Feliz Cumpleaños, mis favoritos
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Hablando sobre qué hacer por nuestra semana de cumpleaños (el del blog, curiosamente, cercano a mi cumpleaños real) nos propusimos culminar un proyecto algo más ambicioso, demasiado quizás. Queríamos elegir entre una obra de cada una de las artes que aquí debatimos y explicar porqué nos gusta, porque esa y no otra, podemos señalar como nuestra obra preferida. Y yo voy a ser el primero, a ver qué me sale:

Un trabajo discográfico, una película, un cómic y, finalmente, un libro.

Y mi DISCO FAVORITO es…. (Redoble de tambores)

Una semana en el motor de un autobús (Los Planetas).

Oh, que decepción, pensarán algunos, que obvio. Pues sí, los Planetas y su celebérrimo disco estrella, probablemente su mejor disco y el de mayor calado emocional en el público. Pensé en elegir el Agila, de Extremoduro, o Blonde on Blonde de Bob Dylan, o Tejido de Felicidad de Chucho, o Wilco y su Ghost in a Born, por poner un ejemplo más reciente. Pero no, creo que si soy sincero y miro a mi interior, este es el disco que más he escuchado y que más veces he disfrutado. De una manera sufrida, pero liberadora. En silencio, pero a voces. Y es que Una semana en el motor de un autobús, está repleto de contradicciones.

La primera, un grupo hace algo que en España aún nadie había probado, que empieza con un disco antológico (Super 8) repleto de distorsiones, con una voz usada como un instrumento más, melódico a la par que contundente, eminentemente pop, revoluciona el panorama independiente actual y encabeza el movimiento indie de los noventa. El grupo intenta dar un salto cualitativo y sobre todo cuantitativo a nivel de ventas con su segundo disco, Pop, que encima lo lanza una multinacional… Y se estrellan estrepitosamente. Pese a ser un disco muy disfrutable, no resulta el boom esperado y el grupo cae en depresión demorándose su nuevo disco más de lo recomendable. Entonces, se encierran de nuevo en el estudio, y construyen su disco más oscuro, más doloroso y más alternativo. Le meten arreglos en formas de violines, la voz alcanza un protagonismo especial (variopinta, inclasificable) y lo conceptualizan. El disco habla de un amor perdido, la caída en picado de la persona que lo sufre, su posterior entrega a las drogas y finalmente, la redención. Un proyecto arriesgado, sin single claro, un todo o nada que podía llevar a Los Planetas irremediablemente al fracaso… o al estrellato. El resto, por supuesto, lo sabemos y es historia de las mejores páginas del Pop independiente español.

A nivel personal que puedo decir. Este disco serigrafiaba el desamor, con un J rencoroso, dolorido, sumergido en las tinieblas más profundas. Y yo me encontraba exactamente así. Recuerdo las mañanas y noches dentro del autobús (una casualidad, una ironía del destino) camino a Puerto Real, dónde estaba por entonces mi facultad, con el walkman en el último asiento, escuchando y destripando este disco. Destripándo a mí mismo por dentro. Recuerdos frases que hablaban de mí y por mí (“Y si piensas volver, si lo has pensado alguna vez, puede que yo ya no esté” “Si tuve miedo fue porque acabara así, y todo el tiempo que he desperdiciado se puede volver de nuevo contra mi” “A veces pienso en lo estúpido que fui, las fuerzas que gasté, el tiempo que perdí”), recuerdo el dolor reciclándose hasta quedar desvanecido en la nada. ¿Quién me iba a decir que mi primer desamor serio vendría estrechamente vinculado a mi disco favorito? ¿Es posible disfrutar desde el dolor? Este disco me ayudó y me sirvió de apoyo. En serio. Segunda contradicción.

Aprendí entonces, que la música, aparte de un modo de protesta, era también una manera de exorcizar demonios, una pócima curativa, un bálsamo contra el dolor que te infringe la vida misma. Una semana en el motor de un autobús es, también, un antídoto contra el desamor, obligándote a entender el dolor, a aceptarlo y manosearlo hasta interiorizarlo. Y es, por si fuera poco, un disco riquísimo a nivel musical, dónde cada miembro de Los Planetas encontró lo mejor de sí mismo. Pese a haber hecho, mucho y bueno, Los Planetas jamás llegaron, hasta día de hoy, a esa cúspide musical que supuso este inmenso trabajo. Aprendí, también, que la música debe tener algo de especial, de generacional, de empatía, de personal, para hacerla, finalmente eterna. Por eso este disco es eterno, y es, además, mi disco favorito.


Mi PELÍCULA FAVORITA es… (Redoble de tambores)

…Antes del amanecer/Antes del atardecer.

Las películas que siempre intenté difundir y jamás entendieron mis amistades, mi pareja, mis conocidos… etc.

¿Por qué me gusta esta película?, me han preguntado alguna vez. Pues… porque tiene todo lo que tiene que tener una película para emocionarme. Porque si yo escribiera una historia de amor, me gustaría que fuera esta, porque si yo viviera un amor de película, me gustaría que fuera como el de estas películas. Porque, pese a las evidentes diferencias, como me pasa con el disco de Los Planetas, me siento identificado con el personaje.

Centrémonos en las películas. Antes del amanecer. Dos jóvenes desconocidos establecen una conversación en un tren. Él sigue indefinidamente el recorrido, pero ella se apea en la siguiente parada, y debe quedarse en la ciudad hasta que llegue su próximo tren, la mañana siguiente, con el que hará transbordo. Se encuentran a gusto juntos, así que ella le ofrece la posibilidad de bajar en la siguiente parada y pasar una noche juntos por la ciudad, justo el periodo que tarda en salir su otro tren. Él, siguiendo su instinto, se baja y pasan la noche juntos, de bar en bar, de parque en parque de la ciudad. Antes del atardecer, es, sencillamente, su continuación trece años más tarde.

Esta atípica historia de amor es una maravilla en cuanto a su lenguaje gestual. Genial como los personajes tienden a acercarse poco a poco, como comparten cada vez más gestos, más señales, como ganan en confianza. Es además, una película que se rueda a tiempo real, con diálogos inteligentes, reales, que apenas tienen cortes en su primera parte, y que no tiene ningún corte entre escena y escena en su segunda parte. Un prodigio de actores, que se hacen creíbles dentro de la piel de sus personajes.

Él me gusta porque no es el guapo de turno, es más, es rarito, pero tiene tal verborrea que, de alguna manera, se gana a la chica, y me recuerda sospechosamente a mí mismo. Me gusta la sinceridad con la que habla, el que es un personaje exento de miedos, capaz de decirse verdades a sí mismo, valiente, descarado y romántico. Ella es, sin duda, el tipo de rubia que me gustaría si me gustaran las rubias, un encanto en forma de mujer. Una mujer crítica, inquieta, a la que le gusta conocer el mundo, con voz política, culta y divertida. Lo tiene todo, incluso esa mirada angelical, incluso esa sonrisa irrechazable. Me gusta, además, lo humanos que se muestran, y la naturalidad de los actores, que me parecen que hacen un trabajo sobresaliente. El enclave elegido para cada película, y el halo poético que desprende el rodaje, son, también, puntos a favor.

Muchas veces lo he pensado, si hubiera inventado una hermosa historia de amor, sería esencialmente así. Con momentos irrepetibles, impredecible desde el primer instante, sorpresiva. Tierna, nostálgica y de final incierto. Para mí, esta historia lo tiene todo. Siempre soñé con un hada camuflada, que en nuestro tiempo, venía a rescatarme vestida de paisana. Siempre soñé en que si la perdiera, alguna vez el destino la devolvería a mis brazos. Siempre soñé, que además era guapa, e inteligente, y tierna, y considerada, siempre soñé, en definitiva, así el amor. Tan ideal, tan real. Como un cuento hallado en la vida misma.

Mi LIBRO FAVORITO es…. (Redoble de tambores)

Los Detectives Salvajes (Roberto Bolaño).

Ya hablé largo y tendido aquí de este libro. Lo que siempre me ha gustado de Bolaño es su universalidad, su manera de pasar de la parte más aborrecible del ser humano a la más admirable, su capacidad para relatar desde todos los puntos de vista (primera, tercera persona), su facilidad para montarte mil historias en apenas trescientas páginas. En sí mismo, Bolaño, es el tipo de escritor que a mí me gustaría ser. Realiza lo que denominó Paco como “una novela total”, abarca un poco de todos los géneros y los confluye hasta hacerlos contemporáneo. Basta leer este mismo libro o 2666 para viajar a lo largo de todo el mundo y situarse en mil y unas ciudades, en mil y una circunstancias. Sus personajes pasan por ser ricos, pobres, desdichados, afortunados, amables, crueles, solitarios, sociables, marginados, trabajadores, inmigrantes, grandes jefes, soldados rasos, poetisas, prostitutas, amas de casa… etc. Es un reflejo real de la sociedad contemporánea (desigualdades, violencia… pero también amores, historias increíbles) y también un análisis exhaustivo de nuestras virtudes y defectos. Habla también de la pérdida de la inocencia, de los sueños frustrados, y se tratan, en definitiva, de novelas que también abarcan lo emocional, más que lo situacional. Eso que hace especial a cada individuo y no se sabe muy bien qué es.

Esta novela, además, tiene un elemento que me fascina. Cómo logra Bolaño a través de su alter ego, describirlo tan fielmente y a la vez, hacerlo sentir un extraño. Como logra describir una sociedad entera sin especificar siquiera las intenciones de sus personajes principales, Arturo Belano y Ulises Lima. Eso es, amigos, pura literatura. Brutal, admirable, irrepetible. En fin, para bucear más aún en su novela, ya existe un post que la examina a fondo. En cuanto a mí, personalmente creo, que en gran parte, soy escritor frustrado por fenómenos cómo Roberto Bolaño, que me hacen cosquillas en mi conciencia, que me animan y casi me obligan a intentar crear, y transmitir, a través de mis propias historia, la milésima parte de lo que ellos hicieron.


Mi CÓMIC FAVORITO es… (Redoble de tambores)

Blankets (Craig Thompson).

Si os fijáis, y han leído ordenadamente mis preferencias en todos los ámbitos aquí citados, hay características que me llaman la atención y repito muchísimo, sea cual sea la obra analizada. La empatía, sentirme identificado con aquello que veo, escucho, leo, canto… Tendré un punto ególatra, un ombliguismo desmesurado, pero el caso es que si no transciende a lo personal, no me llega de igual manera.

Blankets tiene todo lo que me gusta de una historia que sobrepasa esa línea y se sitúa en lo personal. Tiene ese intimismo, esa reducción de hábitat que lo hace un lugar apacible, recogido y calentito. Tiene, también, ese vistazo nostálgico a la infancia. Ahí me siento plenamente identificado, pues mi infancia la pasé con mi hermano, y casi todos mis recuerdos son, a la vez, sus recuerdos. También transgrede a lo personal cuando habla de los campamentos y de vinculación de esos campamentos con la religión. Salvando las distancias, mis campamentos también estaban vinculados con el aspecto religioso, también me obligaban a pensar en el tema, y también, además, servían en el fondo para conocer gente y pasarlo bien al lado de tu gente.

Más aspectos que hacen de Blankets una obra que casi copia una parte de mi vida (debería denunciar a este autor): El episodio amoroso. Yo creo que con mis pequeños, y a la vez, inmensos amores, he crecido como persona, y cuando he acordado, el espejo me devolvía la cara de un adulto. Por suerte o desgracia, mis contados episodios amorosos me han acompañado en épocas clave de mi vida, y me han ayudado a entenderla, llevándome desde la más tierna infancia hasta los primeros síntomas de madurez que experimento hoy en día. El salto al mundo adulto fue, igualmente, la conciencia real de los problemas que suponen los diferentes intereses que pueden tener las personas, definirte en un “yo” propio, el significado real de las palabras “tiempo y distancia”, y finalmente, el significado del amor y sus caminos complementarios. La rotura del armazón, ese caparazón opaco y desvalido que se desintegra dejando a un yo adulto preparado para combatir en la vida real, tiene su exponente gráfico en Blankets. Una obra única, que tras la constatación que Watchmen o Maus dejaron de que el cómic podía ser un medio más para estudiar, ilustrar y comprender que pasaba en este mundo, puso de manifiesto que, además, podrían ser un reflejo fidedigno de nuestras experiencias personales, situándose en tu corazón y encontrando acomodo para siempre, pues al fin y al cabo, no hablaba de unos personajes imaginarios, ni de Thompson, sino de algo más importante: nosotros mismos.

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Cumpleaños Feliz, El Club De Los Imposibles
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Hola….

… ¿Estáis ahí?

 
 
 
 

Hoy cumplimos un año. Sí, el blog, la web, nuestro propio espacio en la red. Los Imposibles ya contamos un año. Y hemos aprendido a hablar. Obviamente, en sentido figurado, pero también en el sentido literal.

 

Permítanme invitarles a revisar las primeras entradas de este blog. ¿Las leen? Repletas de ilusión, ¿verdad? Pero también torpes, imprecisas, extensas o cortas, algo difuminadas. Con el tiempo hemos aprendido a tener voz propia, a sostener y manifestar nuestras sensaciones sobre el arte (en todos sus ámbitos), cada uno ha inventado su rol y escribe cómodo, con personalidad reconocible. Hemos aprendido, pues, a volar, a navegar cómo piratas en la mar cibernético de la red. Nos fijamos, y nos creamos pues, nuestro propio rumbo. Y somos los mismos, claro. No hemos cambiado. O al menos, no hemos cambiado en la base (en nuestras circunstancias sí), en las características propias que nos definen. Se puede decir, entonces, que hemos crecido.

 

En un año en el que hemos permanecidos más separados que nunca, utilizamos el blog como nexo de unión de nuestro espíritu de grupo (hay más, llamadas, encuentros, conciertos… etc.). Andrew Zimmerman ha vivido en Murcia y Oporto, Eterno Viajero en Jerez y en miles de campamentos e inmerso experiencias a lo largo de la geografía española, y Scriers, un servidor, en Sevilla, Valencia, Palma de Mallorca, y ahora, Cartagena. Cómo veis, encontrar un lugar común supone una tarea difícil. Por eso, éste es nuestro sitio. Obviamente, el trabajo, los estudios, las amistades, el amor, la familia… todos los condicionantes de nuestras vidas nos marca, de una manera u otra, un camino a seguir. Ellos nos inducen y nosotros elegimos ese o variamos el rumbo. A veces hacemos bien, a veces hacemos mal. Lo cierto es que pasamos menos tiempo juntos del que a mí (y a ellos) me gustaría. Pero lo suplimos con la ilusión de vernos, porque sabemos, aunque quede extremadamente cursi, que nos queremos y que no habrá condicionante que nos separe. Nos juntamos en el pasado, obviamente porque compartíamos una serie de características que no nos las ofrecía otros seres de nuestro entorno. Al menos, no de la misma manera.

 

 

 

Nosotros, siempre lo he dicho, somos unos putos románticos. Creemos en ser cada día más “persona” y mejores personas. Creemos en formarnos y encontrar todo tipo de expresión que nos haga conocedores, que nos motive, que nos identifique, que nos encandile, que hable de una manera u otra de nuestro mundo, que nos permita reflexionar, que nos haga, al fin, crecer cada día que pasa. Creemos que nunca el tiempo es pedido y que la música, los libros, los cómics, las películas y cualquier forma de hacer arte, nos ayuda a ser lo que queremos ser. También a ser lo que estamos siendo ahora mismo, en este instante, mientras nos lees. Pero no sólo queremos eso, queremos, también, tener voz. Ser críticos, poder ver, tocar, oír, gustar, sentir. Por eso creamos este blog, El Club de los Imposibles. Nos gusta, además, que quiénes nos leen, sientan de una manera parecida. Ojo, no idénticamente, pero si parecida. Si os fijáis, ninguno de nosotros es exactamente igual. Podríamos etiquetarnos, y aún así, nos rasgaríamos las vestiduras cada dos días.

 

En este blog se han acumulado un total de 170 entradas. 82 Andrew Zimmerman, 25 Eterno Viajero y 63 Scriers. Esto hace una entrada cada tres días aproximadamente. Creo que es, de los blog que conozco, el único que no ha permanecido nunca en stand by, o se ha ido de vacaciones. Hemos permanecido fieles a un lector que no sabemos bien definir, pues no tenemos ni idea de quiénes nos siguen habitualmente y quiénes sólo estuvieron de paso. No tenemos un alto número de participaciones escritas, pero sí, un alto número de visitas (y no desde la misma ip precisamente). Creemos que hemos crecido gracias, en primer lugar, a que un señor llamado Rafa Caballero nos cedió gentilmente este lugar (¡Gracias Pirata!), y en segundo, porque el blog así lo ha merecido. Y creemos también, que pese a lo variado de la temática el blog, se caracteriza por tener personalidad propia y un mínimo de calidad a la hora de expresar sus gustos. Somos atípicos, raros, heterodoxos; porque nuestras reseñas son también opiniones, porque son más largas de lo habitual y abarcan muchos ámbitos, y también, porque no es que nos mojemos, es que nos pasamos todo el día en el agua, y aún así, repito, creemos salir airosos. Queremos que tú, querido lector, participes, y que además, también te mojes.

 

Y es que el mundo pasa delante de nuestros ojos como una hermosa mujer, y queremos, obviamente, bailar con ella… Felicidades Andrew Zimmerman, Felicidades Eterno Viajero.

 

Bienvenidos todos al Club de los Imposibles.

Scriers

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“La Arquitectura Del Aire De La Calle”, la garrapata oscura.
Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman Andrew Zimmerman

 

 

Fue llegar y besar el santo. Con su primer trabajo, un trío de jerezanos con dos componentes que no llegaban a los veinte años, revolucionaba el rock andaluz siguiendo los pasos de Veneno, Silvio, Triana, o por decir algo más cercano, los mismos Mártires del Compás. Contaban con un tremendo descaro y un sorprendente desparpajo, impropio de su edad, por no hablar de una increíble madurez sonora. Y eso con solo un disco en el mercado. En las calles de Jerez ya se seguían los pasos del trío calavera, era una especie de secreto a voces, se sabía que iban a firmar por una de las grandes multinacionales, pero no por cual. Al final, y tras un viaje a los madriles para aclarar el asunto, Virgin fue la que más se implicó en el proyecto, poniendo sobre la mesa un contrato a largo plazo, así se llevó el gato al agua.

Con “El Sentimiento Garrapatero Que Nos Traen Las Flores”, Los Delinqüentes se dieron a conocer y se asentaron como propuesta de futuro. Si mi memoria no me falla y no confundo los datos, creo que llegaron a ser disco de oro, que por entonces se asentaba en cincuenta mil copias. Fueron sintonía de algún programa, de los juegos ecuestres, sonaron en las radios y se patearon media España (Festimad inclusive) tocando allá donde se la gente los querían escuchar. Y el boca a boca hizo su función y en poco más de año y medio Los Delinqúentes eran conocidos en gran parte de la geografía española.

Lamentablemente tan rápida ascensión trajo consecuencias negativas para el grupo. Aunque ellos seguían girando y girando con una sonrisa en la cara, su alma mater, Miguel Benitez ya andaba coqueteando con las drogas. Tampoco pretendo ahondar mucho en este tema, sólo lo menciono por las consecuencias que trajo musicalmente, y es que, en su segundo trabajo, el sonido garrapatero de los Delinqüentes pierde, por momentos, matices y colores, y se envuelve en un tono grisáceo, como si de un día de lluvia se tratase.


“La Arquitectura Del Aire De la Calle” pasó de puntillas frente al público. Aunque su promoción no fuera espectacular, fue el propio grupo, cuando ya comenzó a tener problemas, el que no pudo defenderlo como se merecía. Y es que aquí encontramos los momentos más inspirados de toda su discografía, sí, como efecto inexplicable argumentaremos que cuanto más oscuros se vuelven, cuanto más se alejan de su sello distintivo (la alegría y el desenfado), mejor suenan.

Hablo de momentos puntuales del disco, claro está, no hay que pensar que estamos ante un disco tétrico ni mucho menos. De hecho, en general, el disco sigue la estructura de su antecesor. Tiene una presentación a modo de carromato cirquense para abrir boca, en “Los Delinqüentes y La Banda Del Ratón” nos cuentan un poco sus orígenes y su personalidad garrapatera.

Le sigue “La Niña De La Palmera”, un tema que compuso Miguel y que formaba parte de la primera maqueta del grupo, tema que fue retocado varias veces, en su música y su letra, hasta ser el single de este segundo trabajo. Como single me parece una buena elección, es pegadizo y alegre, también romántico, incluso nostálgico. Tiene un estribillo arrebatador; “solo, solito voy bajo la luna llena, de tus ojos soy cautivo, de tus labios centinela”, ¿no os parece?.

Después comienza ese encrudecimiento sonoro del que hago mención. Y precisamente comienza con ello el Canijo, “Caminito del Almendro” es una `seudoapología a la naturaleza, habla de la playa, del viento, de los amigos, de hogueras, de lagartijas y tomates. Vamos, que el Canijo sigue con su surrealismo naturista para invitarnos a huir de la ciudad, irnos a la playa y tocar la guitarra. Por mi perfecto. Como anécdota, comentar que formó parte de la banda sonora de uno de mis veranos más bonitos de mi vida, el del año 2004.

“Poeta Encadenado” es la razón de ser de este post. Un temazo de principio a fin, bien construido, mejor desarrollado y perfectamente ejecutado. Parece como si Triana hubiese renacido y se marcara el tema con los Delinqüentes. Diego Pozo está sublime a las guitarras, er Migué está en su mejor canción, parece que canta con el corazón encogido, y a los coros el Canijo, reforzando la voz de su colega. Todo parece congeniar perfectamente en esta falsa bulería que nos habla de la relación del compositor con las drogas, la catarsis creativa bajo el estado de libertad que los estupefacientes ofrecen, relata la batalla, el tira y afloja contra él mismo. Temazo, temazo y temazo.

“La Ragazza Del Elevatore” es un homenaje a Silvio, a ese rockero sevillano que murió con su inagotable buen humor en la barra de los bares. Es un tema que ayuda a digerir ese Poeta Encadenao y que reconduce al disco por el camino de la alegría. “Medicina y Mucho Ruido” me parece el tema más flojo del disco, su intención, imagino, que debía ser la de divertir al personal, pero no termina de convencerme. Ni letra ni música. Prescindible.

Y llegamos al tercer momento de oscuridad. “La Madriguera”. Este en clave de desamor puro y duro. Sin duda, otro gran momento del disco. Abre la canción unos simpáticos coros que no hacen presagiar el torrente nostálgico que se avecina. Es entonces cuando se arranca er Migué “niña que tristeza hay en tu alma, que pena están gritando tus pupilas..”. A partir de ahí huir del tema me parece una misión imposible.

A este tema le sigue una crítica feroz del Canijo a los managers de las discográficas. “El Telescopio Cósmico” es un corte divertido e imaginativo, ya que compara a estos señores con extraterrestres malvados en busca de poder. Por si acaso alguien duda de los Delinqüentes, ellos lo dejan claro con un pegadizo estribillo “Que no, que no, que no me cambian los colores”.

“Joaquín Carachapa y la Pequeña Nube” es otro desvario de surrealista del Canijo. Una historia llena de personajes inventados, elementos naturales, dinero, persecuciones, amor y desamor, un conglomerado de imágenes que relatan la historia de Joaquín Carachapa. El Canijo se marca la voz, se hace los coros, los ruidos, prácticamente todo, es surrealismo puro y duro, pero surrealismo garrapatero, claro está.

“Amor Plutónico”, “Gato Callejero” y “El Rey Del Regaliz” cierran un disco que, quizás, fue demasiado heterogéneo para conseguir un resultado conceptual y decididamente coherente.

Para mí “La Arquitectura Del Aire De la Calle” siempre será el disco oscuro de los Delinqüentes, un disco que, pese a que siempre estará en un segundo plan, marcó un antes y un después en el grupo. Con él, y como si de una mala predicción se tratase, se cerró el ciclo de Miguel Benítez en Los Delinqüentes, perdiendo para siempre parte de su alma.

Años después, el Canijo y el Ratón supieron esquivar los problemas y las enormes adversidades, hacerse fuertes hasta recuperarse del terrible destino, y, al tiempo que escondían los pañuelos lacrimosos, sacaban la guitarra y entonaban aquello de “después del humo negro, hay que ser valiente y despertar”.

 Andrew Zimmerman

 

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Mártires Del Compás: Flamenco Billy. La raíces de la fusión.
Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman Andrew Zimmerman

 

Año 1995. Irrumpe en la escena musical sevillana un grupo con un estilo cercano al flamenco, pero al que ni los propios especialistas del medio saben etiquetar. Su mezcla de estilos bajo el soporte del flamenco es algo, por aquel entonces (estamos hablando de hace ya 12 años), bastante arriesgado. Su nombre, Mártires Del Compás, y su primer disco Flamenco Billy, acabaría por bautizar el peculiar estilo de la banda.

Chico Ocaña llevaba algún tiempo movilizando al grupo una vez completado su traslado a Sevilla. Allí eran conocidos porque a pesar de no haber grabado ningún trabajo discográfico habían realizado varios conciertos memorables. Con Flamenco Billy descolocan a propios y a extraños y comienzan una larga trayectoria con punto final en este mismo año 2007. Lo que en principio fue concebido para ser un grupo de animación cultural desplegaba sus alas flamencas en busca de un público heterogéneo, dispar y con cabida para todos. Sin embargo, nunca fueron grupo de grandes masas.

Flamenco Billy es un disco que abrió paso a un movimiento muy candente en la actualidad, el del flamenco fusión, que hace años no gozaba del enorme apoyo popular de nuestros días. Por ser pionero en su estilo, considero interesante rescatar este clásico del rock andaluz.

Mártires se presentan en sociedad con un disco optimista, festero, de evidente influencia andaluza en su sonido. Sevillanas, rumba canalla, percusión, guitarrazos, rock, quejios flamencos, etc. Son tantos sus recursos que es mejor escucharlo detenidamente.

Escuchar a Mártires te dibuja una sonrisa en el rostro.

 


A su favor decir que cuenta con la ingenuidad y el desparpajo propios del primer disco. En este primer trabajo, Mártires se libra de complejos y van al grano. Conforme avanza su discografía su sonido parece volverse más áspero, más aguerrido.

Para quien no se haya acercado a este grupo, conviene advertir que uno de los grandes atractivos de Mártires es la significativa voz del líder de la Banda, Chico Ocaña. Desgarrada, como si su garganta hubiera sido lijada antes de grabar el disco, y macarra al más no poder, parece haber salido de los cimientos de pleno Polígono Sur de Sevilla. Es, sin duda, uno de los rasgos distintivos de Mártires. Otro de sus puntos fuertes reside en su rica instrumentalizad.

Flamenco Billy guarda también, además de la estilística, una gran variedad temática. Encontramos desde la cotidianeidad de temas como “Sevillana Billy” o “Tiriti Rap”, donde prima la tercera persona, a otros más concretos como “San Roque” o “Juan Tirita”, centrados en un lugar o una persona. Quien indague en Martires, podrá comprobar que en sus discos venideros encontraremos más de estas canciones-biografía, que nos descubren la vida de algún personaje peculiar. Tampoco faltan temas más románticos, siempre con ese duende flamenco presente, me refiero a la preciosa “Por Tu Ventana” o la rumbera “Échale, Échale”.

Es mejor no mirar con lupa la capacidad literaria de Ocaña, siendo preferible perdonarle esas rimas metidas con calzador y esas frases kilométricas, pensando que es parte del descaro propio de los Mártires, incorrectos académicamente, tanto en lo musical como en lo literario.

Mártires pasaron a mejor vida este año por desavenencias entre los miembros del grupo. Su líder, que tenía otro modus operandis, se largó y de los cimientos de Mártires ha surgido Pellizco (http://profile.myspace.com/pellizco). Pero desgraciadamente Mártires se mueve al compás de los quejios de Ocaña y mucho tiene que evolucionar Pellizco para librarse de la enorme sombra de este.

Flamenco Billy, es el disco emblema de la banda, a mi personalmente es el que más me gusta. En su portada podemos ver la cara de un cristo partida por la mitad, donde se dibuja la sonrisa de un payaso. Una portada que dice mucho de la banda, desde su procedencia sevillana hasta el carácter alegre de su música.

Seguro que al igual que los buenos vinos, el tiempo sentará muy bien a los discos de Mártires Del Compás. Hoy en día, que la fusión se ha vuelto tan artificial, conviene recordar quien fue marcando el camino, quien dejó sus huellas al compás del latido del barrio de la Macarena, de la plaza de la Alameda y del resplandeciente sol sevillano.

Andrew Zimmerman 

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La barbarie hecha pijama, El niño con el pijama de rayas
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Como ya he comentado en muchas ocasiones, a veces, más de lo aconsejable, suelo darle validez a prejuicios infundados. En este caso, me pasó con “El niño del pijama a rayas”, un libro muy “de moda” que me aconsejó y regaló mi padre hace algunos meses. Lo mantuve en la nevera unos meses hasta que me descargué de otras prioridades, o las solventé, y le di una oportunidad al libro. 

 

Los prejuicios vienen desde el día que empezó a aparecer ese libro como “fenómeno” literario en multitud de espacios culturales (revistas digitales, prensa generalista, prensa gratuita y dominicales). La invasión parecía inminente y al poco tiempo, el libro ya copaba los puestos más altos de la lista de libros comprados en España. Y yo siempre he sentido animadversión por los libros que nos “venden” los medios de comunicación. Siempre he sentido la literatura como algo romántico. Me gusta perderme en las librerías y dejarme llevar por mi instinto, por impulsos, por argumentos y sinopsis que considere atractivos. Me gusta pasar horas y horas por los pasillos, rodeado de libros, soñando que todos esos libros pudieran ser míos, imaginando qué historias llevan en sus páginas. Con la pequeña descripción del reverso del libro me sobra y me basta. Vale, admito unos artículos en profundidad y bien escritos en algún medio especializado, como medio de difusión. Pero ya está. El fenómeno “Codigo Da Vinci” me quema por dentro. Es algo más que debatido con alguna de mis amistades. Huyo del fenómeno impulsor de una literatura rápida para una sociedad rápida, con unos márgenes estrechos de acción y características muy similares. ¿Cuántas novelas han salido al mercado desde entonces que se basen en asociaciones secretas y describan elementos reales y representativos de ciudades importantes en los últimos años? ¿Miles? ¿Millones? Lo siento, no puedo, soy de otra manera.

 

El caso es que así, bañado por la publicidad que lo envuelve, “El niño del pijama a rayas” llegó a mis manos, y no tenía confianza en él, para qué vamos a negarlo. Pero finalmente, y tras leerlo, creo que ha sido una lectura muy placentera. Y sobre todo, más que por su literatura o por la calidad de su historia, me parece una novela muy inteligente. Es inteligente porque el autor ha sabido, con un esquema muy simple y apenas un puñado de personajes, tejer una novela con un fin muy claro, una novela entrañable, bonita y disfrutable por toda la familia. John Boyne, su autor, ha sacado provecho de una idea sencilla pero compleja en su desarrollo, o por lo menos, en llevarlo a cabo. Y es que tiene una dificultad desde su origen. Debe presentar, desde los ojos de un niño, una novela para adultos y para niños, en resumen, para toda la familia. Y eso es extremadamente complejo, y eso lo sabrán quiénes en alguna ocasión haya intentado crear algo. 

 

Entonces, precisamente ese, me parece el mayor acierto de la novela. Boyne construye una novela que juega con adultos y niños. Con los adultos, porque consigue captar su atención hasta el final siendo desde el principio conocedores de todo lo que pasa realmente en la vida de Bruno, su protagonista (¿Quién no conoce, aunque sea de oídas, el lugar dónde se desarrolla la acción?). Con los niños, porque, precisamente por hallarse perdidos, sin capacidad de entender nada de lo que sucede a su alrededor, también los consigue acompañar hasta el final. Unos porque saben, otros porque ignoran, llegan al final del libro de la mano del sentir de Bruno, un niño. Un niño, en todos los sentidos. Un niño de gran corazón, pero que también odia, se resigna, se avergüenza de sus actitudes, se pregunta, se cuestiona su realidad, se rebela, y finalmente, explora. 

 

Y es que, el libro, a parte de ser tener un fin específico, también tiene otras virtudes, otras lecturas. Lo ridículas que resultan en ocasiones las convicciones adultas, la educación y manipulación de la infancia, la libertad del individuo y lo absurdo de las barreras existentes entre personas por condición de raza, sexo, religión… etc. Y sí, tiene algunas pegas. Es una literatura sencilla (no podía ser de otra forma, no obstante). No busques aquí un excelente escritor. El desarrollo de la novela es demasiado predecible. En el momento que Bruno conoce a Shmuel, ya se intuye todo lo demás. La continúa sensación de “Deja vu”, que elude a obras como “El Principito”, “Momo” y otras obras que a través de los ojos de un niño presenta una crítica a los adultos. Sí, todo eso y más, es cierto. Pero es que cuando has hecho resumen, resulta que la novela te ha emocionado, enternecido e incluso divertido, aunque la moralina final pueda terminar empachando (por obvia). Vamos, que me ha gustado.

 

 Para acabar, decir que, conscientemente, hago caso al editor y no desvelo casi nada del contenido de la historia. Es adrede. Así se disfruta mucho más la novela. El que quiera hacerlo, que no lea este último pensamiento:

 

Me da la sensación de que John Boyne estaba viendo La Vida es Bella, de Roberto Begnini cuando pensó… ¿Y si lo relatáramos desde el punto de vista de un niño del otro bando? ¿Qué os parece a ustedes?

Scriers

 

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