Confieso que “El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad, me ha dejado aturdido. Me lo he leído entre tinieblas, en los viajes de metro que cada mañana me conducen al trabajo. Y es un libro que no deja de revolver mi cabeza y mis pensamientos. Me gustaría, esta vez, formar un debate con quién ha leído este libro y no quedara como una reseña hueca y concreta.
Vamos con una pequeña sinopsis: Marlow es un marinero que, viajando por el Támesis hacia el crepúsculo, relata a sus compañeros otro viaje, el que emprendió él mismo en el pasado por el río Congo en busca de Kurtz, un comercial revolucionario, que, además de ganarse el pan vendiendo marfil, tenía proyectadas ideas revolucionarias con respecto al desarrollo del Congo. El viaje y la búsqueda de Kurtz se convierten en una auténtica proeza. Embarcados en un barco hecho pedazos, sufriendo el asedio de los indígenas y bajo una constante presión psicológica, Marlow (que es en realidad Conrad), se ve envuelto en un conflicto moral que lo lleva hacia una relación admiración-odio hacia Kurtz y en un conflicto con sus propias ideas.
Con este relato de entre cien y doscientas páginas dependiendo del libro en cuestión, la verdad es que Conrad deja bastantes ideas y planteamientos. Veamos, podría ser una alegato contra la colonización de lugares eminentemente salvajes, como el río Congo y sus alrededores. Pero aquí encontramos a un autor que a través de su personaje nos muestra la repulsa más auténtica hacia la realidad ahí instaurada, los seres que ahí cohabitaban, el miedo extremo y sobrecogedor hacia las costumbres salvajes y lo que es más clarividente, se muestra partidario hasta el final de la civilización y el cambio de la zona hasta lo que él entiende como progreso.
Pero tampoco obviar que los personajes venidos de las afueras, son los más putrefactos y faltos de dignidad de cuantos pueblan el relato. A Marlow le encorajina todas las miserias de quiénes venden su alma por un poco de marfil (que es aquí, el dinero), le asola la actitud soberbia de los dirigentes y mandamases extranjeros, a los que considera en algún momento del relato, “Inferiores”. Así pues no es anticolonialista, pero sí. Es más, supongo que el autor cree en la iluminación controlada y respetuosa de África, y también, que las maneras explotadoras e interesadas de Europa, mezcladas con las miserias ya reinantes, han terminado por conformar una desoladora realidad.
Así pues, la novela no se puede enfocar bajo ese prisma, pues ataca un poco a todos.
Realmente, esta historia habla del individuo, de la soledad del hombre y de la lucha entre su status social y su verdadera naturaleza. Sólo hay que fijarse, un hombre sabio y social, inteligente y buen orador tal y como describe la novela, Kurtz, se convierte en un monstruo que es capaz de matar por conseguir cualquier cosa, que se entrega a la oscuridad y se forja el respeto de los salvajes aterrorizándolos. Los caníbales, que por cierto, protagonizan indirectamente una de las escenas más sobrecogedoras que he leído, cuando Marlow encuentra las lanzas que, clavadas en el suelo, se adornan con cabezas humanas en la punta. Ojo que la historia puede tener un transfondo ciertamente pesimista, y es que, pese a la civilización a la que se somete el hombre, su verdadera naturaleza, al final, es oscura y casi diabólica. Si es así, se trata de un tratado humano muy, pero que muy pesimista.
Luego están algunos aspectos de la novela que me fascinan. El final, por empezar por algún sitio (esto es una broma). Me parece fascinante. El ataque de los caníbales al barco, también. Los circunloquios y monólogos que se marca Marlow. Sólo una pega, llega un momento que se me hizo espeso y eso que la labor como traductora de Araceli García Ríos me parece encomiable.
En resumen, propongo debate sobre el libro y que me digáis que me he perdido al leerlo o que otras lecturas creéis conveniente destacar. Ustedes mandan.
Scriers.













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