Por deformación profesional imaginaria, siempre he medido los libros que leo  sobre el baremo de "si me gustaría haberlo escrito".  Si me hubiera gustado hacerlo, es que o bien me agrada en estructura y los mensajes subliminales, o bien en la construcción de los personajes, o el lenguaje empleado, o como se desarrolla la acción, o qué recursos narrativos emplea, o el paralelismo que se puede extraer con respecto a la realidad, o bien, un conglomerado de todos estos factores y algunos más. Si llego a esa conclusión es que el libro, o me gusta mucho, o me encanta.  Y con el último libro que me ha pasado es "El Túnel" de Ernesto Sábato.

La novela se puede resumir brevemente. Se trata de la obsesiva historia que lleva a un pintor, Juan Pablo Castel, a asesinar a una mujer, María Iribarne, única persona que realmente parece comprender una de sus obras. Así visto, la historia de un asesinato no supone ninguna novedad, pues se trata de un hecho habitualmente narrado en los géneros literarios, y sobre todo, como no, en la novela.

Lo realmente prodigioso del libro es la manera de contarlo, la narración en primera persona que convierte a Juan Pablo Castel en un demente asesino, pero a la vez, en un ser humano al que puede comprender aquel que se acerque a la obra. Y ahí reside uno de sus méritos, que cuando uno la lee, hablo de mi caso, se refleja en muchos de los enrevesados pensamientos del que narra (¿Quién no ha filosofado, con cierto aire de suficiencia sobre algunos colectivos o tribus urbanas?), el asesino, y se ve casi compadeciendo, comprendiendo y justificando sus actos. Y es que la novela se situa en yuxtaposición con el ser humano. Reflexiona sobre su propia existencia a través de los ojos de un monstruo. ¿Nos está presentando como monstruos el autor? ¿No cree en el género humano? Otro mérito, es cómo a través de lo que parece un pretexto, el asesinato descubre en su gestación un extenso estudio sobre la desesperanza, la soledad, el fracaso y todas las limitaciones del ser humano. Y lo que es más difícil, Sábato hace todo esto a través de un personaje consciente de todo lo que hace, sabedor de la diferencia entre el bien y el mal, inteligente, con una audacia y un sexto sentido envidiable, ególatra, y en ocasiones, tan superior cómo despreciable. Estoy seguro de que la mayorías de asesinos no serían capaces de relatar tan fehacientemente su realidad como lo ha hecho, ficticiamente, Ernesto Sábato  en este relato a través de su personaje.

Con una intensidad casi épica y un ritmo altísimo, Sábato va dejando que su personaje pierda poco a poco su propia humanidad. Impresionante como va intercalando argumentos de todo tipo para tejer una trama que se va sucediendo casi sin quererlo, y que cuando te paras a resumir, ya ha llegado a su punto culmen, y por lo tanto, al final de la novela.

Por citar una más que posible influencia, creo que esta novela es una novela que podría haber escrito Edgar Allan Poe. El terror, los miedos del hombre, el análisis psicológico tan exhaustivo, así lo atestiguan. Se trata pues de una novela corta, de apenas ciento cincuenta páginas (concederme un margen de veinte arriba o abajo dependiendo de la edición),  ágil e intensa en su lectura, pero que supone un mazazo moral para el lector, que sin embargo, una vez caído en la red, no podrá desenredarse hasta el final, llevados de la mano por Juan Pablo Castel, su protagonista y asesino. Realmente tenebroso, ¿Verdad?

Scriers.

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Nunca me ha gustado encontrarme con la obra de un autor en retrospectiva, es decir, primero hacerme con una obra actual de un determinado artista, luego con la anterior, luego con la anterior a la anterior, y así hasta el principio de los tiempos. Muy al contrario, a mí lo que me gusta es avanzar con el autor, ver su evolución (o involución), comprender los pasos que va siguiendo a lo largo de su carrera, hasta tener una percepción global. Así, en el caso de Adios, Chunky Rice, me acerqué a la obra con esa desconfianza que me hace volver andando hacia atrás, como un vulgar cangrejo.

Pero en el caso de este cómic ha sido como encontrarme a un viejo amigo que hace mucho tiempo que no veía. Desde su irrupción en mi vida con la fenomenal Blankets, cada paso que da Craig Thompson acapara de inmediato mi atención. En este caso, Astiberri, la editorial española que edita al autor, ha decidido recuperar "Adiós, Chunky Rice", su ópera prima.

La obra narra la despedida de Chunky Rice, una tortuga, de una pequeña ciudad portuaria, con la fricción que esto supone con respecto a sus relaciones habituales. Y especialmente en la relación que mantiene con Dandel, una ratita, que bien podría ser su pareja, o su mejor amigo, o incluso su mejor amiga. La novela deja claro su universalidad desde el primer momento. El lector, puede trasladar esta ciudad a su propia ciudad, esta relación a cualquier relación que se haya roto en su vida a causa de la distancia. La universalización de sus elementos es concienzuda, ya que Thompson deja sin nombre a la ciudad, sin género a los protagonistas (sólo en una ocasión se hace alusión a los mismos), sin destino específico al viaje emprendido. Lo cierto es que la obra no se puede entender si no tenemos en cuenta que tiene un carácter eminentemente autobiográfico. Thompson recrea una despedida real, la que tuvo que emprender él mismo al marchar de Wisconsin. Es, también, una pequeña despedida de una época específica, la infancia. Y es, para más inri, Craig Thompson dixit, la despedida de uno de los grandes amores de su vida.

Partimos pues de los sentimientos que te evoca una despedida, sí, pero la obra tiene muchas otras cualidades. Una, impagable, es la calidad de los personajes secundarios. Todos, absolutamente todos, por un lado o por otro, dan lástima. Se trata de personajes particulares en su forma, pero no en su contenido, con una personalidad muy diferenciada, pero a la vez entrañables, simpáticos, redondos. Particularmente, es de lo que más me ha gustado de esa novela. Partiendo de la trama central, la subtramas adyacentes son geniales, Solomon y Merle, el pájaro, Charles y Glenda, y las impagables Livonia y Ruth, dos hermanas siamesas. Más cualidades, la narración gráfica. Se trata de un dibujo formado por líneas que varían de grosor en el mismo trazo. La sensación que da es de completo dinamismo, de espontaneidad y frescura, las viñetas están en contínuo movimiento. Adquiere mucha importancia el mar como elemento que sustenta y une las partes de la novela. Comienza en el mar y acaba en el mar. Al leer te da la sensación de estar, al igual que Chunky Rice, navegando. Y finalmente, la poesía que baña y embadurna toda la historia. Ideas sencillas que tratan sobre la añoranza, la nostalgia, la evolución, la amistad, y como no, el amor.

En conjunto, una obra emotiva, humana, gráficamente personalísima y realmente enternecedora. Una obra, que además, rompe otro de mis prejuicios, y de paso deja a Craig Thompson, con tan sólo tres obras, donde estaba, es decir, en el Olimpo de mis autores favoritos.

Scriers.

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Eterno ViajeroEterno Viajero
Eterno Viajero
15 Octubre 2007

Música

 

Escribir sobre ciertas cosas puede ser arriesgado. Que se lo digan a Pau Donés por sus desafortunadísimas declaraciones en El Mundo hace unos meses.

Yo hoy me la juego, y partiendo de la base de que soy defensor y promotor de la cultura libre, el software libre, la creative commons y demás licencias y filosofías abiertas, he de romper una lanza a favor de la industria musical que tanto nos está maltratando en los últimos años

No voy a nombrar a la SGAE y sus sucias tretas caciquistas, ni voy a nombrar a David Bravo, fabuloso orador y abogado especializado en estos temas.Voy a algo mucho más mundano, lejos de filosofías que aboguen por la no utilización de material privativo en organismos públicos o del apoyo que deberían tener (y no tienen) los proyectos de código abierto y de tendencia colaborativa.

Me quiero referir a algo tan sencillo como disfrutar del placer de tener en tus manos la música, bien sea en un CD, vinilo o DVD. Soy un verdadero adicto a la música. Necesito oir canciones allá por donde me mueva; habitación, salón, cocina, baño, coche, al dormir… Y es cierto que no puedo comprar toda la música que oigo.

Sí, reconozco tirar mucho de internet, pero no hay nada comparable al ir a la tienda y comprar un CD, abrirlo como si de un niño con un regalo de reyes se tratará y cuidar al extremo la "maravillosa pieza". Para mi es absolutamente placentero el oir un CD original, el abrirlo, el olerlo, el leer al detalle el libreto, a fijarme en todos los rincones de la portada.

Y es que hay discos que nos aportan tanto y que nos hacen tener la piel de gallina y recordarnos momentos importantes de nuestra vida que merecen ser comprados bajo cualquier circunstancia. Y he aqui el problema. ¿Realmente compramos discos? ¿O nos escudamos en que son caros?

Mira, caro son los conciertos, que dificilmente ahora uno baja de 18 euros (más otros 2-3 euros de "gastos de distribución" que nadie sabe de donde salen), pero aportan tanto y significan tanto que para mi un concierto entiendo que sea más caro que un CD, así que lo pago agustísimo.

Pero que los CDs están caros es ahora mismo una absoluta falacia para escudarse en el no comprar discos para apoyar al artísta.

En el último mes me he comprado, un CD+DVD de Rammstein con una presentación de lujo por 7 euros. Un 2CD de Dire Straits por 6 euros. Un 2CD de Bunbury & Vegas por 9 euros. Un DVD de Creedence Clearwater Revival por 5 euros. Un CD de Black Sabbath por 6 euros. Una caja en edicion de lujo de Amaral con toda su discografía en 4 CDs + DVD por 15 euros (lo que sale a 0,2 la canción).

La música ahora mismo es muy barata. Evidentemente si te vas a novedades, la novedad se paga; esperate unos meses y verás como La Lengua Popular, Avería y Redención o Aproximación se acercan cada vez más a los 6-8 euros.

Al que le guste comprar música está en un buen momento. FNAC, El Corte Inglés, Carrefour, Media Markt … hay una ingente variedad de artistas con sus discografías completas y cuya unidad casi nunca alcanzan las 2 cifras. Pink Floyd, CCR, M-Clan, Sabina, Mike Oldfield, Megadeth, Led Zeppelin… da igual el grupo y el estilo. Hay de todo, y todo extremadamente barato.

Quizás sólo grupos míticos como The Beatles saben que pueden poner sus discos caros porque se seguirán vendiendo igual.

Incluso si te pones en plan innovador puedes encontrar pequeñas joyas por 3 euros (he visto discos importantes del panorama español de 3 a 5 euros).

Para mi es todo un peligro ir a cualquiera de estos grandes almacenes porque seguramente, aunque tenga poco dinero, sé que podré llevarme a casa al menos 3 obras de arte por apenas 20 euros.

Y es que para mi el abrir un CD nuevo y ponerlo a sonar en mi equipo, de verdad, no tiene precio. Y por eso me compensa y disfruto como un enano cada vez que salgo a comprar música, aunque cuando llegue a casa, sé que pondré a trabajar al P2P.

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ScriersScriers
Scriers
12 Octubre 2007

Hace unos años, un acontecimiento musical a nivel doméstico era que Quique González editara nuevo disco. Ahora, que me he distanciado un poco de sus discos y de su obra, es cuando precisamente está sacando discos más cercanos a la música que escucho habitualmente, songwriters americanos o grupos alternativos. Porque este disco, y en contra de lo que se podía esperar (multinacional, simbiosis con Leiva "Pereza", legión de fans), es el menos "comercial" de Quique González. Avería y Redención es una colección de diecisiete canciones que nos muestran al Quique de siempre en terrenos baldíos. ¿Qué ha cambiado?

Pues, en primer lugar, la banda. Ahora a Quique se le ve acompañado de una nueva banda, "La Aristocracia del Barrio". Importante dato este para poder calibrar el sonido del disco, para entenderlo. A Quique González le solíamos ver acompañado de dos músicos esenciales en su carrera, Toni Jurado y Carlos Raya. Por no anquilosarse, dice, falta Jurado, y sospecho, también, por el pluriempleo de Carlos Raya, que suele acompañar ahora a Fito & Fitipaldis, sustituidos por Javi Pedreira y Charly. Con la mutación de la banda, el sonido se ha vuelto más crudo, desnudo, casi áspero a veces. Lo dice el propio Quique, elementos distintivos como la Mandolina o el Pedal Steel brillan por su ausencia. La incorporación de nuevos instrumentos, sumados a la restructuración de otros imprescindibles, se nota. Y mucho. Así, el primer contacto con el disco desconcierta, es raro, es diferente, es… un reto.

Más cambios. La agudización de la voz, y el recurso del susurro. Ya venía avisando con ese "Caminando en círculos" del Ajuste de cuentas, disco directo-recopilatorio previo a este, gran entrada en la multinacional DRO (¿Pero no era Quique quién peleaba a lo contra?), la voz de Quique González se agudiza hasta cotas inéditas en sus trabajos de estudio. No es al primero que le pasa, o que lo busca, hay algunos que la rompen, hay otros que la afilan, como si estuvieran limando una piedra encontrada en el campo. Dylan en eso fue pionero. En cualquier caso, el cambio también desconcierta, pero no hay problema, te acostumbras pronto.

Y más cambios. Éste de carácter emocional. Quique González ha sufrido un desengaño amoroso durante este tiempo. "¡Bieeeennn", algunos se frotarán las manos. Ya se sabe, que desde el dolor, desde el desencanto, las canciones son más canciones, la empatía con el oyente, que también es sufridor, mucho mayor. En cualquier caso, las canciones de Quique González se basan en concederle la palabra a un cronista, más narrador de historias que confesor de vivencias, algo impermeable. Quiero decir, aquí no hay nada demasiado obvio, aunque si buceas, encuentras. "Vete con cuidado", "Los desperfectos" y sobre todo, "Doble fila" podrían responder a canciones surgidas desde la ruptura amorosa. Entre líneas, camufladas en otras canciones, también se encuentran más desperfectos.

Ejemplo: "Ando estos días aterrorizado con tus pesadillas, y me estoy robando cada día por ser más gallo. Esta es la vida que yo quería para mí, pero no es la vida que tú querías para mí, díselo, cuéntaselo de forma sencilla, seguiré aparcado en doble fila."

Otros: "Me gustaba escuchar tus canciones detrás de la puerta". "Me voy recortando mi campo de acción, en vez de reparar en los motivos". "Yo tengo el corazón en duelo, y el dolor en el cuerpo".

Y por fin, nos frotamos las manos, nos humedecemos los labios y nos limpiamos bien los oídos quienes disfrutamos con este autor, claro. El disco está bien plagado de narraciones en tercera persona, como si quién relatara fuera un Grand Voyeur, un invitado no deseado, un intruso que pasa desapercibido. Canciones muy cinematográficas, enraizadas a la música y al paisaje americano. Gasolineras, lavanderías, restaurantes, Aeropuerto, Las Vegas, gente que va y que viene, personajes de ficción (Lady Drama que recuerda a Miss camiseta mojada), otros que podrían ser tu vecino… Como cronista Quique pasa la prueba del algodón, sigue en buena forma. Hay quién pensará que repite el discurso, que hay lugares demasiado comunes, pero… ¿Alguien le dice eso, acaso, a alguna película? ¿Hay que pedírselo a las canciones?

Y para rematar, una prueba, un experimento, una osadía. El tema se llama "Vete con cuidado". Dura casi nueve minutos. Ya avisa la letra, "Dan ganas de romper con todo". Es una especie de improvisación en estudio, un tema riquísimo a nivel instrumental que abre una vereda por la que puede bucear el autor, canciones de largo desarrollo, con guitarra más afiladas, distorsión… (Neil Young, Wilco?¿). La constatación de que Quique González no se acomoda, sino que sigue buscando nuevos terrenos que dejar en barbecho.

En resumen, un disco variado, de digestión lenta (sospecho que con el tiempo me gustará más), del que ya me gustan mucho algunos temas como "Avería y redención", "Doble fila", "Lady Drama", "los desperfectos", "nos invaden los rusos" y sobre todo, "Trucos fáciles para días duros". Un desvío por la tangente, sin dejar de lado su impronta personal. Un disco acertado y digno surgido de una carrera coherente, después de una situación personal complicada. ¡Ah!, pero si lo dice el mismo título; Avería y Redención, claro, Avería y Redención.

 

Scriers.

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Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman
Andrew Zimmerman
10 Octubre 2007

Siempre quise tener en mis estanterías el Castigador de Steven Grant y Mike Zeck. Cuando era un crío Forum lo publicó como complemento de una serie, creo recordar que de Marvel Heroes o de las Secret Wars. Aquí en Porto, he encontrado una edición antigua, a manos de la editorial Abril Jovem. Son comics con un formato similar al de la Biblioteca Marvel española, aunque a todo color, son, como podréis imaginar, tebeos antiguos. Estoy aprovechando que vivo a escasos metros de una librería comics de segunda mano para hacerme con estas obras maestras al amable precio de 2 euros el tomo, y además tengo la ventaja de aprender portugués cuando me los leo. ¿No os parece el paraíso?

(Portada de una edición americana que recopiló la saga)

Pero vamos a lo que vamos, ¿qué encontramos en Círculo de Sangre? Sencillamente las páginas que relanzaron al personaje en el universo Marvel. Hasta entonces el Castigador deambulaba por las diversas series (Spiderman, Daredevil, etc) como un segundón que aliñaba las andanzas de los personajes favoritos del público, pero de protagonismo, pues más bien poco. Con este arco argumental el personaje madura hasta tal punto que se puede hablar de un antes y un después de estas páginas. Frank Castle es un hombre atormentado por su pasado, con un feroz sentido de la justicia, tan crudo como violento. Tras ser detenido, ingresa en la prisión de la Isla de Ryker y vive su especial cautiverio, amenazado por la gran mayoría de los reclusos, detestado por los guardas y bajo la atenta mirada del director del recinto, que tiene otros planes para él.

A partir de ahí Grant elabora una historia de género negro con el Castigador más macabro y despiadado que se recuerda.

 

Otro aliciente para adquirir la obra, era sin duda, los lápices de Mike Zeck. Si no me falla la memoria estas fueron sus primeras páginas importantes. Tras realizar este trabajo se convirtió en una figura emergente en la casa de las ideas y le abrió paso en colecciones como el Capitán América o Spiderman. Su dibujo estuvo presente en grandes obras marvelitas de finales de los ochenta y principios de los noventa como “la última cacería de Kraven” o las famosas “Secret Wars”. Hace tiempo que le perdí la pista, ¿alguien sabe algo de este autor?

Bueno, pues en el caso que nos ocupa a Zeck se le nota que todavía está algo verde. Aunque tiene momentos en los que demuestra su categoría como dibujante, sobre todo a nivel narrativo, le falta la constancia. La saga tiene un comienzo muy bueno, pero conforme avanza Zeck pierde fuelle y su impacto es cada vez menor, cambiando incluso el estilo. Incomprensiblemente, el último número, está dibujado un tal Mike Vosburg, desconozco las causas de este hecho que no hace más que confirmar que el apartado gráfico va de más a menos.

¿Merece entonces la pena hacerse con este círculo de sangre? Sin duda, pese a tener esos altibajos que ya comentamos. Primero porque es una saga clásica en la historia de Marvel, segundo porque marca el devenir del personaje, y tercero porque el tandem Grant-Zeck ralla a un buen nivel. Motivos suficientes para hacerse con un trocito de la historia de Marvel.

Mientras tanto, a mi me sigue rondando por la cabeza la misma pregunta, ¿qué habrá sido de Mike Zeck?

Andrew Zimmerman

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