Un poco de humor para el verano nos vendrá bien para olvidarnos de tanto calor.
¿Habéis escuchado la canción de Ivan Ferreiro de Turnedo? ¿no? Pues es un temazo. En este video, el propio Ferreiro explica brevemente que nos quiere decir con su letra. Siempre me gustó este tema, creo que tiene algún magnetismo especial para que todos nos sintamos reflejados en esa "rabieta" de la que habla. Veámoslo.
Recordemos que Ferreiro realizó diez videoclips caseros de facturación propia, con medios muy precarios y una indispensable originalidad para poder llevar a cabo semejante labor. El video original de Tournedo es este.
Pues bien, le ha salido al bueno de Ivan un buen puñado de imitadores en el Youtube. La versión que se lleva la palma la protagonizan estos dos tipos.
A los que les ha salido una durísima competidora.
Tenemos la versión masculina…
…y la femenina.
A duo desde el salón…
…o desde un patio andaluz.
Como olvidarnos de la emotiva versión de Jorge por favor.
O del playback de Alberto y Andrés
A continuación, la que más se parece al videoclip original, aunque al final se estropee.
Y para terminar, un videoclip desde Cádiz que plasma fielmente la canción. Eso sí, un poco trágico.
La pregunta es… ¿se atreverá Eterno viajero a deleitarnos con una versión mano a mano con Pablito (su sobrino)? Interesante enigma.
Por 45 euros sin incluir los inexplicables "gastos de distribución" podremos disfrutar en Septiembre del siguiente festival promocionado por la Junta de Andalucía, Eutopía 2008 que trajo en la anterior edición a The Prodigy entre otros.
Este año tendremos a artistas de la talla de Andrés Calamaro, Enrique Bunbury, Amaral, Quique Gonzalez o Iván Ferreiro.
En 1989, Batman desplegó sus alas en las pantallas de cine de la mano de Tim Burton (aunque anteriormente encontramos una paupérrima versión de este que casi ni tenemos en cuenta en el año 1966). Su hombre murciélago estaba marcado por una aureola gótica y oscurísima que fue muy criticada al principio desde sectores de su compañía pero que tuvo su recompensa final con un fuerte respaldo de crítica, y lo más importante para su futuro, de público. Su filón comercial hizo que se sucedieran películas de Batman por doquier. Cada tres o cuatro años teníamos una en las salas. Tim Burton rodó una segunda parte, Batman Vuelve, más que aceptable, con mucha más libertad creativa y acabó sumergiendo al personaje en un mundo siniestro y tenebroso impresionante. Desgraciadamente este tratamiento no convencía a los responsables de Warner que buscaron en Joel Schumacher un director apto para todos los públicos.
Se realizaron dos películas casi seguidas, Batman Forever (1996) y Batman & Robin (1997). Sus ganchos comerciales estaban fuera de toda duda. Actores de renombre para el público más generalista (Arnold Schwarzenegger, George Clooney, Crish O´Donell, etc) y la espectacularidad como premisa básica, muchos efectos especiales y un guión simple y facilón. Carne de cañón para el público más Hollywoodiense.
La sobredosis de Batman saturó a público y realizadores que descansaron durante una larga temporada del personaje. La crítica se había cebado con las últimas adaptaciones de Schumacher con razón.
Pero este descanso se vio alterado por el boom de los superhéroes en las salas de cine que trajo consigo la versión de Sam Raimi de Spiderman. Tras el arácnido se sucedieron las versiones de personajes del comic. Spiderman, Hulk, X-Men, Daredevil, El Castigador, etc. La Marvel se estaba (y se está) haciendo de oro. La crisis creativa de la industria y la mejora en el apartado técnico impulsaron esta nueva tendencia. DC, que veia como la competencia sacaba petróleo gracias a la venta de los derechos de sus personajes, contrarrestó con el relanzamiento de sus dos personajes más emblemáticos, Superman y Batman. Para ello buscaron dos directores prestigiosos, sabedores de los riesgos que acarrearía un paso en falso. Con Bryan Singer y Cristopher Nolan se aseguraban, cuanto menos, un mínimo de calidad.
Batman llegó de la mano de un joven director con una trayectoria corta pero inteligente. Nolan había sorprendido a todos con una cinta independiente que pronto se convirtió en película de culto. Hablamos de Memento (2000). También demostró que era válido para un cine más convencional con el thriller Insomnio, en el cual contó con figuras importantes como Al Pacino y Robin Williams. A Nolan le sobraba curriculum para encargarse de un proyecto de tal envergadura. Por suerte, no iba a decepcionar.
Batman Begins fue su título y se centraba en los orígenes del hombre murciélago, reescribiendo su pasado y centrándose en un viaje de Bruce Wayne alrededor del mundo. En este viaje, Wayne se enfrenta a sus miedos y a su sed de venganza, cambia su filosofía y se adiestra en las artes marciales y en la lucha cuerpo a cuerpo. A su regreso a Gotham, Wayne da vida a Batman, construyendo un traje con la más alta tecnología posible. Un nuevo guión, depurado y efectivo, que acerca el origen del personaje a la realidad, describiendo la lucha interna de Bruce Wayne con sus propios demonios. Un comienzo muy psicológico, aludiendo a episodios infantiles y a la posterior tragedia de la muerte de sus padres.
Nolan sabe heredar lo mejor de Burton y consigue una puesta en escena similar, pero con algunas diferencias. La ambientación es menos teatral y desarrolla un lenguaje mucho más cinematográfico. La oscuridad sigue predominando como punto fuerte, sobre todo en la segunda mitad de la película, una vez se centra la acción en Gotham. El guión está perfectamente ejecutado, y pese a ser una película de más de dos horas de duración, no deja respiro al espectador.
La estructura está claramente diferenciada entre una fase preGotham y otra centrada en la ciudad. Batman no sale hasta pasada la hora de película. Ni falta que hace. Funciona porque se centra en el personaje que se encuentra detrás de la máscara. Cuando se la enfunda pasamos a otra película. Una menos realista, más espectacular, pero con la misma sobriedad y eficiencia. A destacar el enorme reparto. Plagado de estrellas desempeñando un papel secundario, encontramos a actores de la talla de Michael Caine, Morgan Freeman, Liam Neeson o Tom Wilkinson. Espectacular elenco de actores que engrandece la cinta.
Nolan logra una atmósfera similar a la que después pusiera en marcha en El Truco Final, contando también con Christian Bale. Las imágenes sombrías demuestran una calidad evidente en el manejo de la cámara. La dirección llevada a cabo no huye de la espectacularidad ni traiciona su carácter de cine de autor. Esa combinación consigue mostrarnos un producto apto para el cine fantástico convencional pero con una personalidad propia y inigualable que marca un estilo propio, el de Cristhoper Nolan. Atención a este director, porque su filmografía comienza a descubrir una figura muy a tener en cuenta.
Este verano se estrena la continuación de esta Batman Begins. El Caballero Oscuro nos traerá de vuelta la figura del Joker, que ya se menciona con maestría en la última escena de la primera parte. Heath Ledger nos regala un último papel que se adivina espectacular, en lo que, si le deja el tiempo, puede ser la cinta más recordada de todas.
Nolan revitalizó al murciélago para el séptimo arte con una versión de Batman muy cuidada en su estética y pretendidamente realista que la hace creíble para el espectador, la acerca al terreno de lo posible. Muchos echaron de menos al Joker para que la nueva versión fuese redonda. Aunque el personaje del espantapájaros estaba muy conseguido, todos añoraban al loco bufón psicópata. Con la segunda parte, Nolan tiene la oportunidad de crear la obra maestra de Batman. Sólo tiene que seguir el camino marcado, ahondar en los dos personajes y su endiablada lucha de egos para brindarnos la versión definitiva del caballero oscuro. Lo mejor está por venir, a tan sólo un mes de espera.
La crítica, ese ejercicio periodístico tan subjetivo y personal. Eso esperaba encontrar en Monstruos Modernos (Astiberri, 2008), pero no, ni rastro de crítica a la antigua usanza. Tampoco artículos biográficos sobre autores que van desde Woody Allen hasta Julio Medem pasando por George Clooney, no. Lo que me he encontrado es una serie de artículos de actualidad, que toma como excusa un acontecimiento u obra para desvariar en torno a una figura o un determinado personaje, también sobre situaciones específicas de nuestra cultura. Ese desvarío se aleja de la crítica y de la reseña periodística para embarcarse en una colección de pajas mentales que muchas veces no tienen ni siquiera una estructura clara, ni siquiera un discurso lineal, sino la mera acumulación de ideas, algunas interconectadas, otras no. El tono humorístico, además, no conecta con el lector, parece que habla con algún colega suyo en clave secreta, como cuando contamos chistes privados que sólo nuestro amigo conoce. Además, alguna que otra vez desprecia obras que para mí son espectaculares (como Lost In Translation por ejemplo). Ni siquiera me gusta la redacción empleada. Jordi Costa, el autor, es un crítico periodístico de reputado prestigio. Ya lo conocía porque he leído un gran número de críticas suyas, sobre todo cinematográficas. Pero el libro que he comprado me ha supuesto una decepción con mayúsculas.
Sirva este post como desahogo y para realizar una antirecomendación a todo el que lea estas líneas. No es más que una recopilación de delirios mentales al servicio de una pseudocrítica autocomplaciente y ombliguista muy cercana a la pedantería. El caso es que hacía tiempo que no me sentía tan estafado. Se salvan dos cosas, algunos de los dibujos de Darío Adanti y el formato, lujoso, con tapa dura, pero ni por esas te quitas la sensación de haber tirado 17 euros a la basura. Con la crísis que tenemos encima y yo despilfarrando.
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