Nip Tuck , o rectificar es de sabios
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"Bueno, yo creo que Nip Tuck, es una buena serie de ficción. Pero me repugna todo el envoltorio que le rodea. La falsa moralidad americana, las chicas guapas, los coches de lujo. Toda esa artificialidad que emana más allá de que se trate o no de una serie ambientada en la cirujía estética. Sus personajes, planos, sus guiones, absurdos."

Estas eran palabras mías de hace unos meses sobre la serie Nip Tuck, una serie reseñada por Andrew Zimmerman aquí mismo. Allí cuenta, con pocas palabras, el plot de una serie que trata de la consulta de cirujía plástica que tienen una pareja de socios, además, mejores amigos. ¿Qué ha pasado en tan poco tiempo para que recupere esta serie. Pues, en primer lugar, que soy tonto. Soy un prejuicioso y un maestrillo Liendres (ya saben, de todo sabe pero de nada entiende) y me lancé a criticarla de aquella manera con tan sólo tres episodios visionados. Ahora, dos temporadas después, me veo obligado a retractarme. La serie empieza, como dije arriba, con un envoltorio demasiado superficial, familias perfectas en ambientes perfectos, problemas mundanos para gente adinerada. Y es cierto, pero episodio a episodio van enfrentándose a toda temática posible, tratando y retratando algunos dilemas morales y problemas sociales de esta sociedad, la occidental, que tanto margen a la crítica sustenta. Desde la transexualidad, la adicción al sexo, el porno y su industria, las discapacidades, el rechazo social, la fidelidad, la eutanasia o suicidio permitido, la desintegración de la familia, la zoofilia… etc. Qué fallo el mío que no vi que su envoltorio era el escenario ideal para la descuartización occidental. Nada más lejos de la moral americana.

Tenemos que tener en cuenta que se trata de una serie adulta, excesivamente adulta. Sería imposible verla en familia. Es extremadamente cruda, sexual, políticamente incorrecta, es cruel, a veces hilarante e hiriente. ¿Cómo han conseguido que en este tiempo los personajes sobrevivan al desgaste? Pues muy fácil, en primer lugar con una profundización brutal en sus personajes. En segundo lugar, volviéndolos del reverso. Dejando al uno en el lugar del otro. Y tercero, modificando inteligentemente sus circunstancias, que les obligan a adaptarse sin perder su esencia. En ese sentido, el trabajo de los guionistas es impecable. Eso sí, cuando dije absurdos los guiones, creo que tuve razón. Han hecho de todo, desde operar a un perro, hasta a una mujer con múltiples personalidades, a sacar droga de los pechos de una paciente, a inventarse una rocambolesca historia de acoso y derribo en la clínica. Pero si eso sirve para hacernos reflexionar sobre tantos y tantos temas con dobles y triples lecturas, bienvenidos sean. Además, ¿no es la ficción un entretenimiento? Pues eso. Que ahora los fallos, los veo aciertos.

Personalmente los dos protagonistas, Sean Mcnamara y Christian Troy, me fascinan. Uno, por ser el hombre perfecto que se viene literalmente abajo y luego busca su redención. Un tipo íntegro sumido en un mar de dudas de la mediana edad. Otro, un adicto al sexo, marcado por el abuso de su padre, que desarrolla una personalidad de truhán perfecto, pero que esconde un tipo sensible y sacrificado. En fin, una serie que repito, es muy adulta, a veces cruel y muy dura, pero una serie que innova y arriesga mucho más de lo que lo hacen otras (¿Eh Simpsons? ¿Eh Padre de familia y derivados?), y sobre expone grandes debates. Por cierto, revestida con mucho humor.

Os incito a verla, a bucear en sus propuestas, pero con tiempo y paciencia, que es cómo mejor se le coge el gusto a la serie. Se ve que hay calidad.

 

 

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Predicador y Ennis , ¿Violencia Gratuita?
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En un pronto espectacular que me entró visitando un kiosco de prensas y revistas me compré el único cómic que habitaba en sus estanterías, Predicador: El Santo de los Asesinos. Lo compré porque Garth Ennis y Predicador vienen sonando con fuerza y tiene un séquito particular que alaban sus andanzas. Y como tantas otras veces, piqué. De Ennis he leído que sus cómics son extremadamente violentos, pero a la par inteligentes, con la acción bien engarzada en el transcurso de la historia, con personajes siniestros, azotados por demonios internos… Buen cómic de género negro – superheróico. Esas eran mis referencias.

¿Qué relata este cómic?

Pues este cómic es un western, una historia planteada en el oeste americano, que habla de la venganza (argumento ultramanido en los western), de la pérdida de uno mismo, del mal y de cómo las personas pierden sus almas hasta entregarse a él. Está contado a modo de leyenda. Narra la historia de un cazarrecompensas, ex luchador en miles de batalla, un personaje oscuro que es una auténtica arma de matar. Cuando ya casi renuncia a su felicidad salva casi sin querer a una chica del asalto de unos indios y de la misma manera que la salvó, casi sin querer, se enamora y se casa con ella. Incluso tiene una niña. Pero el destino le lleva por un sendero tortuoso y hace enfermar a sus dos seres más queridos con una enfermedad terminal que precisa de cura urgente. En su caminar hasta el poblado más cercano, el mismo que le procurará medicinas, se tropieza con unos patéticos maleantes que lo entretienen lo justo para volver tarde a sus tierras, dónde su esposa e hija yacen muertas. A partir de ahí, comienza la venganza, que ni la propia muerte es capaz de detener.

¿Qué me gusta de este cómic?

Pues me gusta encontrarme en el tercer número a Carlos Ezquerra, un dibujante que conocí en mi niñez en el título de 2000 AD, Strotium Dog, y que por cierto, en el único número que ilustra en toda la zaga se come con patatas al dibujante titular de la colección, un tal Steve Pugh. Me gusta que su entorno sea el oeste americano y que se cumplan todos sus elementos característicos (hasta cabareteras aparecen por aquí). Me gustan las cubiertas de Glenn Fabry. Me gusta esa violencia explícita al más puro estilo "Una historia de violencia", de David Cronenberg.

¿Qué no me gusta?

Pues no me gusta nada el dibujante Steve Pugh que a la mayoría de los personajes no parece cogerle el tono. El otro "malo" parece una caricatura barata hecha por un principiante y no un profesional (que sí, que realmente lo es, pero podía disimularlo al menos), el resto de "extras" están fatal dibujados, se le notan las prisas en el ultimo número… En fin, un desastre. Y sobre todo, no me ha gustado Ennis. No me ha gustado durante el desarrollo de la historia, pese a que el cómic lo veo bien estructurado pero mal conducido, ni como transcurre el paso del protagonista por el infierno, en lo precipitado de algunas escenas, y también porque la venganza no resulta creíble. Si no experimenta una gran felicidad, (¿Alguien ve convencido a su protagonista?) ¿Cómo va a venir después una gran venganza? Y es que una historia puede ser violencia explícita, y no nos vamos a asustar, pero para que tenga calidad tienen que tener algo más. Tiene que tener una buena reflexión de fondo, una estructura sólida, una presentación decente y una serie de elementos distintivos, pues si no, estamos en más de lo mismo. Para bien o para mal, este siglo se está caracterizando por muestras en todas las disciplinas del arte de violencia gratuita. Algunas tienen sentido, pero otras, parece huecas, opacas, casi sin fundamento.

El propio autor habla de la satisfacción que le ha procurado realizar este número, que es también su historia favorita de cuales ha escrito. Pues, pensándolo fríamente, si esto es lo mejor que nos puede dar Ennis, apaga y vámonos, pues no me ha parecido nada del otro mundo. Me recuerda a esas historias que reseñé hace meses por aquí de El Cuervo (coño, ahora que lo pienso es exactamente igual que la que estaba ambientada en el oeste). Y se que nado contracorriente porque es un cómic con buenas críticas a nivel general. Y antes de sepultarlo, por supuesto, daré en un futuro la oportunidad a su Punisher, del que también hablan muy bien. A su favor podría decir, para salvarlo de la quema, que me parece que se maneja muy bien con los diálogos, aquí evoca un estilo a lo Tarantino.

En fin, que hasta la próxima chico violento.

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Manos que hacen música, Sienkiewicz y Jimmi Hendrix
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Casi desde que tengo uso de razón soy fan absoluto de Bill Sienkiewicz, tanto, que se escribir perfectamente y de memoria su estrambótico apellido. Tanto, que casi puedo recitar cronológicamente los pasos que ha dado en su carrera en el mundo de los cómic en combinación con en el mundo de la ilustración. Para mí, ha sido el primer y más original revolucionario de las artes gráficas en la parcela del cómic americano. Un auténtico innovador, arriesgado, visceral, único. Y por si no os habéis dado cuenta, es, sin duda alguna, mi dibujante favorito. Capaz de transmitir sensaciones buscando una estética diferente, capaz de realizar narraciones increíbles, surrealistas, desordenadas, abstractas, y sin embargo, embriagar al lector. Conmigo lo consigue, con otros cuantos devotos no, con la gran mayoría de puristas americanos y el público de masas, no. 

 

La única gran obra suya que me faltaba, aquel que fue su último trabajo conocido en muchos años (ahora vuelve esporádicamente al mundo de la viñeta para poder vivir), es Voodoo Child, la leyenda de Jimi Hendrix, un álbum publicado originalmente en 1995, y que Glénat se aventuró a publicar, última tirada en 2006, bajo un formato de lujo que podéis encontrar en tiendas especializadas y librerías, ya que suele ser el libro “rarito” de la sección de música de estas últimas. Claro que hacer este tomo, no hubiera sido posible sin la creación y producción de Martin I. Green, encargado del guión, de la recopilación de datos biográficos, de escritos inéditos, letras de canciones y demás.

 
 
 

¿Y qué resultado tuvo el proyecto? Pues no se en Norteamérica, pero lo que es en España, pasó absolutamente inadvertido. Una pena, porque para mí, es, sin duda, una obra maestra. Una obra por la que merece la pena pagar. Aquí Green y Sienkiewicz narran su vida en primera persona, con un fondo místico, casi apartado del resto de los mortales. Parecen otorgarle a Hendrix el mismo misticismo que su música evocaba. Hendrix se muestra como una persona extremadamente sensible, apasionada, que funciona por impulsos, muy nostálgico y ambicioso. También, absolutamente obsesionado con dar a conocer esos sonidos que deambulan por su mente e intenta sacar al exterior. La historia adquiere un tono épico en la conexión con su pasado y su familia. Fundamental el origen humilde al que siente la necesidad de volver y el papel jugado por su abuela en la historia, chispazo de la posterior revolución. 

 

Documento básico si queremos, siendo permisivos y concediendo margen a los autores, conocer a grandes rasgos la carrera de Jimi Hendrix, los puntos álgidos y la posterior involución de su sonido debido a obligaciones comerciales. Para principiantes, para desconocedores de la vida y obra de Hendrix un muy apetecible comienzo. Destacar también los trozos de canciones rescatados y traducidos en un anexo al final del tomo, la aparición de Dylan, The Beatles o Jim Morrison entre otros y sobre todo, ese comienzo y ese final sublime. 

 

De Sienkiewicz sólo añadir que hace una labor de narración mayúscula, mucho más atinada que en otros trabajos realizados con un carácter más industrial. Aquí pone toda la carne en el asador, se nota, y en el cómic habla más el dibujo que el guión en sí mismo. Un tomo único, una idea de locos realizada con estilo y profesionalidad, con respeto y en armonía con la figura legendaria del aludido. Desde luego, si la música se pudiera dibujar, tan sólo Bill Sienkiewicz podría bailar su muñeca al son de las notas mágicas de Hendrix.  

 

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Bunbury & Vegas , música bien hecha
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El año pasado fue un año, en mi opinión, bastante flojo a nivel musical en cuanto a la música facturada en nuestras fronteras. De entre toda la producción, apenas puedo decir que hubieron tres o cuatro discos que me interesaron de verdad. Sin embargo, uno sobresalió por el significante tirón mediático que suponía, por lo valiente de la propuesta, por lo arriesgado, y por unir en un mismo punto, la carrera musical de dos personajes con voz propia en el escenario musical patrio. Fue “El tiempo de las cerezas”, de Bunbury & Vegas.

 

Bunbury es muchas cosas a la vez. Es el vocalista y letrista de Héroes de Silencio, es el clon de Jim Morrison, es un pedante, un creído, uno de los grandes, un músico prolífico, uno de tantos que lo intenta en solitario, y en definitiva, un personaje musical, con todo lo que eso conlleva. Tiene admiradores y detractores a partes iguales. Personalmente creo que formó parte de unos de los grupos más influyentes de España guste a quién le guste y marcó mi infancia intensamente, al igual que marcó la de muchas otras personas. También creo que es un gran músico y vocalista, un inquieto de este mundillo, camaleónico, una persona que está siempre reinventándose, en continuo movimiento y abierto a nuevas influencias. Por el contrario, creo le falta un escalón para estar junto a los más grandes, creo que ha dado varios pasos en falso (alguno dirá que para acertar hay que equivocarse) y me da la sensación de que tiene demasiado presente que su propósito es estar con los mejores. Así podría resumir todas las sensaciones que Bunbury me provoca, aunque hay mucho más (y mucho menos).

 

Por su parte, Nacho Vegas procede de otro mundo. Procede de Manta Ray y de la corriente alternativa española. Es un cantautor de minorías, apenas es conocido y tiene un séquito de seguidores bastante fieles. Es creador de un mundo de personajes y ficción dentro de sus canciones muy reconocible (a veces se me parece a Fernando Alfaro). Es autor de varios de los discos nacionales más destacados de los últimos tiempos y es reconocido por su obra singular y de calidad. Ha colaborado con la mayoría de cabezas visibles del panorama indie español. Podríamos decir que Bunbury, en sus sueños de grandeza quiere ser Bob Dylan, y Nacho Vegas se “conforma” con Leonard Cohen. Son, por cierto, dos de los músicos favoritos de ambos artistas. Bunbury si tuviera un grupo serían The Doors y Nacho Vegas la Velvet Underground. Así, visto, la verdad es que la unión tiene lógica por todos los flancos. Comparten muchos lugares comunes, artistas predilectos, tienen personalidad propia, a uno le abriría el mundo del mainstream y al otro le aseguraría cierto respeto del público que más tirria le tiene, los “indies” alternativos. A ambos les abriría opciones de mercado, y a ambos, por amigos y por artistas, les puede interesar una obra conjunta que aseguraría calidad y no una lacra en sus respectivas carreras. Como dato, decir que en un principio el proyecto iba a ser un cuarteto o terceto, con el nombre de Carlos Ann sonando como protagonista del disco. Al final, los intereses creativos redujeron el proyecto a un interesantísimo face to face.

 

 

 

¿Y qué salió de todo esto? Pues, una gran obra. Sí. Confieso que me ha costado un año cogerle el gusto. Al principio, me resultó de digestión muy difícil en cuanto a las pretensiones de las canciones y el lirismo, y algo lineal en lo musical. Craso error. Después, con mi mudanza y la limitación del disco duro, se coló en una preselección y este verano no he dejado de escucharlo. Yo, que tanto odio los tópicos musicales, eso de “es mi disco más sincero”, “es una vuelta a los orígenes”, etc, me he visto desbordado por uno de ellos, y tengo que reconocer abiertamente que este disco “gana con las escuchas y tiene ocultos miles de matices, de sonidos que descubrir, de melodías que pasan a seducirte, de letras que aprender”.

 

El disco es un rompecabezas. No canta uno las suyas y el otro las otras. Ni se cambian las canciones. Una de Nacho Vegas la puede cantar Bunbury, una de Bunbury Vegas, una de Nacho Vegas él mismo, una de Bunbury él mismo. Pueden aparecer seguidas o salteadas. Hice la prueba e intenté acertar previamente de quién era cada canción. Hice una lista, escuché las canciones y le puse un nombrecito. Eterno Viajero me dijo que cada uno cantaba las del otro. No estás en lo cierto, querido amigo. Cuando repasé mi lista me encontré que acerté en casi todas mis predicciones. No es por fardar, pero es que la verdad, tienen estilos bastante reconocibles.

 

Como conclusión general creo que en sus canciones Nacho Vegas está más inspirado y sigue infatigable y continuista en su condición de “songwritter”. Creo que Bunbury sube el nivel con respecto a su último disco de estudio, “El viaje a ninguna parte”, y que mantiene una gran calidad compositiva, ojo, palpable en el sonido y aspecto musical sobre todo. Pero a mi juicio, Nacho Vegas le gana la partida, si es que alguna vez hubo alguna partida, claro. Y es que, sólo comparar “Días Extraños” con “El Rumbo de tus sueños” ya te hace una idea de las diferencias. Una, para mí, mágica e irrepetible, con un narrador cotidiano e implicado, trascendente, sentimental, dolido, finalmente hecho trizas. La otra más metafórica, bien envuelta pero con un lenguaje forzado, un lirismo barroco personal y poco transferible. Y así, en una batalla de autoría e intenciones, Vegas en ocasiones me encanta, Bunbury, sin embargo, me gusta. “La Pena o la nada”, “va a empezar a llover” o “el cazador” serían ejemplos válidos para el primer caso. “Secretos y mentiras”, “la espina dorsal del universo”, “Welcome to el callejón sin salida” o “De esclavitud y de cadenas” del segundo. Cuestión, supongo, de gustos personales. De hecho, en un podium con mis temas preferidos del disco, “Días extraños”, “va a empezar a llover” y “cazador” serían mis favoritos. Ninguno del aragonés.

 

En cuanto a lo musical, he de decir, que me satisfacen todas las influencias que se perciben en este disco y de las cuales presumen sus autores. Desde Tom Waits, a Leonard Cohen, Nick Cave, Dylan y algunos compositores clásicos, a grupos emblemáticos como The Velvet Underground y The Beatles, pasando por el country-rock o Folk clásico norteamericano. En lo instrumental, me parece una producción excelente, es un disco que suena cercano, que en su conjunto tiene sentido de obra y cuyos elementos parecen estratégicamente situados en cada ocasión. Y es que, para concluir, diría que Bunbury y Vegas dieron validez a eso de que la unión hace la fuerza, y lo hicieron, desde mi punto de vista, con un común denominador como base que sirve a la par para definir finalmente lo que ha resultado su proyecto: Buena música.

 

CD 1

1. Días extraños (Vegas)
2. Puta desagradecida (Bunbury)
3. Secretos y mentiras (Vegas)
4. No fue bueno, pero fue lo mejor (Bunbury)
5. Va a empezar a llover (Vegas)
6. Látex (Bunbury y Vegas)
7. La pena o la nada (Vegas)
8. Ahora (Bunbury)
9. Por la paz y la canción (Vegas)
10. Días extraños. Reprise. (Vegas, canta Bunbury)

CD 2

El rumbo de tus sueños (Bunbury)
Serie negra (Vegas)
Welcome to El Callejón Sin Salida (Bunbury)
Cazador (Vegas)
De esclavitud y cadenas (Bunbury)
Bravo (Luis Demetrio, canta Vegas)
En la espina dorsal del universo (Bunbury)
La fin (Vegas)
El tiempo de las cerezas (Bunbury)
El rumbo de tus sueños. Reprise. (Bunbury, canta Vegas)

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“Calles De Papel”, calles nostálgicas.
Andrew ZimmermanAndrew Zimmerman Andrew Zimmerman

Llega el otoño, días de reinicio vital. Siempre he creído que hay discos propicios para determinadas épocas del año. En estos días el cielo comenzará a nublarse paulatinamente, los barrios se teñiran de un color más grisáceo y el aire de la calle será más humedo, tendrá más vida. Cuando salgo de casa me gusta escuchar en mi mp3 alguna canción que me contagie su impulso rockero y que la identifique con la época en la que me encuentre.

"Calles De Papel" es el otoño. Sus canciones son como un charco de agua posterior a la lluvia, pura melancolía rockera, un baúl de nostalgia y sentimientos que dió forma a un disco que supuso un paso importante en la formación de la identidad de la banda de Reinosa, en La Fuga.

El cuarto trabajo en su discografía tuvo como novedad su aparición con la discográfica DRO, la que es hoy por hoy la gran abanderada del rock estatal. La Fuga llevaban ya años dando guerra en sellos más independientes y fichó por una de las grandes.

He de advertir que si no simpatizáis con La Fuga el disco no os va a gustar, ya que reúne todas las virtudes y defectos de la banda. Siempre se han caracterizado por sus letras de desamor, textos tristes aunque a su vez enérgicos, y en este disco vuelven a hacer gala de ellas. Los medios tiempos rockeros, sus oscuros riff de guitarra, sus influencias palpables (Platero y tu, Extremoduro), forjan un estilo ya reconocible por el público.

Quizás este disco es el más íntimo de todos los que tienen. También es cierto que casi todas las letras del disco tienen un cariz derrotista, cabizbajo. Miren si no:

"En Vela" nos habla de una mujer maltratada por las circunstancias de la vida, "Miguel" relata la historia de un vagabundo que muere, solitario, en las calles, "Mi Canción" trata la soledad propia de los artistas cuando duermen en los hoteles, "Las Musas" habla del síndrome de la hoja en blanco, "Los Lunes de Octubre" de la infelicidad, "Nunca Mais" del desastre de las costas gallegas, etc, etc, etc. Vamos, que mientras escuchamos el disco podemos ir afilando la cuchilla para cortarnos las venas.

Aún así, este es parte del encanto de La Fuga, que sin ser grandes letristas ni músicos virtuosos hacen sus discos con verdadero sentimiento, y con una valiente sinceridad.

Cuenta a su favor, con la presencia de Kutxi Romero (Marea) a la voz de "Los Lunes de Octubre", y con Fito Cabrales a las guitarras de la misma, dejando también su voz en "Sueños De Papel". Son dos caras clásicas de nuestro panorama rockero que dejaron su sello en dos colaboraciones muy conseguidas, que no sólo dinamizan el disco, sino que logran momentos de gran inspiración en este.

Calles De Papel no estará nunca entre los grandes discos del género, pero merece una detenida escucha. Lo he rescatado porque lo volví a escuchar después de mucho tiempo y lo asocié a esta época, a las frías tardes de otoño. Recordé momentos pasados, tiempos en los que la ilusión corría por todo mi cuerpo, soñé despierto con un viaje de hace años a Santander, con los trayectos en trenes, autobuses y aviones que hice no hace tanto, con viejos camaradas de juergas y diversión. También me hizo pensar en mi amigo Regue, que solía poner este disco en su coche. A él dedico esta nostálgica reseña.

Andrew Zimmerman

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