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17 Septiembre 2007
 

A veces, Panini, o las editoriales mejor dicho, tienen grandes ideas con pros y contras a partes iguales. Con el tirón popular que le ha supuesto a Spiderman la creación de tres películas, algunas de ellas situadas entre las más taquilleras de la historia del cine, Marvel decidió crear un Ultimate Spiderman, una revisión del Spiderman de toda la vida adaptado a los tiempos que corren. Sin embargo, algunos fans de nueva hornada cazados por la estratagema comercial, se querían acercar al personaje de toda la vida, y he ahí el problema. ¿Cómo enfrentarte a toda una historia que soporta el personaje a sus espaldas sin perderte entre tanta información y tantos asuntos que se dan por supuestos, por ya sabidos? Pues a Panini se le ocurrió editar una colección con los que ellos consideran los comics más imprescindibles de Spiderman. El formato es un caos, unos tomos ordenados como les viene en gana, sin carácter cronológico alguno, cambiando el estilo de dibujantes y guionistas bruscamente, dando saltos en el pasado… etc. Pero por suerte, a un buen precio, unos 13 euritos. 

 

La colección se llama Los Imprescindibles de Spiderman, y hace honor a su nombre, pues en esta colección se recogen las mejores sagas del personaje. Desde las sucesivas apariciones del Duende verde, el Doctor Octopus, La última cacería de Kraven, el Largarto, el traje negro, Veneno… están las mejores, o casi todas las mejores con sus respectivos mejores autores. Aunque muchos echaremos en falta alguna saga que otra, lo cierto es que te encuentras los mejores ciclos argumentales del arácnido en un formato económico, cómodo de leer y que queda la mar de bonito en las estanterías. Lo malo es que a los fans de toda la vida nos faltan muy pocas, y tener el número seis y el once solamente, pues oye, no queda nada de bien. 

 

Pero bueno, el caso es que me hice con la Saga del Clon original, la que realizaron en su día Gerry Conway y Ross Andru, con la magnífica colaboración de Gil Kane en un número y Frank Giacoca, Mike Espósito y Dave Gunt alternándose a las tintas. La tenía en otro formato incompleta y me pareció una excelente oportunidad de degustarla de nuevo, y revisitarla. No pudo salir mejor.

 

 

 

La historia que escribieron en 1975 le da mil vueltas a cualquiera de las que se publican actualmente, Straczynski incluido. Gerry Conway presenta una historia cargada de dramatismo, narrada a la manera tradicional de Marvel, repleta de guiños a un lector que puede degustar una historia de comic como dios manda. ¿Por qué? Pues porque Gerry Conway sabe manejar el tempo de la historia magistralmente, mezclando la situación personal de Peter con los encuentros con los supervillanos, el cómic tiene una tensión intrínseca que mantiene al lector siempre pegado al papel, tiene golpes de humor muy de la época (algunos excesivamente inocentes), sabe tratar a los personajes manteniendo sus características básicas y la narración de la acción es impecable (aquí el mérito es obviamente, de Ross Andru y Gil Kane, magnífico en su número final). En el apartado emocional, con todo lo complejo que resulta la aparición de un clon, el cómic también sale bien parado, pues hace creíble lo increíble, que es de lo que se trata en un cómic. Peter lo pasa verdaderamente mal. Mary Jane también. Todos lo pasan mal. Todo se soluciona como un puzzle bien compacto en la última viñeta. 

 

Una historia bien contada que jamás tuvo que ser rescatada de las estanterías por los jefes de turno para enredar la saga del clon a finales de los 90. La saga se prolongó durante meses y meses hasta hacerse eterna. Las ventas de Spiderman subieron como la espuma, pues se anunciaban cambios drásticos y todo el mundo quería saber de qué se trataba. Los primeros números de esa “recuperación” lograron captar la atención y el ritmo increcento de la historia, manteniendo la tensión y dotando de un dramatismo único al personaje, me hicieron vibrar como hacía tiempo. Luego las rocambolescas ideas de los guionistas y la enrevesada manera de cerrar toda la historia debido a la caída en picado de las ventas cuando nos quisieron vender que el personaje original que habíamos seguido tantos años no era quién debía ser sino otro, un vulgar clon, provocaron mi alejamiento del personaje. Spiderman salió por la tangente recuperando a al Duende Verde original y pasó años en crisis hasta la llegada de Straczynski. 

 

Así, podemos concluir diciendo que de los mejores cómics de Spiderman, la mayoría, sucedieron hace muchos años. Y que esta es una buena oportunidad de hacerse con alguna de esas historias clásicas, que no consiguen sino refrendar la idea de que el panorama actual no le llega ni a la suela del zapato a estas historias épicas, bien narradas, bien dibujadas, que tanto nos hicieron disfrutar antaño. Es buen momento para echar la vista atrás.

Scriers

 

 

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Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman
Andrew Zimmerman
15 Septiembre 2007

 

Brubaker y Lutes, o dos autores en alza que ya han alcanzado prestigio y reconocimiento internacional y a los que les queda mucho por decir en el mundo de la historieta. ¿Cómo funcionan estas dos mentes colaborando juntas? Pues bastante bien, aunque tampoco han hecho la obra de sus vidas.

"The Fall" (La caída) es una obra sin grandes pretensiones pero bien construida, conducido por un guión que parece hecho a la medida de la gran pantalla pero desarrollado en viñetas. Es una trama que funciona a modo de thriller; Kirk trabaja en un supermercado y utiliza una tarjeta de crédito que un cliente olvida en el local, Junes, una misteriosa chica lo descubre chantajeándolo durante días. La trama se complica cuando descubre un bolso estrechamente relacionado con un asesinato que conmocionó a su pueblo años atrás.

A partir de ese momento y como una buena partida de ajedrez, Brubaker va moviendo sus fichas desarrollando una historia de suspense (por momentos delirante), que alterna pasado y presente, y que está encuadrada claramente en el género negro, donde siempre se ha movido este autor como pez en el agua.

Lutes por su parte demuestra su enorme dominio de la narrativa y su claridad gráfica, predominando una de sus grandes virtudes: la bella sencillez (que no simplicidad) de sus lápices. Aunque quizás la novela negra no es el contexto en el que más destaque, Lutes se destapa como un dibujante sólido y eficiente. Ya reseñamos al comienzo de nuestra andadura otra obra en la que participaba y que nos dejó un buen sabor de boca.  

La edición de Planeta está bastante cuidada, en formato clásico europeo, un album grande (22×30) de 48 páginas bastante barato teniendo en cuenta la editorial que lo publica (6,95).

Así que si lo veis y simpatizáis con el comic europeo de género negro no dudéis en pillarlo, que no os va a defraudar. De este modo, según nuestro blog imposible el tandem Brubaker-Lutes consigue un notable con "The Fall", y es que se han aplicado los autores y por tanto hay que reconocérselo, ¿no?.

Andrew Zimmerman 

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Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman
Andrew Zimmerman
13 Septiembre 2007

 

Volvió Andrés. Y lo hizo para cerrar muchas bocas y silenciar a ese grupo de seguidores que le pedían a gritos un disco convencional, una obra que agrupase alrededor de una docena de temas inéditos, un disco al uso, libre de experimentos, sin cantantes, sin desenfrenos brutales ni salmones a contracorriente. Siguiendo esta premisa Andrés nos presenta "La Lengua Popular", su decimoquinto trabajo en solitario.

Conducido por Cachorro López, su viejo compañero de los Abuelos de la Nada, su incursión en la producción del disco provoca el primer gran cambio con respecto a su antecesor "El Palacio De Las Flores", supone romper con el estilo Nebbia, tan lleno de arreglos de cuerda y viento y un progresivo acercamiento, para satisfacción de los presentes, a terrenos más enérgicos, que aunque siga impregnado de ritmos populares, utiliza el rock como sustento básico.

Se adivina en López una intención por hacer temas redondos que, en su conjunto, tengan un sentido propio y así unirlos bajo un concepto como es el de la sabiduría del pueblo, el de la lengua popular. El apartado artístico conduce a entender la idea conceptual de la obra gracias al genial trabajo de Liniers, que realiza un despliegue gráfico muy interesante y que ayuda a convertir en sobresaliente la edición del disco.

Personalmente me parece un disco que guarda muchas similitudes con el Alta Suciedad, y además cuenta con el plus de la plenitud y experiencia que le han dado esos 10 años de diferencia entre uno y otro trabajo.

En esta década a Andrés le ha dado tiempo a demostrar como un autor puede llegar a la catarsis compositiva para posteriormente desaparecer del mapa,  experimentar con otros sonidos, regresar de una manera triunfal y así volver a su sonido más característico. Su reencuentro estilístico le ha sentado de maravilla en un disco marcado por su optimismo y alegría contagiosa.

La lengua nos ofrece un poco de lo mejor del repertorio calamariano, utiliza ingredientes que ya saboreamos años atrás. Vamos a hablar un poco de los temas del disco:

"Los Chicos", el primer corte del disco, es un emocionante homenaje a sus amigos músicos que ha ido dejando en el camino, en clave rockera, al estilo de "Días Distintos" o "Jugando al límite", canciones que ya conocimos en "El Salmón". Sus potentes coros abren el disco con una fuerza arrolladora.

Luego encontramos "Carnaval de Brasil", un canto a la inspiración de los autores, a las musas, a las palabras en el aire. Curioso final de tema, con Andrés haciendo delicias vocales, unos gorgoritos ya comunes en sus trabajos.

"5 Minutos Más (Minibar)" es un single poderoso, pegadizo, de estribillo arrebatador y temática amorosa, que se introducirá en la mente de más de uno con intención de permanecer en ella.

"Soy Tuyo" decepciona bastante, ya que de un tema de amor con un Andrés 100% entregado que recibe la ayuda de Urrutia, Scornick y Sabina cabría esperar bastante más, sinceramente. Aun así es un tema que se deja escuchar, bastante pasteloso, en la línea armoniosa de otros cortes tranquilos como "La Espuma De Las Orillas", ranchera que interpreta dignamente Andrés o "Cada Una De Tus Cosas", una de las que más me gustan, una declaración de amor  con la sensibilidad a flor de piel, uno de los temas más redondos de la lengua.

Andrés también opta por autoparodiarse en "Sexy & Barrigón", interpretar la cotidianiedad en "Mi Gyn Tonic" y contentar a su público argentino con "Comedor Piquetero" y  "Mi Cobain".

La lengua es una reunión de canciones muy coherentes en su conjunto, es obvio que Calamaro y Cachorro lo han planificado a conciencia. Hallamos a un Andrés tan seguro de sí mismo que abruma, que con ese disfraz camaleónico que siempre le acompaña interpreta temas variados en su estilo,  demostrándonos así su tremenda (e indudable) versatilidad.

Pero si por un aspecto quedará en nuestra memoria este disco, es que bajo la excusa del lenguaje popular, de las canciones y del sentimiento del pueblo Andrés cantó con el corazón abierto, dejó atrás todos los viejos fantasmas que algún día le acompañaron, se reconcilió consigo mismo y se dirigió, cara a cara, sin dramatismos y libre de complejos, a su mitad del amor.

Podemos decir sin miedo a equivocarnos que este ejercicio confirma la plenitud y la felicidad de Andrés tras años de altibajos. Pocas veces fue tan evidente la tremenda sincronización de su armonía personal con sus inquietudes musicales como en La Lengua Popular, y todo fruto del envidiable momento personal por el que pasa el gaucho loco.

Optimismo, profesionalidad y tablas, muchas tablas. De esto se vale Andrés para firmar su mejor disco en lo que llevamos de siglo, una propuesta notable que lo reconducirá al olimpo de los artistas que encandilan a este país.

Por discos como este Calamaro es grande, por derrochar su personalidad en cada verso, en cada segundo, cada instante. La Lengua Popular se convierte, desde ya, en una de las grandes obras del año.

Y si todo esto realmente lo creo así, ¿por qué al final de todo me ha sorprendido un sabor agridulce? ¿Será que añoro al viejo Andrés, ese que no dormía jamás?.

Andrew Zimmerman

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ScriersScriers
Scriers
11 Septiembre 2007

Desde que comenzamos nuestra andadura a bordo de este rincón imposible hemos apostado por grupos noveles, bandas que intentan abrirse camino en el panorama musical de hoy día, encontrar un hueco en el que dar a conocer su obra, en definitiva, en poder vivir de lo que más les gusta, la música. 

 

En esta ocasión vamos a hablar de un grupo balear, “La Vereda”, que presentaba su primer disco de nombre aún por confirmar, y que a su vez revisaba temas antiguos pertenecientes a su primera y homónima maqueta. El lugar del evento no podía ser mejor para esta fecha de fin de verano, la playa de ES TRENC (Palma de Mallorca), en un chiringuito casi a pie de playa, situado en pleno pinar y con bastante público dispuesto a pasar una divertida noche de verano. 

 

La propuesta musical de la Vereda se sustenta en un rock fusión que, sujeto a ritmos aflamencados, camina entre la rumba, el blues o el funky. Su paso sigue la vereda, nunca mejor dicho, que marcaron la generación actual de formaciones como Canteca de Macao, El Bicho o Mártires del Compás. El resultado, haciendo un paralelismo regional, o local, ha sido el mismo que se ha contemplado en estas formaciones ya mencionadas, un éxito basado en el boca a boca, en el reconocimiento general de los jóvenes de la región (en Baleares son conocidos), que traspasa barreras hasta hacerse eco los medios de comunicación. 

 

La Vereda redunda en un terreno que comenzó poco transitado pero que ha ido masificándose a una velocidad de vértigo, impulsado sin duda por sus aborígenes, músicas y ritmos de carácter universal, y unido al hecho de que se ha producido por generación espontánea, un circuito interno con esta música en todo el país. Quizás, en su propia condición de música fusión encuentren su propia perpetuidad, ya que pese a tratarse de grupos que mezclan y remezclan estilos de maneras similares, cualquier matiz les dota de un carácter único que los hará, dependiendo del gusto del oyente, más afín a unos u otros, pero en cualquier caso capacitado spara formar parte del conjunto en el que se engloban.           

 

Y en el caso que nos ocupa la Vereda acudió a la cita con todo su arsenal: sus temas más punteros, tarareables y de estribillos pegadizos (como “Monazo de amor”, “Mamíferos” o “Mal vamos”), y los de un desarrollo instrumental más complejo y amplio, que coincidían casi siempre con sus temas más nuevos. La letras mezclan, siguiendo la norma universal de este movimiento, letras comprometidas (con el medio ambiente, con las injusticias sociales… etc) con otras que hablan de drogas o amor, alternándose oportunamente. Así pues, hay que reconocer que La Vereda hizo disfrutar al público y se entregó (dos horas más tarde de lo previsto) en cuerpo y alma a la actuación. Y el resultado fue bastante aceptable. Desde aquí nuestro apoyo a una banda regional, que por sus propias limitaciones geográficas parece necesitar de un empujón que les permita saltar al escalón que los separa de los situados en primera línea de batalla. Ya saben, los Muchachito, Canteca, Mártires, El Bicho… etc.

Y llegados hasta aquí, se nos ocurre la siguiente reflexión, ¿Hasta cuando durará esta época de esplendor del movimiento buenrollista? A su favor alegaremos que en su seno se esconden músicos de inquietudes ilimitadas, a menudo virtuosos de aquellos instrumentos con los que viven, sueñan, duermen y se despiertan; que cuentan con una asociación casi siamesa con las drogas de las que hablan sus canciones; y finalmente, que cuentan con un amplísimo apoyo popular, que les ha valido, para a la larga, convertirse en el que consideramos el primer gran movimiento musical del siglo XXI parcialmente alejado del mainstream (por eso no contamos el reguetón ni la música latina). En su contra, podemos alegar que con tanta masificación, sólo los más fuertes, los mejores, sobrevivirán, y el resto terminarán tristemente sepultados por las piedras del olvido, convirtiéndose en ánimas deambulantes, vestigios de otro tiempo, consecuencia de que fueron lo que nunca jamás quisieron ser, una triste y vulgar moda.   

Scriers y Andrew Zimmerman

 

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Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman
Andrew Zimmerman
8 Septiembre 2007

 

Mauro Entrialgo es ya un clásico de las páginas de humor del comic español, aunque también se deja ver por otros ámbitos, guionizando obras de teatro o cine. Al ver sus dibujos resulta sencillo identificarle pues de un modo u otro uno acaba leyendo algo de este señor, ya que son muchas las publicaciones de envergadura que contienen páginas suyas (El Jueves, Cinemanía, Tmeo, El Víbora, etc).

Herminio Bolaextra es su personaje más emblemático. Llegado desde las páginas de la ya clásica TMEO, Herminio representa el lado más politicamente incorrecto de la sociedad, desprende ironía, sarcasmo, mordacidad.

Herminio no se llama Bolaextra por casualidad, su peculiaridad es que nació con un testículo de más que le aporta grandes dosis de mala leche. Es un periodista de tres al cuarto que escribe para una publicación tirando a facha para sobrevivir. Tiene dos amigos (Miguelito y Ocaña) con los que comparte juergas y borracheras, además de su adicción a la cocaina, al speed y a otras sustancias psicotrópicas que le facilita el Lonchas, su camello particular.

La misión en la vida de Herminio no es otra si no ponerse hasta arriba de alcohol y drogas, buscar mujeres y putear a toda persona que se le cruce mientras subsiste con un curro que ni siquiera le gusta.

La verdad es que el comic no es apto para todos los públicos, de hecho contiene muchos chistes desagradables, guarros y crueles que a muchos pueden llegar a desagradar. A mí, personalmente, que estoy curado de espanto, pues no me ha asustado, es más, ha habido momentos en los que se me ha desencajado la mandíbula de tanto reirme, y es que a veces Herminio está sembrao.

Y no por ser un chiste detrás de otro Herminio Bolaextra es una obra sin jugo, en sus páginas se critica muchas de las miserias sociales que tenemos hoy día. El caso es que Entrialgo se vale de Herminio para poner a parir a la sociedad española, siempre desde un punto de vista canalla y crápula que hay que tomarse con sentido del humor

Tmeo ha conseguido recopilar todas sus historias en un único tomo por un precio bastante razonable, 8 euros.

Recomendable especialmente para los que simpaticen con el humor sarcástico, la burla mordaz y canallesca, aquellos con gran sensibilidad y de fácil asombro pueden decantarse por otros títulos que aparecen por este blog, avisados quedáis.

Andrew Zimmerman

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