Semana Literaria: Tiempo de silencio , Luis Martín Santos torea al franquismo.
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Título excesivamente pretencioso el que otorgo a este post. No es para menos. Acabo de leer una de las novelas que más me ha costado leer en mi vida, pero sin duda, una de las mejores. Se titula Tiempo de Silencio y su escritor fue Luis Martín Santos, fallecido en 1964 y una de las personalidades más interesantes de la época. Fue novelista (no se sabe realmente cuántas novelas hizo), autor de cuentos, ensayista, psiquiatra y militante socialista.

De su condición de activista político en las sombras y su extraordinaria capacidad intelectual, nace esta novela, fiel reflejo no sólo de la sociedad que existía por aquel entonces en España, sino de la sociedad general de la época.

Tiempo de Silencio cuenta la historia de Pedro, un científico de laboratorio, que, gracias a una beca concedida por el gobierno, se dedica a investigar el cáncer que se transmite en una cepa determinada de ratas. Debido a una serie de situaciones dispares, necesitan esa cepa de ratas y eso les lleva a los suburbios de Madrid, en la que intervienen personajes de diferentes estratos sociales, pero a la par creíbles, el protagonista se vez abocado a realizar una práctica ilegal, subordinado por su buena fe y carácter afable. Todo se enreda hasta llevarlo en volandas a una aventura que cambiará su vida.

¿Dónde se escapa el libro del resto del libros que pueblan las estanterías? Para empezar en la bifurcación de personajes que realiza el autor y su forma de narrarlos. Divide a la novela en partes y en cada parte el narrador alterna diferentes tipo de lenguajes adaptados a quién cuenta la historia en ese momento. Si está hablando de la voz de un gitano, tu leerás un gitano, pero un gitano gitano, si está hablando una señora que regente una burdel, tú leerás a una persona mayor, con sus creencias fijas y enquistadas, y con su vocabulario típico de su condición. Si por el contrario lees a un científico, te perderás en tecnicismos y vocablos habituales del que dedica su vida a la ciencia. De esta manera, la versatilidad y capacidad camaleónica del autor es, cuanto menos, sobresaliente. De verdad, una auténtica demostración de talento.

Un efecto secundario que se produce, es que mucha veces supera al lector, sobre todo al lector medio, que lee pocas novelas al año. Yo recuerdo que el comienzo, que se desarrolla en el laboratorio, lo tuve que leer cinco o séis veces. Una escena dónde debaten sobre obras pictóricas, otras cinco o séis veces, agradeciendo luego las partes en la que los gitanos actuaban y hablaban por sí mismos.

El narrador de la novela, que también existe, se sitúa del lado culto, y me atrevo a insinuar que se mete el mismo Luis Martín Santos en la novela y la usa muchas veces a modo de ensayo, enriqueciendo el panorama mostrado. El autor viste de limpio a la sociedad franquista de la época y sobre todo a su clase pudiente, luciendo sus conveniencias, su dependencia del “qué dirán” y su cutrez. También su cutrez. Porque la obra a veces se acerca al feísmo y es esperpéntica hasta decir basta. En esta novela salpica la luminiscencia de Baroja y Vallle Inclán de manera innegable, mostrando la España de doble moral y decadencia hasta su mismo desprestigio.

Grande la crítica, porque además, debía torear al franquismo y para ello no más que plagarla de tecnicismos insondables, de alusiones literarias muy cultas, de enrevesadas metáforas y del máximo realismo posible. ¿Es ésta una obra que se puede calificar de realista? Pues sí pero no. Radiografía la sociedad y eso es cierto, pero tanto en técnicas narrativas (segunda persona, monólogo interior y estilo indirecto), como en críticas implícitas (desde las condiciones de vida de los desfavorecidos hasta el poder de la ciencia o el arte), se vislumbra una novela que es mucho más que eso. Es un alegato a favor de otro tipo de vida, es un prestigioso argumento en contra de las desigualdades, de la decadencia y de la sumisión al poder y al destino impuesto. Es por ésto, y por mucho más, que Tiempo de Silencio es una de las grandes novelas escritas en España en toda su historia.

PD: Para alguien que viva en Madrid, debe ser ya apoteósica la novela, pues retrata calles y avenidas con una fidelidad increíble y además, visto con tiempo, es un testimonio de la vida en la ciudad en aquellos años cincuenta.

Scriers.

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Semana Literaria: La Metamorfosis , Kafka enseña el camino
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Iniciamos, durante esta semana, tres post dedicados únicamente a la literatura. Recomendaciones para el verano de las lecturas más reveladoras que he podido disfrutar últimamente. No pretendo aleccionar a nadie, sólo mostrar mis impresiones. El primero es un clásico: La metamorfósis, de Franz Kafka. Durante el resto de la semana, más.

“Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto.”

Comienzo universal de una de las obras, junto a “El proceso”, más famosas de Franz Kafka. Se trata de un relato de apenas 114 páginas (Bueno, depende de la edición que hayamos tomado), dónde partiendo de ese singular argumento, Kafka utiliza el realismo fantástico y el surrealismo para trazar una historia que se convierte en una crítica inmensa al autoritarismo y el automatismo de la sociedad, a la rigidez de un engranaje que nos lleva a perdernos como individuos, o a aislar al que se siente diferente. Todo esto, no sería más, claro está, que una lectura sencilla y descuidada de una obra que se presta a multitud de interpretaciones.

Porque, además de una crítica, La Metamorfosis es una gran obra literaria. Bien planteada, con unos puntos de éxtasis dramáticos extraordinariamente bien pensados, con un nudo en el cual se resuelven la personalidades de unos personajes míseros e histéricos, con una final que abre aún más la interpretación de la obra y con un lenguaje digno, un narrador que muestra y acompaña al lector en sus sentimientos (a veces se sorprende y lo muestra alejándose de la omniscencia); al principio, casi repulsa hacia Gregorio Samsa, un ser convertido en un insecto, que no se deja claro si es escarabajo o cucaracha, después, de comprensión y cierta pena, y al final, de desconsuelo y aceptación, porque la obra no puede acabar de otra manera.

En el interior de sus páginas, algunos personajes clave, a parte de Gregor, el único que muestra cierta humanidad en sus pensamientos:

- El Principal, el jefe en el trabajo. Un personaje exigente y reacio a aceptar situaciones personales que estén en detrimento de la producción empresarial, un monstruo sin razón (se llega a inventar un supuesto bajo rendimiento premetamorfosis de Gregorio en un acto de tremenda inhumanidad) y obcecado en exprimir a sus empleados. Además, uno de esos que huyen y te dejan a solas con cualquier problema. ¿Les suena su comportamiento? ¿No más que una metáfora que ha resistido el paso del tiempo y se puede extrapolar a nuestros propios sistemas (occidentales o no occidentales)?

- La hermana Gretel, que al principio se encarga de Gregori, va poco a poco dejándose vencer por la pesadumbre, y termina más preocupada del qué dirán que de ayudar verdaderamente a su hermano. Después, en un final épico, los padres hablan de su futuro y se muestra una vez más la absoluta subordinación a las reglas morales y sociales de la época. La falta total de voz propia.

- Los huéspedes. Que acercan a la escena de los hechos de una manera brusca e impersonal el qué dirán. Un acierto traerse esos personajes, más por lo que modifican la conducta de la familia de Gregor que por lo que aporten ellos mismos. Sobresaliente el recurso Kafkiano.

Y es que, la metamorfosis, no sólo nos pinta la sociedad como un monstruo (al final, el único monstruo del relato), sino que nos habla de la paulatina autoaceptación de su deformidad y de su propia anomalía por parte de Gregorio, un ejemplo más de todos los discriminados que existen hoy día, y cómo éste se va escondiendo, escondiendo lo que para otros es una vergüenza y no están dispuestos a aceptar.

Como curiosidad decir que Franz Kafka escribió la novela en tan sólo dos meses, noviembre y diciembre de 1912, que ha resistido multitud de interpretaciones y que todas parecen válidas (el hombre frente a la sociedad y sus regímenes, el hombre frente a la enfermedad, el hombre y su propio egoísmo), lo cual nos indica que ésta obra, pese a paso del tiempo, se muestra tan completa y auténtica como en su fecha de publicación. Una obra imperecedera y de obligada lectura.

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Encadenados al tiempo
Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman Andrew Zimmerman

El otro día estaba en Valencia, en casa de Scriers con dos grandes amigos míos, Amparito y Paco. Hicimos una batalla de Youtube. Me enseñaron un video que me dejó hipnotizado, ensimismado, anonadado, en estado de shock. Fueron tan bellas las palabras, tan aguda la crítica y tan afinado el mensaje, que se ha convertido en uno de mis videos y mis textos preferidos.

¿Han probado alguna vez no tener reloj? Yo no uso, voy viendo la hora en el móvil. Hace poco se me estropeó el móvil, y además de perder todos los números de teléfono, perdí la hora. Estaba aislado del tiempo, liberado del dichoso móvil y de la dictadura de los horarios. Os puedo decir que es una sensación harto extraña, pero a su vez, liberadora. ¿Han pensado en que vivimos encadenados al tiempo?

Cortazar afila su lápiz y se marca un bellísimo texto en clave de crítica social. Supone un rechazo abierto y sincero a las cadenas que el orden social nos impone, una negación al consumismo, a la apariencia, al orden premeditado, al borreguismo que nos convierte en autómatas. Es un texto que reivindica el poder de la palabra porque emociona. Llega al lector y sacude su mente, abandonándolo en la más profunda reflexión. Pero su verdadero valor reside en que es un canto a la libertad del individuo. Palabras hermosas para volar como un pájaro.

 

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj (Julio Cortazar)

"Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj. "

 

Andrew Zimmerman

 

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Apocalipsis Friki. Bagge pierde fuelle.
Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman Andrew Zimmerman

Peter Bagge vuelve a la carga. Ya pasó por las páginas de este blog meses atrás con Odio, y un poco antes con Junior. La primera mejor que la segunda. Ahora, la irreverencia y el histrionismo propio de la obra de este autor regresan con su última creación, Apocalipsis Friki, una miniserie de seis números recopilada en el ya clásico formato de La Cúpula que tan bien está funcionando.

El 11-S y sus secuelas psicosociales sigue dejando huella en los creadores norteamericanos. Si el cine ya se vio azotado por una ingente cantidad de títulos que trataban sobre la barbarie terrorista, el noveno arte no iba a ser menos. Bagge teje una historia extravagante e improbable donde vierte todos sus temores apocalípticos. La amenaza nuclear se convierte en protagonista para relatar un supuesto ataque de Corea del Norte sobre Seatle. En ese mismo momento dos colegas, Perry y Gordo, disfrutan de una escapada a la montaña. Regresando del viaje se percatan de lo sucedido y deciden refugiarse en la cabaña donde han pasado sus días de retiro. Tendrán que sobrevivir gracias a la caza, ya que apenas llevan alimentos para subsistir.

Como ya vimos en otras obras (Ensayo Sobre La Ceguera, [Rec] ) Apocalipsis Friki indaga en la degeneración y el egoísmo humano cuando está en juego nuestra supervivencia, abocándonos a un raciocinio marcado por situaciones límite en la que el individuo abandona todo tipo de ética.

Bagge lo representa con su tosco y delirante humor habitual marca de la casa, sorprendiendo al lector por su brusquedad latente y excesiva violencia, apoyado en un decálogo de expresividad en el tratamiento de los personajes, sobre todo en el desesperado (y desesperante) Perry, el verdadero protagonista de la historia.

Bagge mantiene muchos de sus puntos fuertes habituales, pero tanto el dibujo como el guión se derrumban en la parte final del relato. Como dice Fresús en los comentarios de un anterior post, Bagge pierde fuelle. Aunque la situación se vuelve tan rocambolesca que acaba consiguiendo la sonrisa del lector, el despropósito en el que se convierte no se sostiene, provocando un final a todas luces apresurado. Moralejas sencillas aparte, su principal logro es la fidelidad a su estilo. Puede que el alboroto constante sea una de las características del autor y haya que saber convivir con ello, o puede que él mismo se diera cuenta de que se le desmontaba el castillo de naipes y decidiera enloquecer su propio guión buscando más sorprender por la forma que por el contenido.

En cualquier caso, Apocalipsis Friki ofrece escenas memorablemente divertidas que hacen recordar que el peculiar estilo del autor es sin duda, el principal sustento de la obra. La duda reside en saber si Bagge será capaz de facturar trabajos en el que su estilo comulgue con el guión y las pretensiones marcadas inicialmente, como ya hiciera en Odio, o por el contrario se conforme luciendo su habilidad estilística innata, viviendo, una vez más, de la renta obtenida con los años.

Andrew Zimmerman

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Calamaro y Los Animalitos – Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
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Ojo a la canción de esta semana que me eriza los pelos en su sublime sencillez y su desnuda poesía.

La canción es una colaboración que realiza el grupo argentino "Los Animalitos" con el rey en castellano de las colaboraciones, o al menos así fue durante mucho tiempo, no es otro que Andrés Calamaro.

De Calamaro poco podemos decir que no se haya dicho, publicado, escuchado o visto ya, pero de los Animalitos puedo remitirme a algunas informaciones sacadas de la red, dónde aseguran  que su gran fuerte es la tremenda elasticidad de su propuesta, la música cercana a la música popular, dónde rock, ska, reggae, cumbia, rap y pop… entre otros estilos circulan y se mezclan con tremenda naturalidad y mejor sonoridad. Suena, cuanto menos, interesante.

Pero lo que nos ocupa es otro medio tiempo de esos que me gustan, muy pop y radiofónicos, pero no por ello de menor calidad. La canción nace inspirada en un poema de Césare Pavese,  uno de los mayores talentos literarios en Italia durante el siglo XX. Un revolucionario literato marcado por sus crisis personales, por la lucha continua contra la tremenda soledad interior que le afectaba. Víctima de su propia maldición, se suicidó en un hotel de Turín por sobredosis de antidepresivos. Tenía 42 años. Su libro de poemas más famoso se titula "Trabajar cansa".

 

Éste es Cesare Pavese, y el poema original, este otro:

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos


esta muerte que nos acompaña
del amanecer a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo. Tus ojos
serán una palabra vana,
un grito acallado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando te inclinas hacia ti misma
en el espejo. Oh amada esperanza,
aquel día también nosotros sabremos
que eres la vida y eres la nada.

Para todos la muerte tiene una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como abandonar un vicio,
como ver en el espejo
el resurgir de un rostro muerto,
como escuchar un labio cerrado.
Descenderemos mudos en la vorágine.

 

Cómo escucharán a continuación, luego la canción cambia su letra y se va por la senda argentina, usando referencias y argot propios del país (aquí el coautorismo de Calamaro se nota de lejos), deformando la originalidad de la composición. Pero da igual, por que al final, sosteniéndose en ese verso tan fino de "Vendrá la muerte y tendrá tus ojos", el tema rinde. El acompañamiento de una guitarra aseada y esos acordes tan pop, colaboran para crear, en definitiva, una gran canción. Desde mi punto de vista, eso sí, el poema es de una calidad mayúscula.

 

 

Scriers.

 

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