.

La verdad, es que supongo, que la idea surgió como método de recopilado de sus mejores historias cortas. Historias que siempre tienen parecidas características, normalmente narradas en primera persona, normalmente suceden en Madrid, normalmente mezclan realidad con fantasía, normalmente tienen un punto surrealista y normalmente encierra una metáfora sobre la vida y sobre la sociedad occidental.

Sus relatos nos introducen, sin preámbulos, en medio del conflicto que el personaje está viviendo en esos momentos (aunque casi siempre es un personaje masculino de mediana edad, también encontramos amas de casa o señoras mayores, por ejemplo) y se deja llevar por ese camino que te lleva de lo real a lo irreal en tan sólo un paso. De cualquiera manera, el lector acepta las condiciones del juego, y acepta, por ejemplo, que gente viva esté realmente muerta, que existan fantasmas, que los maniquíes suden, que un hombre normal disfrute siendo cojo y  muchas ideas  rocambolescas que Millás narra con tal  seguridad  y convicción que las vuelve absolutamente creíbles.

Luego tiene otra arista, que es cuando a través de relaciones personales de familia, muestra pero no enseña pinceladas de sus pensamientos sobre la sociedad occidental. Familias que hace tiempo que no se hablan, que esconden secretos, que anhelan el pasado, que se buscan a sí mismos en el presente, que lo apuestan todo por un futuro. Realmente, “los objetos nos llaman” tiene mucho de familiar, de social, de contemporáneo. Y en ese conato de estudio social a través de sus historias, Millás nos muestra insatisfacción, kilos de desesperanza, y un mundo que se antoja más gris que blanco en el corazón de unos protagonistas inquietos y llevados al límite a través de sus actos, de su complejo mundo interior.

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Millás, lo hace bajo una estructura parecida, a medio camino entre el relato, el artículo periodístico, el ensayo de opinión y también, contándolo como quién lo cuenta a un amigo. Sin aspavientos, sin recovecos en las formas, sin alardes, Millás sabe lo que quiere y cómo lo quiere, y en la forma de narrar emplea los elementos justos para obtener esa reacción de desconcierto en el lector, que se ríe, se pregunta, se interesa, se cuestiona y vive, al fin y al cabo, cada uno de los relatos de la novela.

En su sinopsis  promocional, hay dos  formas de entender la novela que creo que reflejan, y mucho, el estilo de las historias, dice “Pequeños malentendidos que dan lugar a preguntas fundamentales” , “Mentiras que se convierten en realidades inexplicables”. Casi todas parten de un conflicto. Un conflicto que te introduce en una realidad alternativa, siniestra, sorpresiva, llena de preguntas, divertia, irónica, decadente…

Los objetos nos llaman es la demostración de un autor, que en el pleno apogeo de su madurez, se empeña en preguntarse qué somos y en qué nos hemos convertido. Y deja la pregunta sin respuesta, en forma de un estudio de ficción no tan alejado de nosotros mismos. Uno de esos libros menores que se hacen grandes con el sólo pasar de las páginas.

Scriers.

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Buenas noches, y buena suerte. La libertad por bandera.
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Buenas noches, y buena suerte fue la segunda entrega de un especial sobre cine y periodismo que está publicando El Mundo por su XX aniversario y que tiene muy buena pinta. La película acompaña al periódico del domingo, cuyo coste es de 2,20 euros, un precio irrisorio para obtener una pequeña colección de películas de temática periodística más que interesante.

La cinta de George Clooney obtuvo seis nominaciones a los Oscar, incluyendo mejor película, aunque finalmente no ganara ninguna estatuilla. Quizás su sobriedad, su estética teatral (reforzada con el blanco y negro) y su frialdad aparente restara capacidad de emoción al conjunto de la cinta y la alejara del público generalista.

Buenas noches, y buena suerte va al grano. Lo que cuenta lo hace sin rodeos, de forma explícita y con eficacia. A Clooney le preocupa por encima de todo el mensaje, un claro alegato a favor de la libertades periodísticas y civiles. De este modo, vuelve a involucrarse en un película denuncia, un terreno donde parece cómodo y resulta un gancho indudable.

Consigue crear un tenso clima de guerra mediática entre un político (Joseph McCarthy) enfrentado a un programa televisivo, el comandado por Edward R. Murrow y Fred Friendly. Muestra las dificultades por las que atraviesa productor y presentador, que pretenden denunciar la insensata caza de brujas llevada a cabo por las autoridades políticas en EEUU durante la década de los 50. Productor y presentador ven peligrar sus carreras, y acaban enfrentados a la dirección de la cadena, que no pretende censurar pero que ve como sus principales anunciantes retiran el patrocinio. Es, en definitiva, un tremendo retrato del periodismo americano de mitad del siglo XX, un periodismo envuelto en plena psicosis comunista pero deseoso de conquistar nuevas libertades.

Buenas noches, y buena suerte es una cinta aleccionadora, interesante para investigar uno de los periodos más corruptos y paranoicos de EEUU, así como para abrir un amplio debate sobre la profesión periodística. La prueba de que Clooney, además de un tipo atractivo, es un director inteligente y ambicioso.

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Nada se pierde. Otra pequeña dosis de Andrés Calamaro.
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Andrés Calamaro siempre fue un autor prolífico, dueño y señor de una obra extensa y superlativa que estos días suma un nuevo capítulo gracias a la revista digital Efe Eme. La publicación comandada por Juan Puchades ha convencido al argentino para que, en el décimo aniversario de la revista, cediera una muestra de grabaciones caseras, directos y otras rarezas.

Al disco lo han titulado Nada Se Pierde. Encontramos en este al Calamaro más camaleónico, al investigador incansable, a ese vocalista versátil capaz de adaptarse a diferentes registros musicales. Podría ser este el tercer capítulo de esas Grabaciones Encontradas recogidas en dos volúmenes a mediados de los noventa y no desentonaría en absoluto. De los doce cortes ofrecidos destaco la sosegada “Bajan“, la curiosa versión del “I Cant’ Help Falling In Love” de Elvis o “Pato Trabaja En Un Carnicería“, que ya pudimos escuchar en Las Otras Caras Del Alta Suciedad.

Son grabaciones caseras (algunas en directo) liberadas de procesos tortuosos de producción o remasterización. De este modo, escuchamos un sonido crudo, con sus pequeñas imperfecciones instrumentales y vocales. Una serie de temas destinados principalmente a coleccionistas, ideal para seguidores de Calamaro pero demasiado inconexo para oídos vírgenes poco acostumbrados a los delirios de Andrés. Mientras sus seguidores esperamos ansiosamente ese Box Set (6CD y 2DVD) anunciado por Dro para este año, y que presumiblemente llevará el nombre de Andrés, esta pequeña dosis del Salmón nos tranquiliza aunque no relaja del todo nuestro síndrome de abstinencia.

Andrew Zimmerman

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Eterno viajero, andaluz del futuro.
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No solo Scriers gana premios. Eterno Viajero lo ha hecho en la convocatoria de “Andaluz Del Futuro“, un premio convocado por el Grupo Jolly y Caja Madrid. Aquí teneis la noticia completa (a la que le he robado la foto).

Enhorabuena Eterno Viajero :-)

Que orgulloso estoy de mis compañeros de blogs, leñe.

Andrew Zimmerman

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