Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman
Andrew Zimmerman
18 Enero 2008

Hay obras, y cuando hablo de obras me refiero a cualquier modo de expresión artística, que pasan por nuestras vidas dejándonos un buen sabor de boca, muchas que solemos rescatar de vez en cuando para volver a saborearlas, otras que apenas nos dejan indiferencia y unas pocas, sólo unas pocas, desde la primera vez que las observas se instalan para siempre en nuestra memoria debido a su magnitud artística.

Arrugas, de Paco Roca, es un tebeo que pertenece a este último grupo de obras. Amparada por la crítica y tras triunfar en Francia, Astiberri se ha decidido a publicarla en un formato coqueto y apropiado, aunque como es costumbre en esta editorial, bastante caro.

Son tantas sus virtudes que apenas deja al lector escapar de la historia para fijarse en sus pormenores técnicos. Atrapa al lector, lo envuelve, lo sorprende, lo divierte, lo enternece, lo engaña, lo aturde y en definitiva, lo emociona.

Arrugas cuenta la historia de Emilio, un antiguo director de banco que es ingresado en un geriátrico por su familia. Emilio tiene la terrible enfermedad del Alzheimer, pero no es conciente de ello hasta una vez ingresado allí. Su incuestionable lucha contra la enfermedad es narrada con elegancia por Roca, que retrata con maestría su quehacer diario en el geriátrico. Su compañero de cuarto, Miguel, es un señor bastante más lúcido y avispado, que enseñará a Emilio los entresijos del centro.

Roca se vale de una documentación previa y de casos reales para narrar el caso de Emilio y de los compañeros de geriátrico. Casos tristes, llenos de desesperanza y soledad, pero que por momentos desprenden simpatía y humor. Roca combina momentos en los que hay que tragar saliva con otros en los que resulta complicado no esbozar una sonrisa. En este libro, el que más o el que menos acaba siendo un personaje entrañable.

 

 

El tratamiento de los personajes secundarios es increíblemente acertado. Tanto los compañeros del geriátrico (cada uno con su propia paranoia), como los familiares o los trabajadores del centro están retratados con una precisión pasmosa.

Un servidor, que ha trabajo en un psiquiátrico, puede asegurar que el autor refleja con una exactitud casi milimétrica la realidad de uno de estos centros. Los días son casi calcados unos a otros, las horas pasan al ritmo de los años mientras una calma tediosa espera a que alguna desgracia cambie la descorazonadora monotonía latente.

Gráficamente estamos ante una obra notable. Con un trazo limpio y claro, Roca realiza un trabajo de corte realista donde el color (siempre en un apropiado tono otoñal) juega un papel importante, siendo apropiado en cada escena, en cada momento.

Destacar también la ausencia de cualquier recuadro explicativo, limitándose al uso de bocadillos de diálogo. Entre uno y otro, entre escena y escena, al lector se le ofrece una pausa para su reflexión, sus pensamientos, demostrandose así un magistral manejo de los tiempos.

Siendo enorme su carga moral, Arrugas invita a reflexionar sobre un mañana que cada vez esta más normalizado en nuestra sociedad, un mañana que bajo el nombre de Alzheimer, demencia senil, Parkinson o cualquiera que sea este, parece de difícil solución, más si cabe en una sociedad tan exigente y egoísta como la nuestra. ¿Cuál es el futuro de nuestros mayores? ¿cuál es nuestro propio futuro?

Arrugas es una historia sensible y entrañable, una lectura placentera. Una delicia en cada viñeta y un gusto para los sentidos.

Atención que me mojo, estamos ante la mejor obra española del año 2007.

Andrew Zimmerman

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Será cuestión de edad. O de empatía. O vete tú a saber de qué. Este año en España se dio un acontecimiento musical en toda regla: La reunión de Serrat y Sabina, dos iconos en cuanto a canción de autor se refiere. Una reunión telegrafiada, casi obligatoria después de sendos problemas graves de salud y de dos carreras en franca decadencia (que sí, que habrá quién defienda esos últimos discos de uno u otro, pero, ¿Cuánto hacen que no sacan un grandisimo disco?, es más, ¿Cuántas canciones de las nuevas pueblan los recopilatorios a los que ahora haremos referencia?).

Pero a lo que vamos, que los susodichos se juntaron este año para sesenta conciertos a lo largo de toda la geografía española e iberoamérica. ¿El resultado? Un tremendo éxito, con unos precios algo elevados pero con una respuesta magnífica por parte del público, que sigue ansioso por escuchar las viejas canciones de siempre. Porque si algo tiene Sabina y Serrat, Serrat y Sabina son canciones imperecederas que han calado en la memoria global o conciencia colectiva del populacho.

Durante este último año, algo desconectado en cuanto a música se refiere, no presté atención al acontecimiento hasta que el acontecimiento prestó atención a todo bicho viviente, inclusive un servidor. Como un huracán mediático, no ha existido informativo, programa de televisión o revista musical que no se haya detenido a contar los detalles del encuentro. La publicación de sus discos en periódicos, las tiendas de música aunando los mismos en un sólo stand, los carteles en la ciudad de turno, las camisetas de los fans por la calle… así hasta llegar a la actual publicación del disco recopilatorio de la gira (ups, en plenas fiestas de navidad, que casualidad), hacen una idea del inmenso aparato publicitario y de logística que sostiene este proyecto. El disco, por cierto, ha sido editado de dos formas diferentes, doble cd y dvd, con treinta y cinco canciones y un documental, y cd y dvd con veinte canciones más documental.

Y el otro día por fin, lo escuché. Luego lo hice hasta dos veces más. Y más tarde, por ayer y hoy, dos veces más. Creo que es suficiente para establecer una opinión. Y mi opinión es que se trata de una reunión placentera, alegre y divertida para todos aquellos implicados en la gira (los músicos, Serrat y Sabina, obviamente), pero un despropósito para quién quiera escuchar con calidad sus canciones. A diferencia del último directo de Sabina, "Nos sobran los motivos", la música no parece nunca acompasada, da la sensación de charanga, de verbena improvisada de amigos que se juntan para darse el homenaje. Otra idea que me vino a la mente, que existan veinte músicos en el escenario no garantiza mayor calidad musical. El rumor de fondo no garantiza la claridad y calidad del mensaje, más bien todo lo contrario, lo confunden. Algunos arreglos, creo, empeoran las canciones. Algunos coros, provocan hartazgo.

La selección de canciones: Pues a pedir de boca. Pocas sorpresas, todos los éxitos de ayer, de hoy y de siempre. Canciones que, dejemoslo claro, me gustan. Lo peor, la dualización de algunos temas, tipo "ocupen su localidad-hoy puede ser un gran día", "Lucía-La del pirata cojo" o "Aquellas pequeñas cosas-Ruido-El muerto vivo". Desde mi punto de vista, desordenado y sobre todo, poco trabajado. Vale, la idea de unir "ocupen su localidad" y "hoy puede ser un gran día" como presentación es buena, pero esa ejecución… de verdad. Esos coros "shu-shua", ese brusco empalme con la canción de Serrat, esas trompetas que recuerda a la banda de acompañamiento de Juan Gabriel… provoca sonrojo, cuanto menos ("Señora" es otro buen ejemplo de esto que digo). Otro problema que veo es la diferencia en el tono a la hora de cantar de un cantante y otro. La voz de Serrat, como es evidente, se come a Sabina, y entre los dos no acuerdan un punto medio, dejando canciones asimétricas, en "A la orilla de la chimenea" se puede notar fácilmente (que ni Serrat, ni Sabina ni público se ponen de acuerdo). Evidentemente, en algunas se recomponen, lo hacen bien, en otras incluso muy bien, pero la sensación general es de una constante improvisación.

En resumen, para mí, un concierto, el editado, desigual, que creo que envejecerá mal (esto lo digo por la orquestación empleada), que suena a autocomplacencia y a recomposición de unos egos maltrechos en base a los aromas del pasado. Dos carreras que para volver a encantarme, tendrán que dejar de tomar el camino fácil y entregar de nuevo, si son capaces, buenos discos. Hasta entonces conmigo, desde luego, que no cuenten.

Scriers

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Scriers
14 Enero 2008

Pues grata sorpresa que me he llevado al releer un cómic que andaba perdido en mi estantería. Fue un regalo de mi hermana hace dos años y recuerdo que el día que lo leí me pareció cansino y algo confuso. Ayer, en un arrebato lo rescaté del olvido y la verdad es que ha conseguido darle la vuelta a la tortilla. ¿De qué cómic se trata? Superman: Identidad Secreta.

El cómic en cuestión es una miniserie que recopiló hace tiempo Planeta en un tomo bastante económico de doce euros y que tuvo el reconocimiento unánime de crítica y público. La historia narra la vida de Clark Kent, pero no del original, del Superman de siempre, sino de otro joven que también se apellidaba Kent, y cuyos padres, en un alarde de originalidad, decidieron bautizar con el nombre del célebre superhéroe, marcando así a su  retoño, que es objeto de burlas de todo tipo a lo largo de su vida. Por supuesto, el niño acaba cansado de su status quo de hazmerreír, y se pierde en la inmensidad de las montañas para encontrar paz interior. Así hasta que descubre un buen día que tiene los mismos superpoderes que Superman.

Kurt Busiek, auténtico impulsor de la historia, pretendía situar a Superman en un mundo real, dónde no existiera ningún otro superhéroe o supervillano. Intentó imaginar un mundo limpio de poderes y la interrelación del Superman con las injusticias, etc. Además, Kurt, como él mismo señala en el prólogo, se caracteriza por hacer imaginables situaciones inimaginables, por hacer comprensibles las motivaciones e inquietudes de sus superhéroes, por ahondar en su psique y dotarlo de la máxima humanidad posible. La historia se narra en una primerísima persona dónde nuestro "otro Clark Kent" es sometido a un piscoanálisis detallado, consiguiendo así el guionista su propósito, mostrar cercano al héroe protagonista de manera que podamos empatizar con él. Otro aspecto positivo, el cómic pretende mostrar la parte "humana" de un héroe durante el transcurso de toda su vida, desde joven hasta una edad avanzada, mostrando los cambios que sufre con la edad (como los puede sufrir cualquier otra persona). Perfecto, acostumbrados a personajes inmovilistas (Spiderman, Batman, el mismo Superman), el esfuerzo se agradece. Lo difícil era conseguirlo en cuatro episodios, claro, pero Busiek sale airoso y la historia se lee casi de seguido.

Y otro acierto de este tomo es la participación de Stuart Immonen, espectacular. En lo que el autor describe como un "lápiz cerrado e ilustrativo" (supongo que Busiek quiere decir, bajo bocetos semiacabados), Immonen acababa las páginas y luego las escaneaba y coloreaba por ordenador con una paleta de colores inspirada en el arte comercial de los años cincuenta. El resultado es muy llamativo, ágil, realista, expresivo… magnífico. Los paisajes coloreados que se marca Immonen, así como su colección de gestos y expresiones faciales son de una calidad exquisita. Y su Superman, estupendo. Ojo, que el actual Immonen parece haberse acostumbrado al ordenador y a un dibujo mucho más plástico y caricaturesco, y probablemente, aquí, estemos asistiendo a uno de los momentos culmen de la carrera del autor, por tanto, es necesario, casi obligatorio, hacerse con este tomo y dejarse empapar con su arte.

Desde mi punto de vista, un cómic de gran calidad, al que apenas le encuentro, a día de hoy, defectos (¿Por qué en su día no me gustó nada? ¿Será la edad?), y que conjuga guión y dibujo de una manera sensacional. Aquí hay un proyecto serio hecho con ilusión y profesionalidad, que diginifica los tebeos de superhéroes. Lejos queda el sabor a producto industrial de entretenimiento elaborado con fechas límite de entrega que desprenden muchas miniseries americanas. No, definitivamente no. Aquí hay calidad.

Scriers

 

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Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman
Andrew Zimmerman
11 Enero 2008

He aprovechado mis vacaciones navideñas para ordenar mi habitación y de este modo recolocar en las estanterías nuestra apreciada colección de comics. Entre los numerosos títulos que pasaron por mis manos rescaté para una relectura la maxiserie de "Matanza Máxima", un crossover entre todos los títulos arácnidos que existían allá por el año 1993. Marvel apostó por un acontecimiento espectacular que impulsara las colecciones de Spiderman.

El caso es que la serie se publicó a principios de los noventa (una época para olvidar en el comic americano), en pleno boom de Image, justo cuando la espectacularidad era ineludible, los crossovers estaban de moda y la violencia era un arma muy recurrente entre los editores de comics, que buscaban impresionar a los lectores bajo el lema de una imagen vale más que mil palabras.

Comenzamos a notar la influencia noventera si analizamos su paupérrimo planteamiento inicial y su desastroso guión posterior.

Veamos, Cletus Kasady escapa de una cárcel de máxima seguridad con una facilidad pasmosa y comienza a desatar su furia y locura matando a todo aquel que se le cruza por delante. Parece que su misión se reduce a eso, montar una carnicería allá por donde pase. El caso es que consigue compañeros de viaje; una lunática llamada Grito, un spiderman con seis brazos al que conocen como Doble, el Demoduende, Carroña, etc, una serie de villanos de medio pelo que llevan a cabo una enorme matanza en la ciudad de New York. En el bando de Spiderman encontramos a la Gata Negra, Veneno, el Capitán America, Puño de Hierro, Deathlock..etc. Y poco más. Mamporros, mamporros y más mamporros. Alguna que otra escena original y los típicos tiras y aflojas entre Peter y Mary Jane. Todo eso alargado durante unos quince números que relatan una guerra sin tregua entre superheroes y supervillanos.

Los autores son un elenco de guionistas, dibujantes, entintadores y coloristas de dudosa calidad media, es más, algunos números cuentan con momentos casi sonrojantes. Se salvan de la quema los números guionizados por Jim Dematteis (con algo de más profundidad) y dibujados por el siempre cumplidor Sal Buscema, así como un Mark Bagley que comenzaba a encontrar su estilo, sin olvidar a un Tom Lyle eficiente. El resto de autores (Terry Kavanag, David Michelleine, Tom DeFalco, Alex Saviuk, etc) mejor olvidarlos.

Entonces.. ¿por qué le me simpatiza esta saga?. Para empezar porque sus mínimas (o casi nulas) pretensiones hacen que el comic tenga mucho dinamismo y apenas deje respiro al lector. Después por el anárquico y absurdo desfile de personajes que rulan por sus páginas. A ver.. el Capitán América aliado con…Morbius o Veneno..y con..¿Estrella de Fuego?!! Esta mezcla tan irracional y extravagante me resulta cuanto menos curiosa. Además la saga tiene momentos míticos en la batalla, como por ejemplo la primera aparición del centinela de la libertad o la escena de spidey contra todos.

Resumiendo, Matanza Máxima carece de virtudes artísticas pero funciona como mero entretenimiento para marvelitas y spidermaniacos arraigados. Personalmente le tengo cariño a estos comics, ya que coincidió con mi vuelta a los comics, con mi juventud más friki y con mi absoluta devoción por el lanzarredes.

Por tanto, no todo se reduce a recomendar lo puramente estilístico, ni a ceñirnos a obras de indiscutible calidad. A veces, solo a veces, la imperfección puede convertirse en diversión. Se trata de liberar nuestro lado más infantil, más lúdico, se trata de bajar el listón, ignorar las exigencias y disfrutar como un enano. Eso sí, por favor, que no os vea nadie.

Andrew Zimmerman

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Hace unos años, en el 2002 y 2004 respectivamente, dos películas fueron a reactivar la fiebre zombie, maltratada por películas de serie B o vilipendiadas por otras sobreproducciones que no sabían sacar partido de las ideas primitivas con las que George A. Romero (la sociedad como destructora de sí misma, rodado en tono documental, aprovechando los espacios, con reflexiones acerca del racismo y las respuestas del ser humano en situaciones límite) deleitó al respetable allá por 1968. Estas dos películas fueron "28 días después" y "Amanecer de los muertos". Ambas las he visto y ambas resultaron de mi agrado. Primero por la actualización de recursos gráficos y técnicos (muy de agradecer con respecto a las versiones caucásicas), y segundo por la actualización también de sus motivaciones y argumentos. Sucedidas ya algunas guerras de más, con unos gobiernos que se creen que todo lo controlan y todo lo pueden, con el propio ser humano creyéndose infalible, suena bien imaginar un mundo terrorífico que se nos va de las manos. Y esas dos películas, cada una a su manera, consiguen no sólo inspirar terror a lo gore y pese a todo, limpiamente, si no que también se tratan de interesantes películas en su transfondo.

Pero eso no nos ocupa ahora, sino que lo hace una de sus secuelas, "28 semanas después", que dirige el español Juan Carlos Fresnadillo. Y lo cierto es que la cinta es un auténtico desacierto. Sobre todo por basarse en un rocambolesco guión en torno a una familia cualquiera con un aliciente especial (esto parece incongruente), tienen una mutación, ojos de diferente color, que les hace inmunes a una parte de la familia al virus que erradica a la humanidad. Ojo, esta idea es buena, muy buena. La acción transcurre en una Londres caótica dónde los zombies han muerto por inanición y el virus está, 28 semanas después de que se expandiera, erradicado y controlado por fuerzas de naciones unidas comandadas por EEUU. Todo el despliegue con el que el hombre reconstruye la ciudad recuerda a la reconstrucción de Irak por parte del ejército estadounidense, y en ese paralelismo la cinta eleva su potencial (el tiroteo a civiles aún no contaminados, los métodos exterminadores que pueden acabar incluso con la manera de encontrar la cura, la huída y parcheo de la zona). Pero todo se sustenta en un guión tan inverosímil como fallido. Y eso que empieza bien con esa huída desesperada del marido que abandona a su mujer… pero se pierde en intentos de mejora que sólo consiguen desmejorarla, como su posterior encuentro, los inconsistentes personajes secundarios, y un final que se divisa a leguas.

Podemos añadir que Fresnadillo tiene cierta irregularidad en el uso de la cámara. A veces resulta genial y otras veces reiterativo y pesado. Algunos planos personalmente me encantaron, algunas escenas también son muy acertadas (cuando se encierran en el coche, el uso exterminador del helicóptero, la separación del matrimonio nada más empezar la película…), pero otras resultan tan, pero tan increíbles que ya uno piensa "vale, aquí pongo el límite". ¿Por qué nadie vigila a su mujer cuando la vuelven a encontrar? ¿Cómo puede el padre zombie pasear como Pedro por su casa durante toda la película? ¿Puede llegar a ser tan ingenuos los miembros de un ejército como lo son en ésta película? ¿Cómo se explica la actitud del francotirador?

En fin, demasiados interrogantes para una cinta que se me antoja innecesaria, que pese a tener en algunos aspectos aciertos incontestables, tiene un guión absurdo e increíble que frena hasta a los más freaks de este mundillo de zombies. Ni mucho menos esa película definitiva de zombies que algunos han catalogado por ahí, y bastante lejos de, por ejemplo, "Amanecer de los muertos". Visualmente inconsistente. En una escala de esas de revista especializada sería un clarísimo ejemplo de "allá tú" o "solo para amantes del género".

PD: Por cierto, ¿No son aterradores a más no poder estos zombies, sanguinolentos y agresivos a la par que rápidos y ágiles? Dios me libre de encontrarme alguno de ellos, en ese caso… estaré perdido.

Scriers

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