En cierta ocasión le preguntaron a Woody Allen que porqué no hacía un cine más específico, como por ejemplo algo centrado en un hecho histórico concreto. Respondió que a él le interesaban temas más genéricos, esas cuestiones que siempre han preocupado a nuestra sociedad, interrogantes que nos acompañarán por mucho tiempo inherentes a la condición humana. Son sus preferencias, sus inquietudes, y en ellas se encuentra inmerso.
Con Conocerás Al Hombre De Tus Sueños, Allen sigue urgando en las contradicciones vitales que nos inquietan, esta vez parodiando con acidez el devenir de una familia acomodada cuya estabilidad se tambalea. Vuelve a optar por un reparto coral para un relato que no admite tregua, que persigue el interés de sus protagonistas sin preocuparse en cuantos giros de tuerca tenga que dar para decirnos aquello que pretende. En este sentido, nada nuevo para los que conocemos el cine del newyorkino. Lo que si sorprende es que Allen haya jugado con el destino de sus personajes de una manera tan cruel, tan ingrata. Aunque aliviados por su característico toque de humor fino, Allen no deja títere con cabeza y amonesta la inmadurez del que se resiste a envejecer, al perezoso con ansias de reconocimiento, quien no acepta la verdad aunque esta le mire directamente a los ojos o a la incapaz de reordenar sus prioridades sin egoismo. Juega así con nuestras dudas como maquieavélico titiritero y nos reserva un manjar agrio en un epílogo desolador.
Comprobamos también, que Allen sigue hilando fino en sus casting. En su reparto de lujo, podemos medir la grandeza de actores como Hopkins o Banderas, que secundando a una inmensa Naomi Watts (ojo a la filmografía que se está labrando esta mujer), asumen con naturalidad el ritmo marca de la casa de Allen.
Por todo ello, no puedo sino aplaudir una vez más la constancia de este señor, que nos guarda anualmente una ración de cine de indudable lucidez a pesar de encontrarse al borde de los 75 años. Le perdono que ya en la recta final de su carrera se haya vuelto más melodramático, pues es una tendencia lógica a su edad. Al fin y al cabo, ya no importan tanto la eficacia de sus gags como el mensaje final de esta película para el recuerdo, un brillantísimo ensayo sobre la infelicidad humana. O lo que es lo mismo, su enésima obra maestra.














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