El viernes me las ingenié para aprovechar la mayor movilidad de mi nueva ciudad adoptiva, y adentrarme de lleno en el mundillo indie de la comunidad Valenciana, acogido por las guitarras de La Habitación Roja, grupo autóctono de la región, uno de los cabezas visibles del movimiento a escala nacional. Para establecer de puente entre mis últimas dos ciudades de residencia, apareció de artista invitado, y actuando en primer lugar, Sr. Chinarro, banda cuyo centro neurálgico y cabeza pensante se halla en Antonio Luque, curioso caballero, malabarista del surrealismo, la abstracción y el costumbrismo más pesimista. Heineken Space, se llamaba el evento.
Escenario abajo, aguardando pacientemente, se situaba la comunidad gafapasta de la ciudad. Parecían, muchos, sacados de un manual. Su americana, camiseta de algún grupo indie anglosajón, pantalones semicaídos, zapatillas Converse. La verdad es que para una sala con recursos técnicos correctos (el sonido no fue precisamente el acabose) y espacio limitado, la estructuración en plan "collums" que surgió por generación espontánea en el personal, resultó bastante efectivo. Se veía bien, y encima uno constaba de cierto espacio vital para estar en la segunda fila.
Del concierto de Sr. Chinarro, destacar que la puesta en escena era más eléctrica de lo imaginado (uno pensaba un concierto más "face to face") y que el grupo de músicos solventó con precisión el primer y gran escollo, trasladar ese mundo que parte de la cabeza de Antonio Luque con credibilidad al respetable. Lo consiguieron. Sonaron certeros, distantes, sobrios. Todo según el guión. Sr. Chinarro, contra todo pronóstico, no sólo no me aburrió sino que me picó el gusanillo de seguir más su mundo. Mis relación anterior con su obra se limitaba a un conocimiento notable de "El Fuego Amigo" y "Noséquénosécuántos", pero poco más. Algunas de "El mundo según…" y "La primera ópera envasada al vacío" también me sonaban. Para intentar, eso que dije antes de introducirme en ese peculiar universo, no queda más remedio que liberarse de estructura formales y lanzarse al absurdo, a un collage de frases que conforman una canción porque gozan de un continuismo sonoro, a instrumentos me refiero, pero poco más. El otro día, leía en www.commonpeoplemusic que al Sr. Chinarro uno recurre cuando ha agotado toda las vías formales de escuchar música. Cuando le apetece desorden, entropía, cuando uno quiere reírse del universo de asfalto sin salir de él. Bueno, realmente no lo dijeron así, pero por ahí iban los tiros.

Reviviendo el concierto, me pregunto qué proporción del público acertó con el modo de enfrentarse a su música, y a quién realmente le interesaba la actuación. Había un sector empeñado en, como diría, adaptar el interprete a un estilo más globalizado. Pedían canciones más formales, con su smoking y pajarita, con su camiseta de ir al trabajo, con estribillo y un par de estrofas. "No señores, no, que La Habitación Roja viene luego", pensé maliciosamente. Uno puede, en estos últimos tiempos debatir si ese giro "J" que emprendió con "El Fuego amigo" y del que aún se escuchan ecos en su último trabajo es acertado o no, si es mejor o peor que el barroquismo de antaño, yo personalmente creo que le da cierto puntillo, pero no puedes querer dotar de estructuras formales a una fórmula ya de por sí anárquica, es como querer atrapar el viento. Se te escapa.
Después del buen trabajo de la primera banda, me enfrenté por primera vez, a un concierto de La Habitación Roja. La zona delantera se repletó de individuos que vestían "poppie". Debí advertir que ese quizás fuera el momento de ocupar una plaza más alejada del escenario. Después salió el grupo con sobredosis de energía, tocando y distorsionando mucho el sonido, que a veces parecía tambalearse. La banda que a veces he definido, como de dientes de sierra, por eso de sus tremendas bajadas y subidas (lo mismo te hace un muy buen disco que uno sonrojante), destiló saber hacer. He de reconocer, que puede gustar más o menos, ñoños o diferentes, pero La Habitación Roja sonó profesional y personal, algo de lo que adolecen muchos grupos en la actualidad. De su repertorio, poquísimos clásicos del grupo y un altísimo porcentaje de canciones de sus dos últimos trabajos, "Nuevos tiempos" y "Cuando ya no quede nada", si consideramos ese "Dirán que todo fue un sueño" como un disco de Caras B. Lo cierto es que la media de edad del respetable, gente muy joven, provocó que el Set List tuviera una gran acogida, algo contrapuesto a mi sentir particular.
El concierto en sí, bien ejecutado y divertido, en lo personal vino condicionado por algunos efectos secundarios. Un poppi de manual, con americana, gafapastas y Converse, cantaba siempre de espaldas al escenario a viva voz, como si en la entrada en vez "La Habitación Roja" pusiera su nombre o algo así. El chico se desgañitaba y abrazaba a sus amigos con euforia desmedida, aún a riesgo de provocarles alguna lesión inoportunas. A veces acompañaba su cante jondo con un "son los putos amos" o "ufff, impresionante". Uno de sus amigos, se situaba codo con codo con un servidor, y pese a que no interrumpía la enorme actuación de su compañero, optó por imitar a un muelle y botar durante toda la noche, aunque la canción incitara justamente a lo contrario. Lo peor fue que no se limitaba sólo a su terreno, sino que iba lado a lado y sin controlar sus apoyos, cómo si se tratara de una ondamanía de esas que vendían en mi infancia, y golpeó hasta un total de seis veces mi dedo meñique del pie, provocándome las consiguientes molestias. Su último pisotón superó el grado diez de la escala Richter y entonces pensé en emular a Mike Tyson y propinarle un gancho de derechas, o bien arrancarle la oreja de un mordisco, pero finalmente opté por desplazarme mucho más a la derecha y perder mi puesto de privilegio. De la pandilla en cuestión, aún quedan otros dos chicos, que juntos, se situaban en primera fila. Amenazaron, en cada canción con ruidosas guitarras, un 95%, con saltar la valla y subirse al escenario, pero nunca daban el salto definitivo. Se movían más violentamente que sus otros dos amigos, como si se tratara de fans de Soziedad Alcohólica, lo cual provocó alguna mirada descontenta por parte de la chica que se situaba casi contigua a ellos. Ni siquiera se percataron. Sirva por descontado que creo que los conciertos hay que disfrutarlo al máximo y bailar, chillar y aplaudir todo lo que uno quiera intentando no importunar al de al lado. Pero la situación, no se, cantaba un poco. O al menos eso me dio la impresión.

A todo esto, a La Habitación Roja se les vio disfrutar en el escenario. Y eso se contagió. Creo que en general, el respetable se fue con buen sabor de boca a casa. Por cierto, ¿De dónde han sacado a ese bajista? Sinceramente, bochornoso y esperpéntico espectáculo lleno de posturas, caritas, gestos de cara a la galería y actitud chulesca más propia de un imitador de los Gallagher que de un bajista profesional. Otro punto negativo fue el que tuvo Pau cuando mostraron el disco de vinilo con el que celebran sus diez años en la carretera. "Ahora sólo nos queda hacer un disco de Flamenco". Eso, acompañado de "El nuevo disco de Los Planetas es un tostón" que soltó en un periódico gratuito nacional esa misma mañana, pues da a entender cierta envidia intrínseca o por lo menos una mala convivencia con el tema. Para empezar respeto, que son compañeros de profesión. Y para seguir humildad. Que más quisiera para ellos La Habitación Roja, el repertorio y la repercusión a todos los niveles que gozan los granadinos. Por cierto, que en este último disco, Los Planetas ganan por goleada. Siguiendo con símiles futbolísticos, es como si Diarra se mete con Xavi. Uno será un buen trabajador, constante y capaz de hacer cosas con profesionalidad, pero el otro tiene magia, ese don, talento.
Ah, y al acabar el concierto Jorge y Pau se acercaron a hablar con la gente, firmarles y escucharles. Siempre con una sonrisa en la boca y de muy buen rollo. Lo cual es de agradecer. Así, el concierto se terminó, y viví en primera persona un ejemplo muy significativo de dos vertientes diferentes del movimiento indie patrio. Hecha la radiografía, saquen ustedes las conclusiones.
Scriers.














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