El año pasado fue un año, en mi opinión, bastante flojo a nivel musical en cuanto a la música facturada en nuestras fronteras. De entre toda la producción, apenas puedo decir que hubieron tres o cuatro discos que me interesaron de verdad. Sin embargo, uno sobresalió por el significante tirón mediático que suponía, por lo valiente de la propuesta, por lo arriesgado, y por unir en un mismo punto, la carrera musical de dos personajes con voz propia en el escenario musical patrio. Fue “El tiempo de las cerezas”, de Bunbury & Vegas.
Bunbury es muchas cosas a la vez. Es el vocalista y letrista de Héroes de Silencio, es el clon de Jim Morrison, es un pedante, un creído, uno de los grandes, un músico prolífico, uno de tantos que lo intenta en solitario, y en definitiva, un personaje musical, con todo lo que eso conlleva. Tiene admiradores y detractores a partes iguales. Personalmente creo que formó parte de unos de los grupos más influyentes de España guste a quién le guste y marcó mi infancia intensamente, al igual que marcó la de muchas otras personas. También creo que es un gran músico y vocalista, un inquieto de este mundillo, camaleónico, una persona que está siempre reinventándose, en continuo movimiento y abierto a nuevas influencias. Por el contrario, creo le falta un escalón para estar junto a los más grandes, creo que ha dado varios pasos en falso (alguno dirá que para acertar hay que equivocarse) y me da la sensación de que tiene demasiado presente que su propósito es estar con los mejores. Así podría resumir todas las sensaciones que Bunbury me provoca, aunque hay mucho más (y mucho menos).
Por su parte, Nacho Vegas procede de otro mundo. Procede de Manta Ray y de la corriente alternativa española. Es un cantautor de minorías, apenas es conocido y tiene un séquito de seguidores bastante fieles. Es creador de un mundo de personajes y ficción dentro de sus canciones muy reconocible (a veces se me parece a Fernando Alfaro). Es autor de varios de los discos nacionales más destacados de los últimos tiempos y es reconocido por su obra singular y de calidad. Ha colaborado con la mayoría de cabezas visibles del panorama indie español. Podríamos decir que Bunbury, en sus sueños de grandeza quiere ser Bob Dylan, y Nacho Vegas se “conforma” con Leonard Cohen. Son, por cierto, dos de los músicos favoritos de ambos artistas. Bunbury si tuviera un grupo serían The Doors y Nacho Vegas la Velvet Underground. Así, visto, la verdad es que la unión tiene lógica por todos los flancos. Comparten muchos lugares comunes, artistas predilectos, tienen personalidad propia, a uno le abriría el mundo del mainstream y al otro le aseguraría cierto respeto del público que más tirria le tiene, los “indies” alternativos. A ambos les abriría opciones de mercado, y a ambos, por amigos y por artistas, les puede interesar una obra conjunta que aseguraría calidad y no una lacra en sus respectivas carreras. Como dato, decir que en un principio el proyecto iba a ser un cuarteto o terceto, con el nombre de Carlos Ann sonando como protagonista del disco. Al final, los intereses creativos redujeron el proyecto a un interesantísimo face to face.

¿Y qué salió de todo esto? Pues, una gran obra. Sí. Confieso que me ha costado un año cogerle el gusto. Al principio, me resultó de digestión muy difícil en cuanto a las pretensiones de las canciones y el lirismo, y algo lineal en lo musical. Craso error. Después, con mi mudanza y la limitación del disco duro, se coló en una preselección y este verano no he dejado de escucharlo. Yo, que tanto odio los tópicos musicales, eso de “es mi disco más sincero”, “es una vuelta a los orígenes”, etc, me he visto desbordado por uno de ellos, y tengo que reconocer abiertamente que este disco “gana con las escuchas y tiene ocultos miles de matices, de sonidos que descubrir, de melodías que pasan a seducirte, de letras que aprender”.
El disco es un rompecabezas. No canta uno las suyas y el otro las otras. Ni se cambian las canciones. Una de Nacho Vegas la puede cantar Bunbury, una de Bunbury Vegas, una de Nacho Vegas él mismo, una de Bunbury él mismo. Pueden aparecer seguidas o salteadas. Hice la prueba e intenté acertar previamente de quién era cada canción. Hice una lista, escuché las canciones y le puse un nombrecito. Eterno Viajero me dijo que cada uno cantaba las del otro. No estás en lo cierto, querido amigo. Cuando repasé mi lista me encontré que acerté en casi todas mis predicciones. No es por fardar, pero es que la verdad, tienen estilos bastante reconocibles.

Como conclusión general creo que en sus canciones Nacho Vegas está más inspirado y sigue infatigable y continuista en su condición de “songwritter”. Creo que Bunbury sube el nivel con respecto a su último disco de estudio, “El viaje a ninguna parte”, y que mantiene una gran calidad compositiva, ojo, palpable en el sonido y aspecto musical sobre todo. Pero a mi juicio, Nacho Vegas le gana la partida, si es que alguna vez hubo alguna partida, claro. Y es que, sólo comparar “Días Extraños” con “El Rumbo de tus sueños” ya te hace una idea de las diferencias. Una, para mí, mágica e irrepetible, con un narrador cotidiano e implicado, trascendente, sentimental, dolido, finalmente hecho trizas. La otra más metafórica, bien envuelta pero con un lenguaje forzado, un lirismo barroco personal y poco transferible. Y así, en una batalla de autoría e intenciones, Vegas en ocasiones me encanta, Bunbury, sin embargo, me gusta. “La Pena o la nada”, “va a empezar a llover” o “el cazador” serían ejemplos válidos para el primer caso. “Secretos y mentiras”, “la espina dorsal del universo”, “Welcome to el callejón sin salida” o “De esclavitud y de cadenas” del segundo. Cuestión, supongo, de gustos personales. De hecho, en un podium con mis temas preferidos del disco, “Días extraños”, “va a empezar a llover” y “cazador” serían mis favoritos. Ninguno del aragonés.
En cuanto a lo musical, he de decir, que me satisfacen todas las influencias que se perciben en este disco y de las cuales presumen sus autores. Desde Tom Waits, a Leonard Cohen, Nick Cave, Dylan y algunos compositores clásicos, a grupos emblemáticos como The Velvet Underground y The Beatles, pasando por el country-rock o Folk clásico norteamericano. En lo instrumental, me parece una producción excelente, es un disco que suena cercano, que en su conjunto tiene sentido de obra y cuyos elementos parecen estratégicamente situados en cada ocasión. Y es que, para concluir, diría que Bunbury y Vegas dieron validez a eso de que la unión hace la fuerza, y lo hicieron, desde mi punto de vista, con un común denominador como base que sirve a la par para definir finalmente lo que ha resultado su proyecto: Buena música.
CD 1
1. Días extraños (Vegas)
2. Puta desagradecida (Bunbury)
3. Secretos y mentiras (Vegas)
4. No fue bueno, pero fue lo mejor (Bunbury)
5. Va a empezar a llover (Vegas)
6. Látex (Bunbury y Vegas)
7. La pena o la nada (Vegas)
8. Ahora (Bunbury)
9. Por la paz y la canción (Vegas)
10. Días extraños. Reprise. (Vegas, canta Bunbury)
CD 2
El rumbo de tus sueños (Bunbury)
Serie negra (Vegas)
Welcome to El Callejón Sin Salida (Bunbury)
Cazador (Vegas)
De esclavitud y cadenas (Bunbury)
Bravo (Luis Demetrio, canta Vegas)
En la espina dorsal del universo (Bunbury)
La fin (Vegas)
El tiempo de las cerezas (Bunbury)
El rumbo de tus sueños. Reprise. (Bunbury, canta Vegas)
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