Trabajando el Microrrelato (2)
ScriersScriers Scriers

 

 

 

Consolidación.

Arruinado y deprimido, se arroja azotea abajo. Durante la caída, distingue a su esposa en el balcón, enrollándose con otro.

Dos molinos.

- Mira, ahí vienen, el viejo hidalgo caballero junto a su gordo y fiel escudero. Deberíamos aplastarlos.

Elucubración.

A la hora de la autopsia, al cadáver le salieron arañas, tarántulas, ratones y gusanos a borbotones del pecho, esparciéndose rápidamente por toda la sala. El forense, sin cavilar, pensó:

“Otro político muerto”.

Amores imposibles.

Para enamorarla, dispuso de mil noches. Cuando sucedieron novecientas noventa y nueve, encañonó un revolver y, apuntándola, le dijo:

- Dime que me quieres.

Lechoso.

Lechoso era de carne y hueso y diferente al resto, que eran de madera. Su padre, Gepetto, lo encontró en un contenedor, entre restos de aluminio y vidrio. Pronto, lo acogió con cariño, lo educó y aún a sabiendas de lo extraño que resultaba tener un hijo con ese aspecto, lo quiso sin condiciones ni cláusulas.

Pero no era su piel lo único especial que tenía Lechoso. Cada vez que mentía, le crecía un palmo la nariz. Cuando ocultó a su padre algunas verdades, su nariz se volvió desproporcionada. “¡Narizotas, naripas, Cyrano*, deforme!”, eran algunas de las lindezas que los demás críos, los de madera, le dedicaban. Los mayores, por su parte, lo miraban como a un paria. Gepetto no supo protegerle y Lechoso fue negándose más y más rencor al tiempo que crecía su enorme nariz.

Así hasta que un día colmó su paciencia y Lechoso clamó venganza. Se armó con un fósforo y provocó varios incendios. El fuego se propagó y ardieron todos, sin excepción, Ni siquiera Gepetto se libró. Después, en soledad, decidió Lechoso cambiarse el nombre. Pasaría a llamarse Adán y, lejos, buscaría a alguien con quién compartir su vida.

Soluciones drásticas

Le metieron en la cabeza que tenía que casarse, tener hijos, comprarse una casa y disfrutar de la familia hasta el día de su muerte. Acto seguido, se voló la cabeza.

Scriers.

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A noventa minutos de la gloria.
Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman Andrew Zimmerman

El fútbol es impredecible, y quizás por ello sea tan grande este deporte, porque por muchas conjeturas que queramos elucubrar, cuando el balón echa a rodar todo depende de las circunstancias, y en un partido de noventa minutos hay un gran número de factores en juego; el estado físico y anímico de los jugadores, el ambiente en los graderíos, la presión externa o por supuesto, la calidad técnica y táctica de los jugadores.

Igual que hace poco hablábamos de la caída libre del Barça, ahora podemos asombrarnos con nuestra selección, esa misma que no mucho tiempo atrás acabó con la santa paciencia del aficionado español hasta decir basta. Con la mía propia. Ni que decir tiene que no albergaba esperanzas para este combinado. Ni yo ni la gran mayoría de nosotros, los mismos que hoy dedicamos cientos de entradas en la blogosfera.

Puede, precisamente por la ironía del destino, que cuanto menos creíamos en ellos el grupo más se fortaleciera y cuando menos ilusiones despertaban más cómodos se sentían. Liberación que se llama. O puede sencillamente que se hayan dado las circunstancias propicias para esta gesta. Europa baila a ritmo inglés con acento español. Dos de los grandes equipos de la Premier cuentan con españoles que lideran a sus equipos. Cesc es el comandante jefe del Arsenal y su auténtico cerebro a sus 21 años de edad. Torres ha metido más de un tercio de los goles del Liverpool esta temporada. Xavi e Iniesta han sido lo poco digno de un año catastrófico en can barça. Casillas y Sergio Ramos han brillado en un Real Madrid ausente de estrellas que se ha encomendado a la furia de sus jugadores patrios. Un buen momento que coincide con un dato que me comentaba Scriers. Salvo el caso de los madridistas, la gran mayoría de jugadores españoles seleccionados, a pesar de jugar bien, no han ganado este año nada, con lo cual la sed de triunfo aumenta. Ni siquiera la Copa del Rey valenciana es digna de considerarse triunfo a tenor de su pésima temporada liguera. Al final, esta generación ha conseguido aquello que le demandábamos desde hace lustros. Dominar a nivel de selecciones del mismo modo que a nivel de clubes.

La paradoja más grande viene del hecho de que este éxito venga de la mano de Luis Aragonés. Un entrenador que se ganó el descrédito nacional tras revocar su decisión de marcharse una vez terminado el Mundial del 2006 si no pasaba de cuartos de final. Se tuvo que marchar entonces, pero el tiempo le ha acabado dando la razón al Sabio de Hortaleza con esta merecida final de Eurocopa. Navegando contracorriente y haciendo gala de una tozudez gruñona casi grosera Aragonés llegó al punto de convertirse en una caricatura de sí mismo. Pero este siempre ha contado con un enorme respeto por parte de todos los jugadores y clubes a los que ha entrenado. Sobre todo, por parte de los jugadores seleccionados. Con ese respaldo mutuo ambas partes han salido beneficiadas. Diré también, que nunca me gustó Aragonés como entrenador. Si repasamos su curriculum encontramos que en sus más de tres décadas entrenando sus conquistas se reducen a una Liga (con el Atlético en 1977) y cuatro Copas del Rey. Treinta años, miles de partidos y muy poco bagaje. Además sus equipos se recuerdan más que nada por su juego al contragolpe y su férrea defensa. Sin embargo, ha sabido poner en marcha un esquema acorde con las características de los mejores jugadores del momento. Jugadores de corte ofensivo, de toque, acaparadores del balón, pacientes y con una técnica exquisita. Futbolistas herederos del estilo holandes del Dream Team aplicado en la Masía. La revolución de los bajitos. El tiquitaca. Esa metamorfosis técnica es digna de elogio, al saber dar con un esquema que explota las virtudes de su combinado y que sabe plantear otras opciones de juego. Es su gran hazaña. El reajuste de su libreta.

Lo de esta pasada noche ha sido un partido para enmarcar. España ha dado una exhibición de concentración y madurez futbolística. Ha dominado el tempo del partido, una vez superado el primer cuarto de hora, en todo momento. Si bien la primera parte fue algo más disputada, la lesión de Villa y posterior entrada de Cesc resultó clave para el desarrollo del encuentro. Fabregas se situó entre líneas y despistó al equipo ruso por completo, que en lugar de tener que mantener la marca de un delantero se tuvo que concentrar en robar el balón a un centrocampista con libertad de movimientos que para colmo combinaba una y otra vez con jugadores de su mismo estilo. El tuya-mía-tuya que se marcan Cesc, Iniesta y Xavi en la segunda mitad es, futbolísticamente hablando, un recital. Ahí, en el medio del campo, ganó la batalla España y gracias a un trabajo defensivo sin fisuras se marcaron el mejor partido que les he visto en cualquier torneo de renombre al combinado español. Un partido para el recuerdo ante una selección muy buena, que venía de darle un repaso a Holanda (que a su vez venía de darle otro a Francia e Italia) y que fue víctima del buenhacer de los nuestros y de una soberana lección de pizarra de Aragonés al bueno de Hiddink.

¿Quién lo iba a decir? España está en la final de la Eurocopa. Los aficionados nos sentimos dichosos concientes de que pueden pasar décadas hasta que volvamos a ver una cosa semejante. Pase lo que pase en la final del Domingo España ha conseguido llegar ahí porque en tiempos de crisis no cedió a cambiar su estilo. Siguió confiando en el tiquitaca, a pesar de ser apeada por la Francia de Zidane. Durante este tiempo matizó detalles, pulió sus virtudes y escondió sus defectos, pero nunca renunció a su idea de juego. Tras años de una búsqueda incesante de su propia idiosincrasia la selección sabe a que juega, conoce su identidad. Todo ello de la mano de un sexagenario que ha llegado a su zenit casi al final de su trayectoria. Aunque de algún modo, y proyectándose de una manera casi inapercibible, encontramos la alargada sombra del legado de Cruyff.

Andrew Zimmerman

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Entre Copas. Segundas oportunidades.
Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman Andrew Zimmerman

Alexander Payne, director de una prometedora carrera detrás de la cámara, realizó su película más aclamada en el año 2004, cuando facturó Entre Copas. Acaparadora de numerosos premios fue recibida con gran agrado por la crítica, consiguiendo entre otros premios, un Oscar al mejor guión adaptado y dos Globos de Oro, uno al mejor guión y otro para la mejor película comedia. Se puede decir sin temor a equivocarnos que Entre Copas fue la película independiente del año.

La película es algo parecido a una road-movie vinícola. Creo que para explicar esto es necesaria una sinopsis aclaratoria.

Dos colegas de la juventud inician un viaje a modo de despedida de soltero de uno de ellos, Jack, un actor de clase media, vividor, canalla y seductor que pretende desfasar en los días previos a su enlace. Miles por su parte, es un profesor de literatura deprimido por su divorcio incapaz de pasar página claro fanático de los vinos. Solo pretende enseñarle a su amigo los distintos viñedos de la zona en un viaje gustoso para su paladar. Pero no todo sale tal y como lo tenían planeado.

Payne consigue un tono perfectamente equilibrado entre el drama y la comedia, dejando una sensación agridulce que permanece a lo largo de la película. Sus dos personajes principales se complementan el uno al otro, pero evidentemente el peso protagonista recae sobre Miles, interpretado por un excelente Paul Giamatti, que durante estos últimos años está labrándose una trayectoria envidiable. Miles vive entre sus continuas lamentaciones por su fracaso matrimonial y su obsesión vinícola y por sacar su novela adelante. En él, se adivina un sentimiento de hastío e inseguridad que le hacen fracasar en sus propósitos, recibiendo las cariñosas burlas de Jack, un tipo mucho más seguro de sus posibilidades pero que atraviesa una crisis de los cuarenta prematrimonial. El buen dúo que resulta la pareja protagonista lo complementan las otras dos actrices Sandra Oh (conocida por el gran público por su papel en Anatomía de Grey) y Virginia Madsen, notables en su actuación.

En el fondo, Entre Copas es una película de sentimientos enfrentados, de las dudas existencialistas de un mundo adulto y complicado en el que cada cual lucha por encontrar un hueco confortable. Nos presentan personajes que están de vuelta. Tanto Miles y Maya como Stephanie vienen de relaciones fracasadas, buscando una segunda oportunidad amorosa. En ellos se pueden ver miradas de decepción, de esperanza, de tedio o de complicidad. La figura de Miles, que vive entre la cobardía y el victimismo, es clave para entender el mensaje de Entre Copas, basado en un brillante guión que da pie a algo más de dos horas de metraje. Lejos de parecer larga, si la película cala en el espectador puede parecer hasta corta.

Pero un aviso, no todos comulgarán con esta película por varias razones; su peculiar sentido narrativo, su humor demasiado personal deudor del estilo inglés, y la extraña química de la pareja protagonista, que en algunos momentos puede parecer inverosímil. Aún así, todo reside en captar la dinámica de la película y dejarse llevar por ella.

Una comedia adultísima que a través de sus personajes da un recital de cine melancólico y fija su atención en el ser humano, inmerso en una lucha contra la vida misma. Un enfoque con tono desenfadado que habla de lo que al fin y al cabo nos guía a todos en esta vida, los sentimientos.

Andrew Zimmerman

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ABOGADO DEL DIABLO: Alejandro Sanz
Eterno ViajeroEterno Viajero Eterno Viajero

Bueno, segundo artículo de esta sección, y le toca el turno a Alejandro Sanz.

Alejandro Sanz

No sé si es fruto del paso de los años o del estado de felicidad sentimental que me acompaña desde hace unos meses, pero lo cierto es que re-escuchando aquellos temas de los que cuando era un crío me burlaba de ellos por empalagosos mientras las niñas rebuscaban datos de la vida personal de Alejandro Sanz en la Super-Pop estoy descubriendo la fuerza y la energía que desprenden muchos clásicos de este hombre.

Mis amigos se están dando cuenta de que últimamente estoy escuchando música generalmente despreciada por rockeros, indies, hip-hoperos y demás colectivos musicales; y es cierto, creo que en la última semana he sintonizado más veces Los 40 Principales (emisora a la que seguramente le dedique un artículo en esta sección) que Kiss FM. Y también es cierto que me trago las galas de Operación Triunfo todos los martes, y que hace no mucho estaba flipandolo con el nuevo single de Mónica Naranjo.

También es cierto que no salgo de mi asombro del nuevo discazo de los suecos Opeth de los que ya he hablado varias veces en este blog y que estoy descubriendo nuevos géneros que hace unos días no conocía y disfrutando de unos discos que solo se pueden encontrar en tiendas muy especializadas o en Ferias puntuales.

Pero Alejandro Sanz reafirma mi teoría de que lo comercial muchas veces supera con creces lo underground, independiente, intimista, añejo, minoritario, clásico auténtico o como queráis llamarlo.

Lo demuestran canciones como Y si fuera ella o Mi soledad y yo, de estructuras muy similares; inicio con piano, una entonación ascendente imperable muy muy emotiva, y un solo de guitarra al final propio de grandes baladas de rock para rematar temazos completamente redondos, sentidos, y que no dejan indiferente a (casi) cualquiera.

Medios tiempo con una fuerza insuperable en la voz y muy difíciles de interpretar. De hecho no sé muy bien que tal le saldrá al (ya) no tan joven Alejandro Sanz en sus conciertos. Podré comprobarlo dentro de unos días en su actuación en el Rock in Rio.

¿Letras? Hay de todo. Juveniles, ridiculas y muy profundas y sentidas. He sido capaz de quitarme la venda que me hacía ver a este hombre como el típico guaperas sin talento que hacía que mis hermanas pusieran una y otra vez su cassette en casa y decoraran sus carpetas con su cara.

Pero sí, veo a Alejandro Sanz como un compositor magnífico que merece todo el respeto por haberse ganado un mercedísimo puesto como hombre super-ventas. No es cuestión de endiosarle pero si de reconocerle que tiene composiciones e interpretaciones muy grandes.

De hecho ahora me arrepiento de no haber ido al concierto que dio hace unos meses en el humilde pueblo Villaluenga del Rosario, a apenas 1 hora de casa. Hay videos en el Youtube para quitarse el sombrero. Os dejo unos ejemplos:

Mi soledad y yo: Tremendo el guitarrista. De verdad, TREMENDO. A pesar de su notable parecido a Steve Vai le da muchísimo feeling a la canción. La hace muy especial con un estribillo apoteósico … "Madrid…. ¡¡díselo!!". Por muy empalagosa que sea la canción me encantaría que alguien me cantanra algo tan bonito "te besaré como nadie en este mundo te besó"

¿Y si fuera ella?: Otra canción con exactamente el mismo corte que la anterior pero con un trabajo vocal mucho más intenso, triste y desgarrado. Me encanta la rabia al cantar de Alejandro Sanz en los últimos segundo de video. TEMAZO. Muy digna la versión a capella de David Bisbal [aquí] y la de Malú [aquí]

Amiga mía: Esta si que me la tomo un poquito más a coña. Tambien un clásico en su discografía. Me gusta como la canta delante te tanas personas que casi se queda sin voz de la emoción (o eso parece).

El Aprendiz: Si no me equivoco está compuesto para Malú que es la que la editó en CD pero la autoria es de Alejandro Sanz. Muy buena en este acustico

Cuando nadie me ve: Otro clásico. Más pausada y con un videoclip sugerente.

Espero que os gusten los videos que os pongo que los disfrutéis sin complejos y sin tapujos. Para mi son canciones preciosas para días de amor y pasión como el de ayer en San Juan.

 

Hasta la próxima que espero sea pronto

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La Gran Final. Días de fútbol.
Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman Andrew Zimmerman

Días de Eurocopa, días de sobredosis de fútbol. Esta noche veía un cardíaco partido entre Croacia y Turquía que han acabado llevándose los turcos por corazón, fe y entrega. Increíble lo de esta selección, que ha ganado sus tres últimos partidos in extremis y sin necesidad de ser mejor que el contrario, simplemente con una confianza plena en sus posibilidades y un poquito de suerte, tan determinante en esto del balompié.

Después he puesto la 2.  Versión Española dedicaba su programa a la emisión de la película La Gran Final, una comedia con aire de documental que trata sobre la globalización mundial a través del deporte rey, el fútbol, aunque en el fondo este sea una excusa para abarcar temas tan complejos y delicados como la pobreza mundial, la mala repartición de los recursos humanos, el mestizaje y/o la multiculturalidad. Interesante contenido desde luego.

Gerardo Olivares dirige a un extenso grupo de actores y actrices nóveles sin ningún tipo de experiencia delante de las cámaras para realizar una comedia de muy buen gusto, humor sutil y exquisita humanidad. Divide la historia en tres regiones mundiales a cual más recóndita y utiliza la final del mundial de Japón 2002 entre Alemania y Brasil para describir como viven estas poblaciones el fútbol, a pesar de estar en lugares donde casi ni llega la señal televisiva. Supone un retrato de varias culturas donde podemos ver como aborda varias temáticas; el afán del hombre por ver esta final, la incomprensión de la mujer o la unidad que logra el fútbol en estas comunidades. Consigue también momentos divertidos y entrañables plácidos para el espectador.

El hombre es muy diferente en uno u otro lugar del planeta, pero siempre tiene puntos en común que define a la especie humana y que nos delata como un ser de sentimientos viscerales allá donde nos encontremos. Olivares plasma tres realidades (la de los indígenas amazónicos, los cazadores nómadas mongoles y los camelleros del desierto del Teneré) unidas bajo el sentimiento ante el deporte rey. El deporte como unificador cultural. Hoy en día vivimos una paradoja, la opinión pública es eminentemente futbolera, pero subestima los logros de este deporte a nivel mundial como ejemplo socializador. El fútbol nunca ha sido tomado muy en serio (salvo a nivel económico) en su faceta globalizadora. Creo que esta comedia reivindica al deporte rey y también se vale de él para sacar a la palestra un debate infinitamente más profundo.

A la charla post-película fue invitado el mismo Gerardo Olivares y Santiago Segurola en un interesante diálogo a tres bandas con Cayetana Guillen Cuervo. La 2 sigue apostando por la televisión de calidad y hace hueco a programas de esta índole, un espacio que ya ha demostrado una y mil veces su enorme valía ofreciendo entretenimiento y debate en un mismo producto.

En fín, una noche futbolera de gran emoción. Ahora vuelvo a mis quehaceres académicos, si algún día quiero llegar a ser periodista no me queda más remedio que aplicarme y estudiar. Deseadme suerte en los exámenes, la necesitaré.

Andrew Zimmerman

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