Hablando sobre qué hacer por nuestra semana de cumpleaños (el del blog, curiosamente, cercano a mi cumpleaños real) nos propusimos culminar un proyecto algo más ambicioso, demasiado quizás. Queríamos elegir entre una obra de cada una de las artes que aquí debatimos y explicar porqué nos gusta, porque esa y no otra, podemos señalar como nuestra obra preferida. Y yo voy a ser el primero, a ver qué me sale:
Un trabajo discográfico, una película, un cómic y, finalmente, un libro.

… Una semana en el motor de un autobús (Los Planetas).
La primera, un grupo hace algo que en España aún nadie había probado, que empieza con un disco antológico (Super
repleto de distorsiones, con una voz usada como un instrumento más, melódico a la par que contundente, eminentemente pop, revoluciona el panorama independiente actual y encabeza el movimiento indie de los noventa. El grupo intenta dar un salto cualitativo y sobre todo cuantitativo a nivel de ventas con su segundo disco, Pop, que encima lo lanza una multinacional… Y se estrellan estrepitosamente. Pese a ser un disco muy disfrutable, no resulta el boom esperado y el grupo cae en depresión demorándose su nuevo disco más de lo recomendable. Entonces, se encierran de nuevo en el estudio, y construyen su disco más oscuro, más doloroso y más alternativo. Le meten arreglos en formas de violines, la voz alcanza un protagonismo especial (variopinta, inclasificable) y lo conceptualizan. El disco habla de un amor perdido, la caída en picado de la persona que lo sufre, su posterior entrega a las drogas y finalmente, la redención. Un proyecto arriesgado, sin single claro, un todo o nada que podía llevar a Los Planetas irremediablemente al fracaso… o al estrellato. El resto, por supuesto, lo sabemos y es historia de las mejores páginas del Pop independiente español.
A nivel personal que puedo decir. Este disco serigrafiaba el desamor, con un J rencoroso, dolorido, sumergido en las tinieblas más profundas. Y yo me encontraba exactamente así. Recuerdo las mañanas y noches dentro del autobús (una casualidad, una ironía del destino) camino a Puerto Real, dónde estaba por entonces mi facultad, con el walkman en el último asiento, escuchando y destripando este disco. Destripándo a mí mismo por dentro. Recuerdos frases que hablaban de mí y por mí (“Y si piensas volver, si lo has pensado alguna vez, puede que yo ya no esté” “Si tuve miedo fue porque acabara así, y todo el tiempo que he desperdiciado se puede volver de nuevo contra mi” “A veces pienso en lo estúpido que fui, las fuerzas que gasté, el tiempo que perdí”), recuerdo el dolor reciclándose hasta quedar desvanecido en la nada. ¿Quién me iba a decir que mi primer desamor serio vendría estrechamente vinculado a mi disco favorito? ¿Es posible disfrutar desde el dolor? Este disco me ayudó y me sirvió de apoyo. En serio. Segunda contradicción.
Aprendí entonces, que la música, aparte de un modo de protesta, era también una manera de exorcizar demonios, una pócima curativa, un bálsamo contra el dolor que te infringe la vida misma. Una semana en el motor de un autobús es, también, un antídoto contra el desamor, obligándote a entender el dolor, a aceptarlo y manosearlo hasta interiorizarlo. Y es, por si fuera poco, un disco riquísimo a nivel musical, dónde cada miembro de Los Planetas encontró lo mejor de sí mismo. Pese a haber hecho, mucho y bueno, Los Planetas jamás llegaron, hasta día de hoy, a esa cúspide musical que supuso este inmenso trabajo. Aprendí, también, que la música debe tener algo de especial, de generacional, de empatía, de personal, para hacerla, finalmente eterna. Por eso este disco es eterno, y es, además, mi disco favorito.
Mi PELÍCULA FAVORITA es… (Redoble de tambores)

…Antes del amanecer/Antes del atardecer.

Las películas que siempre intenté difundir y jamás entendieron mis amistades, mi pareja, mis conocidos… etc.
¿Por qué me gusta esta película?, me han preguntado alguna vez. Pues… porque tiene todo lo que tiene que tener una película para emocionarme. Porque si yo escribiera una historia de amor, me gustaría que fuera esta, porque si yo viviera un amor de película, me gustaría que fuera como el de estas películas. Porque, pese a las evidentes diferencias, como me pasa con el disco de Los Planetas, me siento identificado con el personaje.
Centrémonos en las películas. Antes del amanecer. Dos jóvenes desconocidos establecen una conversación en un tren. Él sigue indefinidamente el recorrido, pero ella se apea en la siguiente parada, y debe quedarse en la ciudad hasta que llegue su próximo tren, la mañana siguiente, con el que hará transbordo. Se encuentran a gusto juntos, así que ella le ofrece la posibilidad de bajar en la siguiente parada y pasar una noche juntos por la ciudad, justo el periodo que tarda en salir su otro tren. Él, siguiendo su instinto, se baja y pasan la noche juntos, de bar en bar, de parque en parque de la ciudad. Antes del atardecer, es, sencillamente, su continuación trece años más tarde.
Esta atípica historia de amor es una maravilla en cuanto a su lenguaje gestual. Genial como los personajes tienden a acercarse poco a poco, como comparten cada vez más gestos, más señales, como ganan en confianza. Es además, una película que se rueda a tiempo real, con diálogos inteligentes, reales, que apenas tienen cortes en su primera parte, y que no tiene ningún corte entre escena y escena en su segunda parte. Un prodigio de actores, que se hacen creíbles dentro de la piel de sus personajes.
Él me gusta porque no es el guapo de turno, es más, es rarito, pero tiene tal verborrea que, de alguna manera, se gana a la chica, y me recuerda sospechosamente a mí mismo. Me gusta la sinceridad con la que habla, el que es un personaje exento de miedos, capaz de decirse verdades a sí mismo, valiente, descarado y romántico. Ella es, sin duda, el tipo de rubia que me gustaría si me gustaran las rubias, un encanto en forma de mujer. Una mujer crítica, inquieta, a la que le gusta conocer el mundo, con voz política, culta y divertida. Lo tiene todo, incluso esa mirada angelical, incluso esa sonrisa irrechazable. Me gusta, además, lo humanos que se muestran, y la naturalidad de los actores, que me parecen que hacen un trabajo sobresaliente. El enclave elegido para cada película, y el halo poético que desprende el rodaje, son, también, puntos a favor.
Muchas veces lo he pensado, si hubiera inventado una hermosa historia de amor, sería esencialmente así. Con momentos irrepetibles, impredecible desde el primer instante, sorpresiva. Tierna, nostálgica y de final incierto. Para mí, esta historia lo tiene todo. Siempre soñé con un hada camuflada, que en nuestro tiempo, venía a rescatarme vestida de paisana. Siempre soñé en que si la perdiera, alguna vez el destino la devolvería a mis brazos. Siempre soñé, que además era guapa, e inteligente, y tierna, y considerada, siempre soñé, en definitiva, así el amor. Tan ideal, tan real. Como un cuento hallado en la vida misma.
Mi LIBRO FAVORITO es…. (Redoble de tambores)

Los Detectives Salvajes (Roberto Bolaño).
Esta novela, además, tiene un elemento que me fascina. Cómo logra Bolaño a través de su alter ego, describirlo tan fielmente y a la vez, hacerlo sentir un extraño. Como logra describir una sociedad entera sin especificar siquiera las intenciones de sus personajes principales, Arturo Belano y Ulises Lima. Eso es, amigos, pura literatura. Brutal, admirable, irrepetible.
Mi CÓMIC FAVORITO es… (Redoble de tambores)

Blankets (Craig Thompson).
Blankets tiene todo lo que me gusta de una historia que sobrepasa esa línea y se sitúa en lo personal. Tiene ese intimismo, esa reducción de hábitat que lo hace un lugar apacible, recogido y calentito. Tiene, también, ese vistazo nostálgico a la infancia. Ahí me siento plenamente identificado, pues mi infancia la pasé con mi hermano, y casi todos mis recuerdos son, a la vez, sus recuerdos. También transgrede a lo personal cuando habla de los campamentos y de vinculación de esos campamentos con la religión. Salvando las distancias, mis campamentos también estaban vinculados con el aspecto religioso, también me obligaban a pensar en el tema, y también, además, servían en el fondo para conocer gente y pasarlo bien al lado de tu gente.
Más aspectos que hacen de Blankets una obra que casi copia una parte de mi vida (debería denunciar a este autor): El episodio amoroso. Yo creo que con mis pequeños, y a la vez, inmensos amores, he crecido como persona, y cuando he acordado, el espejo me devolvía la cara de un adulto. Por suerte o desgracia, mis contados episodios amorosos me han acompañado en épocas clave de mi vida, y me han ayudado a entenderla, llevándome desde la más tierna infancia hasta los primeros síntomas de madurez que experimento hoy en día. El salto al mundo adulto fue, igualmente, la conciencia real de los problemas que suponen los diferentes intereses que pueden tener las personas, definirte en un “yo” propio, el significado real de las palabras “tiempo y distancia”, y finalmente, el significado del amor y sus caminos complementarios. La rotura del armazón, ese caparazón opaco y desvalido que se desintegra dejando a un yo adulto preparado para combatir en la vida real, tiene su exponente gráfico en Blankets. Una obra única, que tras la constatación que Watchmen o Maus dejaron de que el cómic podía ser un medio más para estudiar, ilustrar y comprender que pasaba en este mundo, puso de manifiesto que, además, podrían ser un reflejo fidedigno de nuestras experiencias personales, situándose en tu corazón y encontrando acomodo para siempre, pues al fin y al cabo, no hablaba de unos personajes imaginarios, ni de Thompson, sino de algo más importante: nosotros mismos.
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